Un incansable luchador desde la educación

Hoy concluye Juan Luis Orozco Hernández su periodo como rector del ITESO, un sexenio en el que se abocó a mejorar los programas académicos e incrementar los apoyoseconómicos a más estudiantes.
Juan Luis Orozco Hernández, SJ, rector del ITESO
Juan Luis Orozco Hernández, SJ, rector del ITESO (Especial)

Guadalajara

Sonriente y afable, desde la que es por últimos instantes su oficina, Juan Luis Orozco Hernández, SJ, ve culminar su periodo de seis años (2008-2014) como rector del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), la universidad jesuita en Guadalajara. Asegura que no trabajará en el cargo ni una hora menos ni una más, luego de que esta noche entregue la estafeta a su sucesor. Pero lo hará hasta el último minuto. 

A este tapatío (Guadalajara, 1948), le tocó encabezar un rectorado en un momento histórico, crucial para México y Jalisco, y asistir a una generación de jóvenes que dejarán huella. Se despide consciente del movimiento social despertado tras la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, tragedia a la que los alumnos del ITESO no fueron ajenos, la que a su juicio evidencia la impunidad y corrupción en el país, y a un modelo político que ya se agotó. “Los jóvenes están despertando, hartos de esta sociedad que en buena medida les hemos dejado los adultos… La universidad hizo su paro activo (por Ayotzinapa) y debo reconocer que quienes tomaron la iniciativa, quienes hicieron la organización fundamental, quienes empujaron y en algunos momentos obligaron al rector, fueron los alumnos”, admite el sacerdote.

Tras ordenarse sacerdote (1978) fue profesor, decano y luego rector del Instituto Libre, su lucha ha sido siempre desde la educación. El hoy doctor en  Economía, se desempeñó en el Instituto Libre de Filosofía y Ciencias en Guadalajara, donde se formaban los jesuitas, y luego fue nombrado director de un colegio, el Instituto Lux en León, Guanajuato. Después llegó al cargo de Superior Provincial de la Compañía de Jesús en México, el de más alto rango en la
orden, que asumió durante siete años, uno más de lo usual. Al concluir fue designado como décimo segundo rector del ITESO.

Orozco no oculta su cariño por el ITESO. Deja ahora una universidad muy distinta a la que él mismo estudió a fines de los años sesenta del siglo pasado. “Me siento contento. No porque me voy, sino por lo que me tocó trabajar, por lo que me tocó hacer. En general satisfecho, no por mí, por lo que hicimos.

Creció la institución, tiene mucha más presencia social y de aporte a la sociedad regional”, dice, tras añadir “no hice todo perfecto, pero hice todo lo que
pude, trabajé muy a gusto”.

Destaca de su periodo como rector el “fortalecimiento” de la universidad, para lo cual se abocó a mejorar los programas académicos, a abrir nuevas carreras, a reorientar otras, a contar con nueva infraestructura y a incrementar los apoyos económicos para los alumnos, que hoy reciben 40 por ciento
de la población estudiantil, y en seis años pasaron de 175 a 275 mdp. “No es fácil traer 2 mil alumnos nuevos cada año, de entrada es la universidad privada con más ingresos en Guadalajara”, subraya.

Alumnos a los que se impulsa bajo el proyecto educativo de la Compañía de Jesús, inculcando la fraternidad, el respeto, la responsabilidad, el espíritu
crítico. A propósito abre un paréntesis para contar el éxito de los Proyectos de Aplicación Profesional (PAPS), hoy cerca de 200, que estudiantes y maestros desarrollan en ámbitos diversos, especialmente en zonas deprimidas.

“La universidad puede aportar  mucha riqueza, mucho conocimiento… hablar por los que no tienen voz”, opina. A los itesianos, de quienes se despidió hace
unas horas a través la página de Facebook de la universidad, les recuerda que “el egresado del ITESO no está llamado a ser masa, sino a ser fermento, y a ser responsable de esa condición de ser fermento de una nueva sociedad”.