“A mi hija le detectaron azúcar a los trece años”

Por la angustia de verla a punto de morir, ahora ella también la padece.
Su hija y ella padecen azúcar.
Su hija y ella padecen azúcar. (Jesús Jimenez)

Tampico

A mi hija le detectaron azúcar siendo una niña. Tenía apenas trece años" recuerda doña María con mirada cabizbaja. El diagnóstico marcó la vida de la entonces estudiante de secundaria y la de toda su familia, pero su fortaleza enfrentó su mayor prueba quince años después, en enero pasado, cuando la ahora joven de 28 años estuvo a punto de morir.

La angustia sufrida cobró factura en la salud de su madre, quien ahora también padece la enfermedad.

"Mi hija iba apenas en segundo año de secundaria cuando le dijeron que tenía azúcar, esto fue a consecuencia de sufrir tiroides", expresa la señora María, quien por momentos refleja tristeza en sus ojos, pero después se dice optimista y sonríe.

La mujer cuenta su historia de vida mientras está sentada en una silla que ella misma llevó, en el área de recepción del Hospital Doctor Carlos Canseco, donde espera a que a otra de sus hijas la den de alta después de haber dado a luz.

Vestida con un suéter y un pantalón corto, y con calcetas hasta las rodillas para protegerse de frío, María comenta que a sus 48 años de edad, la vida no ha sido fácil para ella.

Sin embargo, no se deja vencer y seguirá luchando contra la diabetes, como lo ha hecho durante quince largos años, desde que a su hija se la detectaron.

Afirma que mantiene la actitud de salir adelante, de cuidar a su hija y a la vez cuidarse a ella misma para vivir muchos años.

En esta lucha, el momento más dramático fue en enero pasado, cuando su hija se puso grave por descuidar su alimentación.

"Estuvo internada durante dos meses y se vio tan grave que estuvo a punto de perder sus dos piernas", comenta.

Y es que a la hija se le olvidó de repente que tenía azúcar e hizo a un lado su dieta, consumiendo alimentos como una persona normal.

"Hasta ahora que ya se vio muy grave, que estuvo a punto de morir, fue como empezó a mantener una dieta rigurosa para controlar los niveles de azúcar", menciona María.

A consecuencia de tanto estrés y preocupación por ver al borde de la muerte a su hija, fue que se le "derramó" el azúcar.

La ama de casa, al sentir los síntomas que ya conocía con la enfermedad de su hija, como tener la boca reseca, mucha sed e ir al baño en repetidas ocasiones, fue lo que hizo que ella misma se hiciera la prueba con el glucómetro que ocupa su hija para medirse los niveles de azúcar.

Al notar que su nivel de azúcar estaba elevado, acudió al médico a realizarse los estudios necesarios para comprobar lo que el aparato le había arrojado, "usted tiene diabetes tipo 2", fueron las palabras que el doctor le dijo.

En ese momento, sintió un "bajón" en su autoestima, pero al mismo tiempo se dijo "si yo me cuido, vivo muchos años".

Después de ser diagnosticada con diabetes, realiza la misma rutina de siempre, sólo ha cambiado sus hábitos alimenticios, come de todo pero en poca cantidad, no tiene una dieta específica, trata de comer frutas y verduras y evitar en lo posible la tortilla, pastas y pan.

Lo que definitivamente dejó fue el refresco, ya que es el principal producto que le prohíben a una persona diabética, "es lo que nos mata", expresó.

No tiene una rutina de ejercicio, pues trabaja en un restaurante y anda todo el día "para arriba y para abajo", dice.

"La azúcar no es una enfermedad mortal, todo depende de que uno se cuide y puede vivir muchos años", son las palabras que la señora originaria de Pánuco repite.

Diabetes, concluye, es una palabra que en un principio causa temor, pero si se lleva un tratamiento adecuado, es posible vivir con ella como una persona normal.