Hay una historia detrás de quienes piden información

Cuenta Fernanda, quien daba información en la Central de Autobuses.
No sólo se acercaban al módulo quienes necesitaban información sino curiosos también.
No sólo se acercaban al módulo quienes necesitaban información sino curiosos también. (Archivo)

Pachuca

Fernanda Hernández trabajó por más de dos meses en un módulo del Programa Paisano, ahí conoció a muchas personas que van de paso.

Según cuenta, el mayor miedo que tienen es la inseguridad, que se topen con alguien que los quiera extorsionar, o peor, hasta matar.

Para esta mujer que vive en la línea entre la tercera y cuarta década (prefiere omitir su verdadera edad) estar en un módulo es una tarea complicada, entre el aburrimiento de largos periodos de inactividad y estar lidiando con personas que no entienden a la primera.

“Lo malo es que aquí (en la Central de Autobuses) no hay mucho que hacer cuando no llega nadie. En la época de vacaciones pasa mucha gente, pero la mayoría ni se da cuenta del módulo, y quienes sí, lo ignoran en su mayoría”, señala.

Más tarde que temprano llegan los necesitados de información, también los curiosos, que al menos para saber de qué se trata el Programa Paisano hacen un poco de plática con los encargados del módulo, lo cual a ellos los libra del tedio del día tras los largos espacios en donde no se da atención.

“Primero se acercan a leer los anuncios que hay, luego, uno que otro pregunta quiénes somos y ahí le dices que gente que asesora a los migrantes. En verdad hay gente que no sabe mucho de esto, pero quienes sí son los que vienen año con año”, platicó quien ya entrados en confianza dice que le gusta que le digan Fer.

Entre folletos y papeles informativos sobre el programa, está mujer de tez morena, y con una estatura de 1.60 metros, no muy alta cuando no usa tacones, pero con una cara que invita a la plática.

“La cosa cambia cuando llegan las personas que en realidad necesitan información, que no preguntan por curiosidad sino porque tienen un familiar que llega para pasar las fiestas decembrinas pero no saben por dónde pasar desde el norte hasta acá”.

No se trata de saberlo todo, sino de conocer cómo tratar a la gente, comentó la mujer, pues hay quienes captan a la primera, hay a quienes se les debe de repetir una y otra vez la información, y otros que les gana la desesperación dependiendo su situación personal.

“Me acuerdo mucho de una señora, ya estaba grande, no sé si era medio sorda o por qué le tenía que repetir varias veces. El chiste es que nos dijo que su hijo venía de ‘allá’ pero ella tenía miedo por todo lo que pasa en el norte. Que si los narcos, que si los asaltantes, hasta le tenía miedo a los policías ya que según ella a sus sobrinos les quitaron 500 dólares el año pasado”, dijo.

“Tarde un rato en hacerla comprender que no había problema, que me dijera por donde venía y yo le recomendaría la zona más segura, pero ahí se hizo bolas, que venía de California pero que pasaría por Huejutla. Imagínense, darle la vuelta al país, más bien debía llegar por el otro lado”, señaló la señora Hernández.

“Otra vez llegó un señor, creo que se llamaba Rodrigo o Rodolfo, no sé, pero el chiste es que quería saber dónde cambiar sus dólares porque de una vez quería comprar sus regalos para Navidad. Estaba muy alegre, me contó cómo se había ido hace un par de años pal’ otro lado, todavía Fox era presidente me acuerdo, y ahora quería ver a su familia en el Valle del Mezquital”, sonríe la encargada del módulo.

Pero no todas las historias son bonitas o inocentes, hay otras que entre el coraje o la indignación hacen surgir una voz más fuerte a la mujer, esto por la impotencia de saber que hay gente mala que abusa de quienes buscan una forma honesta de ganarse la vida día a día.

“Hubo una vez que platicando con unos chavos, bueno les digo chavos pero ya veían grandecitos, me platicaron cómo unos tipos los quisieron extorsionar en una central camionera del norte, no me acuerdo bien, pero dizque eran policías encubiertos.

“Los tipejos esos les querían quitar la mitad de su dinero, porque según alguien los acusaba de traer droga, pero uno se puso buzo y le habló a uno de seguridad; los otros fulanos se echaron a correr y nada pasó. Bueno, eso me dijeron, pero a mí se me hace que sí les quitaron una lana”, finalizó la mujer con una sonrisa en la boca.