La mala fama daña economía de la sierra en San Sebastián

Tras los asesinatos de elementos de la Fuerza Única de Jalisco y los narcobloqueos, la confianza voló de los pueblos mineros de las montañas que rodean a Vallarta, donde la tranquilidad no se ha ...
La zona del tiroteo de abril sólo conserva la pared rocosa con la huella del fuego
La zona del tiroteo de abril sólo conserva la pared rocosa con la huella del fuego (Agustín del Castillo)

San Sebastián del Oeste


Montañas de sangre, cubil de violentos y amasijo de cárteles de drogas y sicarios son hipótesis que se sugieren tras imágenes breves e intensas del saldo de una emboscada en la carretera Mascota-Puerto Vallarta, con quince asesinatos de policías y vehículos incendiados, globalizada por la web y los mass media en plena Semana de Pascua, a cuya espectacular difusión también ayudó la orfandad de novedades propia del periodo vacacional.

Tres semanas después, en la mañana del día del Trabajo, los narcobloqueos- que apenas tocaron esta sierra de Jalisco-legitimaron desde fuera ideas de que la tragedia la produjo un clima social local enrarecido, hundido en zozobra, miedo y fatalismo a la José Alfredo: ¿quién duda, ante la consagración que garantiza la imagen, que para estos mexicanos de las montañas que rodean a Puerto Vallarta, “la vida no vale nada”? Tras estas premisas, ¿por qué no pensar en secuestros, asaltos, asesinatos, cobros de piso y demás excesos cotidianos, endémicos, propios del Estado fallido que es real en muchas regiones de México?

Pero resulta que este panorama dramático y estridente no es, en definitiva, lo que define la vida en la apacible región minera de San Sebastián del Oeste, hoy severamente golpeada en su economía por la súbita mala fama, y que ha visto derrumbarse hasta en 90 por ciento, en algunos sitios, la llegada de turistas, antaño enamorados de los pueblos coloniales de la plata y los sorprendentes y milenarios bosques brumosos que los rodean.

Quienes mataron y quienes murieron en los infortunados hechos del kilómetro 55 de la carretera, el 6 de abril pasado, muy cerca de los linderos de San Sebastián con la tropical delegación de Las Palmas, de Puerto Vallarta, no habitaban el municipio. De hecho, la célula del Cártel Jalisco Nueva Generación,
presunta ejecutora del multihomicido, mantenía una presencia constante en el pueblo vallartense pero no en la sierra. De acuerdo a testimonios recabados por MILENIO JALISCO, la impronta ilegal habían permeado con baja intensidad en algunas actividades económicas como la venta de gasolina robada –ocho 
pesos el litro puesto en Mascota-, pero no habían generado ni de lejos el ambulantaje de sicarios armados a luz del día que revelan las imágenes de las peores jornadas de las crisis de violencia contemporánea de Guerrero, Michoacán o Tamaulipas.

Nadie se duerme temprano en la sierra, a no ser porque la vida provinciana siempre es más lenta en sus pulsaciones y amanece más temprano sobre todo si el oficio es agrícola o ganadero. “Ni antes ni después se ha perdido el flujo incluso de madrugada en las carreteras regionales; nosotros solemos ir de
comisión a Guadalajara y andamos regresando una o dos de la mañana, sigue siendo muy seguro”, advierte la presidente municipal de San Sebastián, la joven licenciada y maestra en turismo Yecenia Pulido Ávalos.

La región, aislada de la comunicación terrestre casi por completo hasta 1997, en que se comenzó a modernizar su red de caminos, y que cuenta con ruta totalmente pavimentada desde 2006 –una obra que causó daños ecológicos severos y acusaciones de mala calidad de algunos tramos, pero que sin duda, abrió la legendaria demarcación al arribo creciente de visitantes-, ha buscado mantener su aspecto tradicional por ser su potencial económico fundamental.

La cabecera de San Sebastián del Oeste, fundada en 1606 y pujante centro minero en los siglos XVIII y XIX, fue declarada en 2011 Pueblo Mágico por la Secretaría de Turismo federal, lo que reforzó inversiones en mejoramiento urbano e infraestructura.

Justamente el 6 de abril, en que la balacera cambió la prometedora marcha de desarrollo de la zona, el poblado alcanzaba su aniversario 410 en medio de los mejores pronósticos. “Teníamos ocupación completa, lleno total, la Semana Santa había sido muy buena; pero se vinieron en cascada las cancelaciones”,
señala el administrador del hotel y restaurante Los Arcos de Sol, Heliodoro Aguirre Dueñas. 

