“Su futuro parece tan normal como el de cualquier niño...”

Hace contacto visual con la gente que lo rodea de tal forma que es imposible enojarse con él, genera empatía...
Elena Monroy Tolentino: “no ha sido nada fácil”.
Elena Monroy Tolentino: “no ha sido nada fácil”. (Arturo González)

Pachuca

Son cuatro años desde que al pequeño Guillermo G. M. le diagnosticaron autismo. Desde entonces su vida ha cambiado, a veces para bien y a veces para mal, pero para su mamá el balance final es positivo.

Con una hiperactividad que en otros casos se podría considerar molesta, Memo parece feliz de que su futuro parece tan normal como el de cualquier niño de seis años.

Este tiempo ha sido complicado para su mamá, la señora Elena Monroy Tolentino, quien explica que ahora no sólo va a la escuela, sino también es uno de los chicos más aplicados de su salón, con un orgullo que sobrepasa lo normal.

“Mi niño empezó con ausencias, estaba mirando que no era un niño normal de dos años, lo empecé  a traer aquí, lo traigo a sus terapias, con medicamentos y todo eso.

Gracias a eso ha avanzado muchísimo, ahora ya socializa, ya juega con los niños de su edad”.

La mujer platica su alegría, pues ella nunca pensó que a cuatro años de ese diagnóstico el pequeño Guillermo se encontrara tan bien. Al ver al niño uno no puede estar más de acuerdo, se mueve, gesticula pero al mismo tiempo hace contacto visual con la gente que lo rodea de tal forma que es imposible enojarse con él, al contrario, genera empatía.

Pero no siempre fue así.

“La verdad no ha sido nada fácil, para empezar no lo aceptan en mi familia, más que nada mi esposo, como que no acepta que mi hijo tiene un problema, que tiene autismo.

Tengo otros dos hijos, son gemelos menores que él, no es la misma atención y muchas veces me reprochan ‘mamá porque mi hermanito esto, por qué lo otro’. Es difícil, no es nada fácil”, relata doña Elena sobre su viaje de los últimos cuatro años por hospitales, clínicas y demás.

La señora Monroy confiesa que en su casa carece del apoyo para tratar a Memo, algo que la pone triste pero no por eso se deja caer en el camino para convertir a su hijo en alguien normal, aunque a decir verdad, nadie puede definir qué es ser normal.

“Gracias a Dios, yo le he echado muchas ganas y me he puesto al corriente con mi niño, si no me quieren apoyar que no me apoyen, pero yo voy a hacer hasta lo imposible para que mi hijo salga adelante. Nada más vengo con la familia, estoy con todo con él”.

Pero este tiempo también, indudablemente, ha sido de aprendizaje para Elena.

Admite que antes de su diagnóstico tanto ella como su familia desconocían lo que era el autismo, así sus manifestaciones, síntomas y tratamientos.

Tal vez por eso su actitud, fue un periodo complicado por la desinformación.

“No, no sabía sobre el autismo. Simplemente a mí me decían que mi hijo no actuaba bien, como los demás niños, me mandaron a otros hospitales, los médicos me mandaban de un lugar a otro, yo no tenía idea de qué tenía mi niño, llegó el punto de que me mandaron al psiquiatra y él me dijo que mi hijo no estaba loco”.

Fue hasta que llegó a la clínica, con la doctora Jimena Rodríguez Ávila, que comprendió lo que estaba pasando a su hijo, su comportamiento, y, por consecuencia, a ella.

“No tenía ni idea que era eso. Yo le pregunte a la doctora si se le iba a quitar pronto y me dijo que sí. Resulta que me mandan con otro médico y ella me explicó qué es el autismo.

“Como que no entendía por qué mi hijo, empecé a investigar y me di cuenta de muchas cosas”.

Ahora, junto a su hijo, Elena está segura de que todo saldrá bien y les dice a quienes están en esa situación que no tengan miedo, pues hay salida siempre y cuando acudan a quien sabe y lo hagan con valor.