"Donde quiera uno le puede rezar a Dios"

El hondureño Juan Vázquez se bajó del tren para recolectar algunos pesos para comer, bañarse en un río, y posteriormente continuará su camino hacia Estados Unidos.
Juan Vázquez busca el "sueño americano".
Juan Vázquez busca el "sueño americano". (Syndy García)

Monterrey

Ha sido deportado dos veces de Estados Unidos, pero Juan Vázquez insiste en llegar “al otro lado” para obtener un empleo.

En Honduras, su lugar natal, dice que no hay recursos para vivir. La pobreza les ha obligado a buscar el llamado “sueño americano” para ganar más que lo que pagan en su país.

Sabe que es Semana Santa y que mucha gente acude a las iglesias, pero Vázquez confía en que Dios está en todos lados y no necesita ir a un templo para orar.

“Solo sé que es la Semana Santa, pero a cómo me ves ahorita, así la paso”, refiere, “ir a la Iglesia es bueno, pero yo no he ido, como quiera dicen que no es necesario presentarse hasta donde está la iglesia, ¿no?, donde quiera uno le puede rezar a Dios. Dios está en todas partes”.

Juan decidió parar unos días en el cruce de las avenidas Aaron Sáenz Garza y el Bulevard Antonio L. Rodríguez, bajo un puente, y cerca del río Santa Catarina, en el municipio de Monterrey.

Portando una gorra en color azul, con la frase “Ugo Ruiz, alcalde de San Pedro”, la cual dice, le regalaron, menciona que hace unos días decidió bajar del tren en este punto para tomarse un baño en el cauce de Santa Catarina y aprovechar para pedir unos cuantos pesos para comer y continuar con su viaje.

“Es difícil, porque muchos se quedan en el camino porque venimos en el puro tren”, cuenta, “me he topado a veces que encontramos el cuerpo así con los puros huesos donde se mueren porque no tienen qué comer. Lo único que siempre queda ‘vivo’ son sus cabellos, a esos nunca les pasa nada”.

La primera vez que viajó a Estados Unidos fue a los 18 años, tuvo suerte hasta llegar a Arizona, pero a las pocas horas lo descubrieron.

Lo volvió a intentar a los 22, trabajó ocho meses en Florida, pero la Policía migratoria lo detuvo y lo mandó de regreso a Honduras.

“Trabajaba en la construcción en la teja. Mi familia se quedó en Honduras, mi mamá, mi papá, mis hermanos”.

Ahora tiene 25 años y lleva unos 70 días de viaje con dos cambios de ropa. Insiste en que tiene que cruzar la frontera de México hacia los Estados Unidos para cumplir su plan.

En medio de la Semana Santa y las campañas políticas, al menos otros cuatro migrantes en el mismo cruce yacen por días hasta descansar, tomar algo de dinero, para luego continuar su camino. Ellos no son votantes, no van a la Iglesia, pero sí buscan qué comer y dónde dormir.