Entre fervor y vendimia, miles veneran a la Virgen de Guadalupe

Vestidos de "inditos", niñas, niños  y algunos peregrinos de mayor edad visitan El Santuario, en el corazón del barrio tapatío, para honrar a la Morenita.
La fiesta es colorida, niñas y niños, en su mayoría visten de inditos.
La fiesta es colorida, niñas y niños, en su mayoría visten de inditos. (Maricarmen Rello)

Guadalajara

Dicen que en el país no hay mexicano que no sea guadalupano. La expresión, sirve para ejemplificar la gran devoción que este pueblo profesa a la Virgen de Guadalupe, y que en ocasión de su fiesta el día de hoy, congrega miles en torno a los templos y parroquias donde se venera su imagen. Uno de estos centros es El Santuario, en el corazón del barrio tapatío, a donde desde esta madrugada han arriban familias enteras.

La fiesta es colorida, niñas y niños, en su mayoría, pero también personas jóvenes y adultas visten de "inditos", rememorando la creencia de que la Virgen Morena se apareció a un humilde indígena.

A instancias de su abuela, que ofreció "una manda", a Giuliana Natalia le compraron las enaguas y las trenzas postizas y la llevaron al Santuario, donde una gran fila bordeaba el templo y se extendía más allá de la cuadra para poder ingresar al interior del templo y postrarse a los pies de la imagen. La niña nació con un soplo y estuvo mucho tiempo en tratamiento, cuenta su madre, también ahí presente.

"Ahorita nos la acaban de dar de alta en la Clínica 46 (del IMSS) justamente" y de allá se trasladaron a cumplir con la Virgen a quien atribuyen el milagro. La abuela se reconoce como devota de la Virgen "de toda la vida". 

En el templo, custodiado por vallas metálicas y algunos agentes que resguardan el orden sin mayor problema, suena La Guadalupana, el himno más tradicional que se canta por todos los templos. El gentío avanza rápido, señal que pocos minuto pueden permanecer ante el altar y salir por una puerta lateral, pero la fila no deja de crecer.

Juana, que viaja cada año desde Michoacán para vender los trajes de indito -de 60 a 120 pesos, según el tipo-,  blusas típicas, rebozos y otros textiles, dice que la venta "ahí va", pero apunta que al parecer hay menos gente que otros años. Con ella concuerda Luis, un empleado de un negocio cercano que asegura se debe "a que cada vez menos patrones dan el día, como era antes", pero confía en que faltan muchas horas y los devotos llegarán.

De Las Huertas, en Tlaquepaque, este 12 de diciembre Griselda acudió por novena ocasión a la peregrinación al Santuario. "La primera vez fue por una manda, pidiendo que naciera bien mi hija, y las demás por costumbre". Hoy llevó a sus dos hijas vestidas con enaguas largas y cargando una jaulita en la espalda, con cazuelas de barro en miniatura como adorno. Una artesanía que forma parte del atuendo.

Adriana Martínez tiene una bebé de tres meses y traía el cordón enredado antes de nacer, por eso "se la prometí a la Virgen" y le cumplió: la vistió de india y le puso por nombre Guadalupe.

Tras los cantos en el templo, se oyen voces femeninas que guían las Ave María y dan gracias a la Madre de todos los guadalupanos.

Afuera continúa la vendimia: buñuelos, tamales, atole, pozole, tacos, frituras y frutas se ofrecen junto a las jaulitas y otros objetos típicos; y con mercancías traídas de China. Tenis, calcetines, gorros de El Chavo para el frío. La tarde-noche promete feria para rato, los juegos mecánicos y más devotos esperan su turno.