El diablo y su secuaces bailan a ritmo de banda

El baile continúa al interior de la presidencia municipal... aquel personaje salido de las tinieblas, vive al parecer sin conocer su destino...
Calaveras, lobos, y demás monstruos, claro y la banda de música abarrotan las calles.
Calaveras, lobos, y demás monstruos, claro y la banda de música abarrotan las calles. (Arturo González)

Pachuca

El diablo anda suelto, aún. Es más de la una de la tarde y baila con sus secuaces al ritmo de música de banda. Aquello es una fiesta, nadie teme que al otro lado de la calle se está celebrando una misa en conmemoración de la resurrección del nazareno.

Literalmente sin decir agua va, los curiosos son víctimas de las maldades del Judas de Mineral del Chico, quedan tan empapados que buscan de inmediato el Sol para secarse, aunque de poco sirve.

Aquí nadie sanciona por tirar el agua, es más, los federales que custodian al turismo se ríen de la acción, y como no, ni modo de ponerse al tú por tú con el mismísimo demonio y mucho menos acabar con su diversión.

El baile continúa al interior de la presidencia municipal, con un vestuario poco conservador, aquel personaje salido de las tinieblas, vive al parecer sin conocer su destino.

Casi dan las dos de la tarde y de repente una rechifla acalla la “pachanga”, son los impacientes habitantes y visitantes del lugar, quienes piden al diablo comparta la fiesta privada con ellos. Ciertamente es un ser descarado, pero no tanto como para pasearse en medio de la conmemoración cristiana que se lleva a cabo.

Los hace esperar una vez más, pero apenas se da el aviso de que la ceremonia litúrgica llegó a su final, sale disparado  de su escondite para ponerle un singular color al Domingo de Pascua.

De tras de él, calaveras, lobos, y demás monstruos, claro y la banda de música abarrotan las angostas  y empedradas calles.

El gran demonio elige a una mujer mayor como su primera pareja de baile; risas y más risas hacen tono con la música que ahí se escucha.

La gente se abre para dejarlos pasar; las cámaras de los celulares se utilizan como nunca, no hay quien se le resista al sujeto de rojo.

Los comerciantes le ofrecen un trago, el cual con dificultad se empina y sigue su andar.

Los pequeños son los que no se ven tan contentos con su presencia y los mayores le aplauden, le festejan. Aquello parece el mismísimo infierno por el calor que hace, pero nadie se inmuta, para combatir la temperatura está el agua de la fuente ubicada en la plaza principal del ayuntamiento.

El baile continúa ahora es una joven de pantalón de mezclilla y playera blanca la que se convierte en la pareja de judas.

Los organizadores regañan a unos menores que para acabar con su miedo arrojan globos llenos de agua hacia el grupo de danzantes.

Se llega a la mitad del recorrido, ahora todos van de reversa, aquello es algo irónico, pues uno puede ver un contraste excepcional, por un lado la algarabía del personaje que emula al demonio y por el otro, a unos dos kilómetros un árbol frondoso de donde está sujeta una cuerda amarilla.

Poco dura la diversión, aquel sujeto que baila despreocupado, ya fue condenado por los mirones y será colgado para pagar uno a uno de sus pecados.