No se ha limitado a este poblado el posicionamiento regional para los viajeros extranjeros y nacionales. En el vecino municipio de Mascota hay lugares de rico patrimonio natural y cultural como la laguna de Juanacatlán, la delegación de Navidad y sobre todo, la aristocrática cabecera, un poblado que se conectó con carretera pavimentada apenas en 1994, y que sostiene 200 familias en la prestación de servicios turísticos. “Mascota es muy tranquilo, los hechos ocurren y nos pegan, debimos sufrir cancelaciones fuertes para días como el 20 de abril o el día del Niño, y luego con los bloqueos, peor; tenemos aquí 25 hoteles,medianitos a pequeños, igualmente los negocios de restorán; muchos me aseguran que les bajó 90 por ciento reservaciones y ventas, yo seguro creo que la merma es de al menos 50 por ciento, y nos pega durísimo; en la región no habíamos tenido nada igual”, destaca el empresario Humberto Rodríguez, dueño de un pequeño desarrollo hotelero a las orillas del centro urbano, y que no habla de oídas: fue presidente municipal en dos ocasiones, durante la década de 1990, y ahora es regidor. 

En el caso del narco, son “estructuras que no controlan en la región: yo pienso que esta gente no vive en Mascota, sé que es ruta de paso, pero no puedo decir que haya gente que se dedique al crimen, todos nos conocemos, esa gente pasa, pero tú puedes salir a cualquier hora, no hay problema, nadie te molesta, igualmente no recuerdo un robo en la ruta, la gente viaja de día, de madrugada, para mí sigue siendo una ruta confiable, e invitamos a la gente a que tenga confianza, de hecho, tenemos ahora mucha vigilancia del ejército y la federal, lo que debe darle más confianza”, subraya el edil. 

La alcaldesa de San Sebastián no ve sólo cosas malas en la mala publicidad. Ve en la crisis una gran oportunidad de mejorar la capacitación del personal para ofrecer servicios más sólidos a los viajeros. También señala que, paradójicamente, la caída de la ocupación turística ha demostrado a muchos lugareños que al menos en la cabecera y la cercana delegación de La Estancia, sí se vive de la actividad y por ende, se le debe cuidar.

“Para que se dieran los hechos de abril se conjuntaron varias cosas: zona de montaña, sitio de barrancas, ellos sabían que no había manera de que salieran los emboscados; cuando fuimos días después a la zona, vimos que los celulares sí tenían recepción, y en esa zona no la hay. Entonces es evidente que lo prepararon, fue un lugar bien escogido, pero también es evidente que no fueron personas arraigadas aquí […] el golpe ha sido tan fuerte que bajó el número de turistas en 90 por ciento, teníamos siete u ocho camiones por día, la presidencia es sitio de visita obligatorio, ahora tenemos a lo más uno o dos grupos en días buenos, pero sabemos que recuperar la confianza será poco a poco; vamos de la mano con Vallarta, sabemos que hay una recomendación del gobierno de Estados Unidos de no visitar la zona y eso nos afecta, porque Vallarta nos vende como atractivo”, pondera. 

La baja económica ya ocasionó cierres, al menos temporales, en el caso de un restaurante, mientras que otros negocios han recortado personal o adelantado vacaciones. Se han dado reuniones y asesoramientos de la Secretaría de Economía y los empresarios locales tratan de generar paquetes de bajo costo para que los turistas regresen, pero cuesta trabajo. En Mascota también se idean esquemas de promoción para que la confianza, ese frágil y fundamental valor de todas las democracias, regrese. Una prueba más de que construir siempre será más difícil que destruir, cavila Humberto Rodríguez.

El kilómetro 55, teatro del “ajuste de cuentas” de abril, se ha procedido a limpiar evidencias de la masacre, en busca de prevenir la conformación de un no deseado “turismo del morbo”. Un atardecer de finales de mayo, la zona está quieta pero atrapada entre inconfundibles aromas de incendios forestales lejanos, y el calor quemante de las primaveras costeñas. Los pisos fueron recién pavimentados, los restos carbonizados y las máquinas quemadas, retiradas; sólo piedras tiznadas con el hedor de aceite y petróleo, agentes destructores de vehículos y vidas sacrificadas, último indicio de un crimen cuyas secuelas van más allá de los hogares enlutados y del golpe a la credibilidad del Estado.

En estas montañas, sus moradores –el daño colateral- lo padecen todos los días, desde esa infausta jornada.