[Historia] La güera del atole

Según cuentan las mujeres que eran niñas en esa época, a la hora del cambio de turno en las minas, los caminos que las conectaban con Pachuca se llenaban de vendedoras de atole, tamales y cuanto ...

Pachuca

Entre los viejos de Pachuca hay la memoria de muchos incidentes trágicos en la zona minera. A principios del siglo pasado hubo una mala racha de accidentes en los caminos que llevaban a los tiros donde cada día pasaban cientos de trabajadores.

Según cuentan las mujeres que eran niñas en esa época, a la hora del cambio de turno en las minas, los caminos que las conectaban con Pachuca se llenaban de vendedoras de atole, tamales y cuanto antojito mexicano se les pudiera ocurrir.

Cierto día, llegó una dama con un puesto nuevo. Más que por su sazón, esta mujer llamó poderosamente la atención por su belleza y coquetería; de tez blanca, cabello rubio, ojos verdes y cuerpo bien formado generaba la envidia de otras féminas, mientras que entre los varones les generaba deseos carnales.

Junto a su llegada comenzaron las muertes, pero no eran cualquier tipo de fallecimientos. Diario aparecían cuerpos destazados en los alrededores; para las autoridades eran accidentes, para los lugareños se trataba de algo más.

Entre los muertos, el último registrado, está Juan. Hombre medio libidinoso, medio trabajador, era cliente frecuente de la güera de los tamales. Un día parecía ser el de su suerte, pues al salir del turno nocturno el minero pasó a comprar su atole para desayunar.

"Oye Juan, me puedes ayudar a desmontar el puesto" le dijo la güera muy coqueta al minero, quien sin la menor duda aceptó, anquen esto significara quedarse hasta el último.

Tras esperar un buen rato, Juan acompañó a la muchacha por los caminos ya solitarios rumbo a Pachuca, donde de nuevo recibió una propuesta de la güera. "Oye, no quieres tu premio por ser tan amable. Ven, nos vamos a divertir", dijo la chica aún más coqueta mientras jalaba al hombre a los árboles; él, como muñeco de trapo.

Ya solos entre la vegetación la güera se convirtió en un monstruo: su apariencia era la de un macho cabrío. El resto de la historia es obvia, la bestia atacó ferozmente al pobre de Juan quien acabó destrozado, al igual que sus otros compañeros.