“Para hacer humor hay que sentir la vida con su amargura”

Pese a que trabajó en la industria del doblaje durante décadas y tuvo un papel secundario en La criada bien criada con María Victoria, El Tata Arvizu era un durísimo crítico del capitalismo.
Jorge Arvizu El Tata.
Jorge Arvizu El Tata. (Notimex)

México

La madrugada del martes 18 de marzo  falleció a los 81 años el actor mexicano  Jorge Arvizu, quien destacó en el área del doblaje donde hizo gran cantidad de voces. Mi cita con él fue hace tiempo en el edificio Vizcaya de Bucareli, donde una amiga nos invitó a su estudio. El Tata llegó puntual, con su humor negrísimo y su carácter avinagrado, tras subir tres pisos por culpa de una falla del elevador. De inmediato supimos que a quien escoltábamos poco tenía en común con el dulce personaje del anciano que lo hizo famoso en televisión.

Luego que el fotógrafo se despachara con una sesión donde Arvizu, fiel a su estilo, improvisó en algunas tomas, El Tata charló con Rafael Tonatiuh y un servidor. Pronto salió a relucir su particular visión del mundo: “Unos pocos dictan lo que va a suceder en este planeta, los demás obedecemos, incluyendo los caballos, las torres, los alfiles y la peonada que somos todos”. Tales ideas lo acercarían después a las posiciones políticas de Andrés Manuel López Obrador, a quien apoyó en sus campañas electorales: “Si todo mundo trabajara solo cuatro horas por semana, el tiempo sobrante lo usaríamos para inventar nuevas artes y a estas alturas el hombre habría aprendido a volar”, decía convencido.

Pese a que trabajó en la industria del doblaje durante décadas y tuvo un papel secundario en La criada biencriada con María Victoria, El Tata Arvizu era un durísimo crítico del capitalismo: “Si alguien tiene un resquicio de libre pensamiento se lo quitan pronto con seis o siete horas de discoteca con los decibeles al máximo. Los jóvenes sienten que no valen nada y a los 30 se quieren suicidar. Eso hace contigo este sistema neoliberal hijo de su neoliberal madre”, apuntaba un poco enfurecido frente a quienes crecieron viendo las caricaturas a las que prestaba voz.

En una entrevista, Lolita Ayala le preguntó si no se arrepentía por no haber estudiado una carrera universitaria. Le respondió: “Si hubiera ido a la universidad estaría como ustedes… es decir, bien educadito”. Cuando lo invitaban a universidades como La Salle y el Tec de Monterrey, se soltaba diciéndoles “sus verdades” a los alumnos: “Ustedes nada más están viendo como joder al prójimo, no piensan en el bien común”. Los alumnos lo abucheaban y los rectores en turno recibían regaños del menudito actor: “Los alumnos están enfermos y no son asesinos por miedosos, pero su mentalidad de abusivos, fornicadores y violadores nadie se las quita”.

“Para hacer humor primero hay que sentir la vida con toda su amargura y sabiduría; la gente cree que es fácil hacerse el chistoso, pero no lo es y en estos tiempos mucho menos, pues abruma el egoísmo, las ansias de poder, nepotismo, prepotencia y pobreza intelectual de los que controlan el mundo”, pontificaba El Tatita ante la sorpresa de sus entrevistadores, que no se atrevían a cuestionarlo y preferían dejarlo hablar.

“De niño, mis juguetes eran corcholatas, tornillos y pequeños pedazos de cartón. Agarraba una piedra y era una nave; una bujía era la nave rival, desde una maltratada barda de adobe miraba galaxias y mundos por descubrir”, nos decía sobre sus recuerdos de infancia.

Aunque realizó algunos papeles aislados como Ramón de Cars, Jorge Arvizu, quien le dio voz a personajes como Benito Bodoque y Cucho, de la serie Don Gato, terminó decepcionado con el reacomodo de las empresas de doblaje que le quitaron la preponderancia a la filial de Televisa: “Dejé de hacer doblaje porque se volvió una maquiladora. La inventiva y la capacidad de antes ahora son un estorbo”, reclamaba furioso. El Tatanarró cómo llegó a superar a las voces originales “porque no me gustaba el qué o el cómo lo decían. Al Superagente 86 le metía chiste de mi cosecha, nunca respetaba el argumento. A Cucho se me ocurrió ponerle acento yucateco y a Benito le agudicé el tono ya que la voz original era muy grave y alejada de lo tierno del personaje. Amaba mi profesión”.

Pero quizás el mayor logro de las puntadas del Tata sea el haber cambiado el “What's up, doc?”, que el genio Mel Blanc apuntaló como muletilla del conejo Bugs Bunny, por el filosófico “¿Qué hay de nuevo, viejo?”, con que siempre saludó Bugs en la versión en castellano. “Blanc era un chipocludo pero yo lo superaba pues nunca utilicé pitch (en el audio) en mis voces, como él lo hacía; yo lo que utilizaba eran los alimentos espirituales con que nos provee el campo mexicano que… bueno ustedes saben”, nos dijo contribuyendo al rumor de que se usaban sustancias prohibidas en las cabinas de grabación.

Durante la entrevista, el actor nacido en Celaya, Guanajuato, arremetió contra los políticos todos, contra el PRI, contra los abogados y todos quienes tuvieran que ver con el andamiaje de lo que él consideraba: “las dañinas 300 familias que aspiran a salir en Forbes”.

El final, sin embargo, volvió inesperadamente a lo suyo, el humor.

¿Y tiene tatuajes, Tata? —preguntamos nomás por no dejar.

—¿Tatuajes? Sí, tengo uno en el miembro que dice “Recuco” si estoy tranquilo. Pero si me excito
se puede leer claramente “Recuerdos de Ixtapa, Zihuatanejo, México”.

Ese fue El Tata, genio y figura, hasta el pasado martes.