Ante necesidad de un hospital crean Ladridos con Alas

Héctor y Bárbara lo fundaron y atienden a los animales desde hace 3 años. Está ubicado en Gómez Palacio y señalan que la labor de un rescatista es a base de amor y servicio.
Héctor y Bárbara comparten su amor por los animales por lo que crearon un hospital - albergue en Gómez Palacio.
Héctor y Bárbara comparten su amor por los animales por lo que crearon un hospital - albergue en Gómez Palacio. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

 Cuando estaba en la preparatoria, Héctor Fernando Valenzuela fue a dar a la cárcel. El motivo fue que agarró a golpes a tres muchachos que colgaron a un gato del cableado eléctrico.

Como Héctor no pudo bajarlo, el felino al final murió. El joven no se quedó con las ganas y arremetió contra los agresores. En lugar de que ellos fueran a la cárcel, el que se pasó una noche encerrado fue él, que intentó rescatar al gato.

Este joven de 32 años y Bárbara Gutiérrez de 24, son pareja y se conocieron en el ámbito de los rescates de animales. Entre ambos fundaron y atienden el hospital y albergue Ladridos con Alas, ubicado en Ignacio Ramírez 350 oriente de Gómez Palacio, desde hace tres años.

Desde que tenía cinco años trabajaba con su papá, el veterinario Héctor René Valenzuela. En su caso, se percató de que mucha gente no podía financiar servicios médicos para sus mascotas.

Necesidad de un hospital

A ambos, desde niños les encantan los animales y estuvieron colaborando antes de Ladridos con Alas, en diferentes albergues y organismos de protección.

Ellos vieron la necesidad de contar con un hospital para los perros o gatos, que son recogidos de la calle atropellados, maltratados, vejados, violados, quemados o baleados.

Las cosas que la gente les hace a los animales sin dueño son inverosímiles, al punto de que muchas veces realmente es increíble en primera instancia que sucedan y, posteriormente, que muchos de ellos logren sobrevivir.

A los que están muy mal, es necesario aplicarles la eutanasia para que no sufran. Pero a todos les hacen la lucha e indican que son muy pocos los que no logran sobrevivir.

Atienden básicamente a perros, pero no dudan en recibir a felinos que también requieran ayuda, teniendo en este momento 30 canes que atender, alimentar, vacunar, medicar, a los que hay que limpiarles y con quienes tienen que hacer labor de que recuperen la confianza en los seres humanos, para poderlos poner en adopción.

Incrementa número de animales en abandono

"Cada vez son más perros abandonados, atropellados, que sufren y que nadie los atiende", señala Bárbara, agregando que ahora con el incremento en el costo de las croquetas, esperan que el abandono se incremente, lo cual ya comenzaron a resentir.

La labor del rescatista no tiene horario. Es una vocación de amor y servicio, que implica el hecho de que prácticamente todos los que salvan a algún animal, tengan que poner de su bolsa.

En el Hospital y Albergue tienen una tiendita de artículos para mascotas, cuentan con servicios veterinarios y de esta forma y con otras actividades, solventan los gastos que generan sus rescatados que llegan graves y en situación vulnerable.

"También buscamos que la gente que rescata, tenga un compromiso. Nosotros absorbemos la mitad del gasto, siempre a bajo costo", pues lo principal es el bienestar de los animales.

Graves casos de maltrato

Al preguntarle a Héctor sobre los peores casos que ha visto, indica que son muchos. Uno de ellos, el de un perro que tenía una varilla clavada en el abdomen y que tuvo que ser dormido porque sus agresores lo lastimaron mucho.

Entre Bárbara y Héctor recuerdan a Lucky, que fue llevado por unos jóvenes que dijeron se iban a responsabilizar pero no lo hicieron. El perrito tenía un balazo en una pata y dos perdigones de postas en el torso. Se salvó.

Para Bárbara, lo más grave que llegó a ver, fue a una persona que iba en un auto por el Periférico y que se detuvo brevemente a la altura de la Juárez, arrojando a un pequeño French Poodle. Ella se detuvo y lo recogió.

No pudo alcanzar a quienes tiraron a Pipo, como lo llamaron. Pero ahora vive feliz en un hogar.

"El hecho de que no te gusten los animales no te da derecho a maltratarlo. También sufren, sienten y respiran. Si se cruza en tu camino, no lo dañes aunque no te guste, déjalo seguir, a lo mejor luego se encuentra con alguien que sí lo va a ayudar a tener un hogar", concluye.