“¿Somos o no, dueños de nuestra persona?”

El recorrido en bicicletas, organizado por el colectivo Promo Cultura Tatto, se realizó de Plaza Guadalajara hasta avenida Chapultepec
Rodada en bicicleta contra la discriminación a las personas tatuadas
Rodada en bicicleta contra la discriminación a las personas tatuadas (Alejandro Acosta)

Guadalajara

Dante, de nueve años de edad, puso su brazo sobre la mesa para que le pintaran un tatuaje con la figura de un demonio. Para alivio de algunos, se lo plasmaron con pintura de colores, el cual se desvanece en agua; sin embargo, él ya está asegura que a los 18 años se pintará su primer tatuaje.

Después de quedar concluido el dibujo, el brazo de Dante fue capturado por los fotógrafos y curiosos que se encontraban en la Plaza Guadalajara en el Centro Histórico.  El niño participó en el primer paseo en bici por la no discriminación a las personas tatuadas y perforadas, organizado por el colectivo Promo Cultura Tattoo

A pesar de su corta edad, él ya decidió que a los 18 años tatuará se rayará por primera vez en su cuerpo. Sus padres y hermana, dice, son interesados en esta actividad, por lo que defiende y afirma que el tener un dibujo no significa que las personas se dediquen a realizar actividades ilícitas.

“Me gustan los tatuajes porque es un significado que a mi mamá le gusta, a toda mi familia le gustan los tatuajes.  Pido que no discriminen a los de los piercing, tatuajes y todo eso. Eso no significa que roben, que hagan violencia”, contestó  ya montado a la espera de iniciar el recorrido en bici.

Fueron apenas 15 bicicletas y varios más que transitaron por las calles de  Guadalajara hasta llegar a Chapultepec para pedir que se termine la discriminación. Pero no fueron los únicos; mientras iniciaba el recorrido ciclista fue instalada una mesa sobre Plaza Guadalajara, para que las personas apoyaran la fomentación de la no discriminación, con una firma.  

“Tenemos este recorrido como principal objetivo eso que se incluya en la ley de no discriminación y en la laboral también, que ya se deje de discriminar a las personas en el ámbito laboral por cuestión por tener algún tatuaje o una perforación. Entonces, ¿somos o no somos dueños de nuestra persona y nuestra vida, de nuestras decisiones?”, señaló Jorge Díaz, organizador de Promo Cultura Tattoo.

Al mismo tiempo, también había gente que pasaba y lanzaban una mirada de asombro al ver los brazos, las piernas, los cuellos o los pechos tatuados de hombres y mujeres.

Karen esperaba el inicio del recorrido recargada a su bicicleta. Para la joven de 23 años de edad, el “rayarte” es una expresión, por lo que desde hace un año trasladó el gusto por pintar y hacer dibujos, al arte de plasmar figuras en la piel humana.

Desde los 15 años se tatuó y hoy cuenta con  30 dibujos; ocho de ellos se los dibujó ella misma.

“Mi familia es muy abierta, de hecho creo que fui la que abrió las puertas de los tatuajes, porque ahora ya están tatuados. Mi mamá, mi papá, se han dejado tatuar por mí, mis hermanas (…). Hay personas grandes que se han animado, personas de 50 hasta de 60 años”, cuenta y afirma que en Guadalajara ya hay más aceptación.

Otros no tuvieron una familia que aceptaran que alguien se pusiera un tatuaje. Tal es el caso de “Tranza”, como pide que le llamen, mujer que desde los siete. Fue hasta los 30 años que decidió tatuarse –en el 2011-, ahora ya presume ocho tattoos.

“El traer tatuajes no te limita a nada, sigues teniendo los mismos pensamientos, sigues teniendo educación, sigues teniendo intelecto (…) pensaba en el qué dirán, pero si no lo hago ahorita, nunca lo voy a hacer. No me quiero morir con algo que siempre me ha gustado”, contó.

Los tatuados afirman y aseguran, esto es de médicos, de abogados, de cualquier profesión, padres y madres.