REPORTAJE | POR SERGIO GÓMEZ

El estrés postraumático atormenta a soldados

Los casos van en aumento

Para algunos, lo vivido es algo difícil de arrastrar. “Tengo miedo a que mi pasado me alcance”, confiesa ex integrante de las fuerzas especiales del Ejército.

Torreón, Coahuila

De acuerdo a cifras dadas a conocer por el Ejército, los trastornos por estrés son cada vez más comunes en sus filas: en el mejor de los escenarios, los soldados reciben atención psicológica; en el peor, cometen suicidio.

Las respuestas otorgadas por la Secretaría de la Defensa Nacional a las solicitudes acceso a la información pública señalan que gran parte de los casos que atiende el Servicio de Sanidad del Ejército son "trastornos neuróticos o relacionados con el estrés y trastornos somatomorfos".

La historia de un oficial en retiro del Ejército Mexicano sirve para ilustrar el fenómeno: los militares toman posiciones en medio de un sitio donde crece la amapola como los índices de pobreza en México. La materia prima para la heroína extiende sus raíces por cuatro hectáreas, según el reporte levantado días atrás, cuando un helicóptero voló sobre la zona serrana del norte del país.

Vivos recuerdos

Están listos. Esperan la señal. Atentos. "Y empiezan los pelotazos", recuerda El Soldado, uno de los 53 mil 110 que hasta el primer trimestre de 2013 hay en el país, según datos de la Sedena.

Las escenas de aquel enfrentamiento en la sierra se le amontonan en la mente. Ese día de principios de los 90, cuando al gobierno federal le faltaban años para declararle la guerra al crimen organizado, la sangre se le escapó por tres orificios de bala. Además, el culatazo que le destrozó la mandíbula, lo dejó inconsciente. Cuando abrió sus pequeños ojos oscuros, ya convalecía en Guadalajara. Un error en la placa de identificación, que en lugar de A+ tenía grabado otro tipo de sangre, lo llevó de un hospital a otro, de un estado de la República a otro.

"Estuve tres meses en la casa de la risa".


En la sala de espera, la que en ese entonces era su esposa fue a cobrar el seguro de vida. Pero al Soldado le faltaba un rato para "clgar las botas". Se divorció, era lo mejor para los dos. Un día, el hombre despertó mientras apretaba el cuello de la mujer con sus manos. Si no la asfixió, fue porque un familiar lo regresó al mundo real, le dijo que parara, que se trataba de una pesadilla.

169 casos de transtornos neuróticos

De acuerdo a la respuesta de una solicitud de información con folio 0000700041813, tan solo en 2011, los psicólogos del servicio de Sanidad del Ejército atendieron 465 casos, de los cuales 169 son "trastornos neuróticos o relacionados con el estrés y trastornos somatomorfos".

Pero este soldado es de los que, cuando despierta ahorcando a su esposa, prefieren tratarse por fuera, donde se desconocen las estadísticas. "Estuve tres meses en la casa de la risa", así le llama al sanatorio psiquiátrico que se ubicaba al sur de la ciudad donde todavía vive.

Mejor dicho, vive a las afueras, en el cinturón de miseria, uno de esos ejidos de la Comarca Lagunera donde los chiquillos juegan futbol hasta medianoche, en una casita con dos cuartos y un refrigerador tan pequeño como el niño que recibe a las visitas. Un ventilador de piso juega a apuntar a todos lados menos hacia el hombre. Le pide a su segunda mujer, con quien decidió refundar su vida, que le traiga las afiches de cuando él estaba en el Ejército.

-¿Qué es lo más preciado que tienes?

La boina. Es algo sagrado –dice mientras observa el pedazo de lana negro-. A veces, se atreve a tocarla. Solo a veces. Se trata de su acreditación como integrante de las Fuerzas Especiales del Ejército, como parte de los primeros mexicanos que recibieron entrenamiento de los kaibiles en Guatemala.

-¿Te la pones?

- No.

-¿Por qué?

