Un gemelo de Rayo McQueen en Guadalajara

La réplica del coche de dibujos animados fue construido por Salvador Rojas, quien ahora lo usa para apoyar a albergues infantiles.

Guadalajara

A Salvador Rojas Joya le gustan los autos, nada inusual en un hombre, a no ser porque entre motores uno despertó particularmente su interés: Rayo McQueen, el coche de dibujos animados de Pixar –ahora Disney- que él replicó en su totalidad al tamaño de un carro de carrera verdadero, con el cual hoy da exhibiciones. Todo lo que recauda lo dona a albergues infantiles y asociaciones de asistencia social.

Salvador comparte que replicó el carro rojo con el número 95 por su nieto, el mayor de los dos varones y cinco mujeres que conforman su descendencia.

“Cuando el niño tenía un año y medio, dos años, empezó con una enfermedad chiquita de los bronquios, y no quería comer y cosas así. Entonces yo para motivarlo, aparte de que le gustan los autos, yo le dije te voy a regalar un Rayo. –¿De veras abuelito? Sí”, narra este apasionado de los autos de carrera, mundo al que lo acercó su padre, también siendo niño.

“Soy piloto de pruebas, soy diseñador gráfico industrial, e hecho algunos otros trabajos con automóviles, he diseñado algunas piezas y otro tipo de autos y la idea de esto es que sea un vehículo portador de sueños, de alegrías y de sonrisas para los niños que no tienen oportunidad de ver el original. Este auto lo dedico a que trabaje y genere un poquito de alegría a estas personitas que están en casas hogar, en asilos e instituciones en las cuales no tienen el momento para estar con un auto de este tipo”, dice.

Construir al carro, que bautizó como Rayo, el maquilador de sonrisas, le tomó tres años y medio. Lo hizo totalmente a mano. Desde los bocetos hasta la última tuerca. Sin molde, ni manual y sin intención de fabricarlos, como cuenta alguien le insinuó alguna vez. “Este carro es único e irrepetible, no se vuelve a hacer. Esos tres años y medio fueron de sacrificio físico y económico y con muchísimo gusto aquí está el resultado. Me llena de satisfacción ver las sonrisas de los niños”.

Con este Rayo tapatío, los niños se toman fotografías y contribuyen la causa de apoyar a otros que no tienen el privilegio de estar cerca de un auto como el Rayo McQueen verdadero. Salvador Rojas dice que la satisfacción no tiene precio. Y él gana porque disfruta ver a sus nietos que le hablan y lo acarician; lo mismo que otros niños. Cuenta conmovido que así pasó en la Casa Hogar Cabañas, donde el Rayo acudió de visita: “Dos niños no se despegaban del auto, le platicaban, le acariciaban y le decían ‘yo soy tu amigo, que bueno que viniste a verme’… los escuchas en su mundo infantil, híjole y la piel se te pone chinita”.

Con su Rayo, Salvador sin duda alegra y arranca gestos de admiración a niños, pero también adultos que esta vez le miran dar vueltas con el campeón, en el estacionamiento de un centro comercial en Zapopan.

Los niños se acercan al carro Rayo, lo saludan y es tan igual al McQueen de la película que seguro sí habla… a aquellos que escuchan con el oído de la inocencia.