Barreras arquitectónicas de Guadalajara en contra de discapacitados

Las personas con alguna limitación física aseguran que “andar” por la ciudad es un suplicio. 
Es difícil para algunas personas caminar por las calles porque están llenas de baches y hoyos.
Es difícil para algunas personas caminar por las calles porque están llenas de baches y hoyos. (Carlos Zepeda)

Guadalajara

Para Manuel Calvillo salir de su casa en silla de ruedas es todo un desafío. Hoy, como cada domingo, fue a misa de 12 a la Catedral de Guadalajara, pero para poder llegar a tiempo salió de su casa a las 9:45 de la mañana. Asegura que ya se hizo “todo un experto” en saltar andenes que no tenían rampa, en zigzaguear con su silla de ruedas por las calles porque están llenas de baches y hoyos, y lo que es peor, en aguantar esperas por más de una hora para encontrar un vehículo de transporte público con adecuaciones para él.

“Sé que va a pasar el camión que pueda llevarme, lo que nunca sé, es la hora en la que va a pasar, porque a veces ni la parada dan, ni que tardaran tanto en subirme”, comenta.

Los problemas de accesibilidad afectan, sobre todo, a las personas en silla de ruedas, aunque estos no son los únicos perjudicados, las personas con muletas o con ceguera sufren a diario para trasladarse por la ciudad y es que, la ausencia de rampas de acceso a edificios y lugares públicos sigue en la lista de barreras arquitectónicas existentes en Guadalajara, prueba de ello, es la calle 16 de Septiembre -de San Felipe hasta avenida López Cotilla- donde existen barreras de acceso a mitad de calle y en las esquinas por la acera de la Catedral, pero por la acera de enfrente ¡no hay una sola disponible!, ¿qué pensaron los arquitectos, urbanistas y autoridades locales cuando diseñaron las calles? y después de la evidente problemática ¿por qué no lo solucionan?.

En estos tiempos donde las lluvias han dejado fracturas en los pavimentos, badenes y hoyos cubiertos por agua, -como ya lo hemos mencionado en Milenio Jalisco- es todo un desafío para los automovilistas y peatones atravesar sus calles y, si a eso se le suma la cantidad de calles interrumpidas por obras, lo es aún más. Pero ahora, imagine, si lo que para los transeúntes es una molestia, para las personas con discapacidad es una misión imposible.

Daniel del Toro visitó por primera vez el Centro Histórico de Guadalajara este domingo luego de un accidente que lo dejó en silla de ruedas temporalmente, él ya conocía las debilidades de las calles de la ciudad pero nunca le había tocado enfrentarse de cara a ellas. El primer inconveniente que vivió, según cuenta, fue en el estacionamiento ubicado entre Juan Manuel y 16 de Septiembre en el que, aunque iba acompañado de su familia, no pudo ingresar, ya que el estacionamiento “por hoy”, según declaró un oficial de seguridad, no tenía elevadores en servicio. Así que los usuarios tenían que bajar por las escaleras o por el desnivel que en nada es factible para las personas con limitación física.

“Sabía que no iba a ser tan fácil venir al centro, sobre todo por la congestión de las personas pero no imaginé que las vialidades fueran tan inadecuadas para nosotros, falta mucha sensibilidad de las personas en general a estos temas y una infraestructura adecuada para todos”, finalizó.