-Me trae recuerdos... (a la mujer) ¡Amor, apunta el aire para acá!

La mujer entra en la conversación: "nosotros no lo juzgamos. Procuramos que saque lo que trae poco a poco. Cuando quiera. No ha sido fácil. Pero todo lo que hizo fue parte de un trabajo y ya". Se abrazan.

"Hay cosas de las que me arrepiento".


¿Qué hizo El Soldado?. Días antes, mientras revisaba en qué fecha podía entablar una primera charla, se le soltó la lengua: habló sobre los días con los kaibiles en El Infierno guatemalteco, sobre su paso por la academia militar, sobre el enfrentamiento con pistola que inició contra un superior, sobre su participación en operativos, sobre sus mujeres, sobre sus miedos.

Arrepentimientos

"Hay cosas de las que me arrepiento", confesó como para intentar zafarse de algo que le pesa bastante. Pero hay cosas que, según El Soldado, es mejor no andarlas presumiendo.

El pasado es una loza enorme. Para muchos elementos del Ejército Mexicano, es algo imposible de cargar.

32 casos de suicidio

Está la historia de Aurelio Arcos López, un efectivo militar de 26 años de edad que decidió matarse cuando apenas llevaba unos cuantos días asignado a la misma región donde vive El Soldado.

De acuerdo a las notas periodísticas, el 16 de octubre de este año, Aurelio subió al vehículo oficial estacionado en el puesto de control. Ahí, donde el joven cumplía sus funciones junto con otros compañeros. Puso su rifle de asalto en la barbilla y jaló el gatillo.

El joven siguió el guión elaborado un año antes por Francisco Javier Ávila López de 22 años de edad, el que tocaba el tambor en la banda de guerra del batallón de infantería. Aquel que, según el parte oficial, interrumpió su participación en la práctica de la banda. Se metió a la caseta de vigilancia. Y, cuando tenía el cañón del rifle metido en la boca, dejó escapar una bala.

De 2000 a 2013, la Secretaría de la Defensa Nacional tiene registro de 32 suicidios ocurridos al interior de instalaciones militares (respuesta a la solicitud de información con folio 0000700028813). Falta sumar los casos como el de Aurelio Arcos, quien se quitó la vida en un puesto de control.

El Soldado conoce los riesgos. Robusto, de bigote y ceja poblada, moreno, inquieto y parlanchín, tiene la vista perdida en el recuerdo: "tengo miedo a que mi pasado me alcance".

En busca de nuevas oportunidades

Con su título en la academia militar, El Soldado buscó trabajo en el Ejército como ingeniero. Hubiera sido fácil si su currículum no incluyera la preparación que recibió de los kaibiles guatemaltecos.

El Soldado –quien escogió ese seudónimo porque desde chiquito así le decían- cuenta que en cuanto se enteran que perteneció a las Fuerzas Especiales, los encargados de ubicarlo para ocupar vacantes en la milicia, le ofrecen un puesto más ad hoc, en operativos, por ejemplo.

Cansado de las balas, el hombre optó por retirarse y abrir una pequeña empresa de servicios.

Cada seis meses, tiene que presentarse en la región militar más cercana. Tiene que demostrar que no se ha pasado "al lado oscuro", como dice.

Cuenta que es fácil encontrar buena paga con los "malandros". El otro día, un comando armado le cerró el paso mientras él transitaba en la camionetita que utiliza para el trabajo. Se le quitó el susto cuando reconoció a un ex compañero, que lo invitó a chambear. Acá estoy bien, le respondió.

Condenade Dios a Caín

La respuesta foliada 0000700026713 a una solicitud de información, dice que han causado baja diez elementos del personal militar, que han realizado el curso internacional de adiestramiento y operaciones especiales Kaibil en Guatemala: cuatro por deserción, cuatro por solicitud, uno por sentencia ejecutoriada y uno por muerte.

Haber portado una boina negra lo hace a uno especial, explica El Soldado. Es como la condena de Dios a Caín, esa con la que le imprime una mancha en el rostro que lo delata a donde quiera que vaya.