Falta de inclusión social deprime a adultos mayores

Las experiencias individuales como la jubilación, la pérdida del cónyuge o el abandono de los hijos, aunado a la inactividad, son algunos de los detonantes de estos padecimientos.
Buscar a las personas con las que estaba distanciado es uno de los síntomas de la depresión.
Buscar a las personas con las que estaba distanciado es uno de los síntomas de la depresión. (Cuartoscuro)

Monterrey

Al llegar a la vejez, la probabilidad de que una persona caiga en depresión es 14 veces más alta. Se trata de un problema común y los factores son diversos; sin embargo, no debe normalizarse.

Así lo manifiestan especialistas en geriatría y salud mental, quienes coinciden en que gran parte del conflicto que aqueja a los adultos mayores es propiciado más por la falta de políticas públicas en el tema y la falta de inclusión que por una cuestión de salud.

En entrevista, Juan José Roque Segovia, director del área de Salud Mental y Adicciones en la Secretaría de Salud del estado, señala que los trastornos más recurrentes entre la población de la tercera edad son la depresión y la ansiedad.

Experiencias individuales como la jubilación, la pérdida del cónyuge o el abandono de los hijos, aunado a la inactividad y la involución física propia de la edad, son algunos de los detonantes de estos padecimientos.

No obstante, el experto considera que el factor principal es la falta de inclusión social y laboral derivada de la ausencia de leyes orientadas al adulto mayor.

“Hay sociedades que sí se preparan para que el adulto mayor se siga desarrollando, y es común ver gente mayor laborando o haciendo cosas recreativas. Pero en México se da una especie de estancamiento”, afirma.

Algunas enfermedades propias de la edad pueden causar que se dejen de producir ciertas hormonas, lo cual a su vez potencia la depresión y ansiedad.

Al mismo tiempo, estos trastornos podrían provocar alteraciones en la fisiología, desencadenando padecimientos físicos.

“Dentro de un hospital, casi el 80 por ciento de los pacientes tiene una enfermedad mental producto de ese desorden médico”, apunta.

En su portal de internet, el Instituto Mexicano del Seguro Social enumera algunos síntomas para detectar depresión en un anciano: buscar a personas con las que estaba distanciado, suspensión de tratamientos médicos, menos socialización, carácter irritable, indiferencia ante situaciones que habitualmente disfrutaba o le afectaban, llanto frecuente, así como dormir más y comer menos.

Raymundo Arróyave Rodríguez, coordinador de la Maestría en Gerontología en el Centro Cultural Lumen, insiste en que no es un problema de salud, sino social.

Asegura que, además, desde el Comité Técnico de Atención a Adultos Mayores y Personas con Discapacidad del Estado, se están impulsando políticas públicas para favorecer la inclusión.

Los especialistas creen que aunque existen más posibilidades de desarrollar dichos trastornos en la vejez, los casos no se disparan en esta etapa de la vida. En el país, según la Asociación Psiquiátrica Mexicana, la depresión está presente en el 3.3 por ciento de la población.