En el Día de las Madres tapatíos visitan panteones

Un año más, las tumbas se pueblan de flores, rezos y música para sentirlas cerca.
El recuerdo de las madres pesa tanto como su ausencia, y esa mezcla de sentimientos flota en el aire del panteón de Mezquitán.
El recuerdo de las madres pesa tanto como su ausencia, y esa mezcla de sentimientos flota en el aire del panteón de Mezquitán. (Maricarmen Rello )

Guadalajara

Los tapatíos celebran el Día de las Madres de muchas maneras: con felicitaciones, flores o regalos, con serenatas o llevando a comer fuera de casa a la que habitualmente siempre está cocinando para la familia; hoy también con mensajes, GIF y videos a través de las redes sociales y el Whatsapp, pero entre ellas se encuentra la tradicional visita a los panteones para rendir un gesto de amor en recuerdo a las mamas difuntas. Este año no fue a la excepción.

Los pasillos del panteón de Mezquitán –el más antiguo de la ciudad con servicio disponible-, se llenaron poco a poco de gente que arribaba con ramos de flores en mano. Los modernos aguadores, niños y jóvenes del barrio, les daban la bienvenida: ‘¿Va a querer agua?’, para correr de inmediato, ante un sí, por las cubetas llenas del líquido.

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Cada año Cruz Amador acude a visitar a su mamá fallecida hace 29. “Nos quedamos una parte de la mañana y nos vamos ya después de la comida”, comparte. Así, ella y sus familiares se sienten cerca de su madre “aunque ya no esté con nosotros”. El esposo de Cruz mira de reojo mientras acomodan las ofrendas en la tumba. Recién falleció su hermana y la efeméride le resulta más dolorosa que otros años.

El recuerdo de las madres pesa tanto como su ausencia, y esa mezcla de sentimientos flota en el aire. A más de uno se le escapa alguna lágrima. Graciela Macías, ya es una mujer adulta, quien perdió a su madre en el 2008. “Vengo todos los años y a veces antes del año, se les extraña siempre, toda la vida. La mamá es la mamá… pero hay que seguir viviendo”, dice con la voz quebrada. Le lleva un bouquet de rosas, cuyo costo este día es lo de menos.

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Muchos de los visitantes llegaron temprano conocedores de que pega fuerte el sol sobre las lápidas blanquecinas. A mediodía la afluencia, a decir de los vendedores apostados afuera del recinto, parecía menor que otros años. Nunca como cuando el Día de las Madres cae en sábado o domingo, pero lo fuerte se esperaba en la tarde, ya que la gente salga del trabajo.

Jaime se paseaba con su acordeón, a la espera de clientes, venía del panteón de San Isidro y acabaría la jornada en el de Atemajac, para arrancarse una y otra vez con las melodías que más les gustaban a las madres difuntas y también las que les ponían los hijos. “La de ‘Amor eterno’ es siempre la más pedida”, afirma.

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Armando González con su familia, vecinos del tradicional barrio de Mezquitán, acude puntual a llevarle flores a su madre, doña Socorro, quien falleció hace doce años. Desde entonces el festejo del 10 de mayo incluye desayunar o comer todos reunidos al pie de la tumba. “En lo personal yo era muy cercano a mi mamá, y si me pegó mucho su muerte, por eso conservo su recuerdo, además así me enseñó. Ella no olvidaba a sus muertitos, aquí me trajo de niño a ver a mis abuelitos y a mis tíos, y aquí la vengo ahora a ver también a ella”, resalta.

SRN