Cada día, 5.2 ha urbanizadas, 205 habitantes y 150 autos nuevos

Entre 1995 y 2015, se gestó una ciudad con 110% más territorio, 45% más población, 100% más basura, 30% más agua, 50% más energía y 200% más contaminantes peligrosos.
En 1995 la basura que se generaba era de 3,500 toneladas al día, ahora es de 7 mil.
En 1995 la basura que se generaba era de 3,500 toneladas al día, ahora es de 7 mil. (Milenio)

Guadalajara

La ciudad de Guadalajara ha enfrentado duras experiencias sobre el colapso ambiental en los últimos 25 años: los tres megaincendios del bosque La Primavera (1998, 2005 y 2012); las dos prolongadas crisis de bajas existencias de agua del lago de Chapala, su principal fuente de abastecimiento (1991 y 2001 como años culminantes), y el estallido de colectores de aguas residuales del sector reforma por contaminación con hidrocarburos en 1992, con más de 200 muertos. Pero en su mayor parte se trata de una crisis silenciosa ocasionada por su crecimiento desbordado y descontrolado, al cobijo del día a día.

Los datos demuestran que la sociedad tapatía y sus gobiernos no han sabido encontrar respuestas para reducir su agigantada huella ecológica: en las últimas dos décadas se ha sumado cada jornada un promedio de 5.2 hectáreas o 52 mil metros cuadrados a la conurbación y 205 habitantes nuevos, lo que da como resultado un área metropolitana descomunal e inconexa, con casi 73 mil hectáreas de superficie modificada, según datos del urbanista Francisco Pérez Arellano, coordinador del Plan de Desarrollo Urbano de la Región Metropolitana de Guadalajara, que nunca fue publicado por el gobierno de Emilio González Márquez (2007-2013). El Programa Estatal de Desarrollo Urbano de 1995, señalaba 35 mil ha de superficie y 3.2 millones de moradores metropolitanos.

Pero la huella ecológica no es solamente territorial. En ese 1995, la basura generada era de 3,500 toneladas diarias y 20 años después llega a siete mil toneladas, 100 por ciento más. La clave en ese sustancial incremento es el triunfo de la cultura del consumo y de lo desechable; todavía en los años noventa no se habían “normalizado” los plásticos y envases desechables que ahora dominan casi la mitad del volumen generado.

El agua que utilizaban efectivamente los habitantes de la ciudad era cercana a siete mil litros por segundo (una vez descontadas las pérdidas físicas de 40 por ciento del recurso); hoy, con las fuentes de abastecimiento presionadas al máximo, los habitantes utilizan casi 9,500 litros por segundo, pues ha mejorado la eficiencia en la distribución y se han reducido las pérdidas físicas de agua. Pero están en fase de incorporación mil litros más de los sistemas de pozos, en este mismo año, y en año y medio más, de cinco mil a 5,500 litros más del sistema de El Purgatorio, presa derivadora que se construye en las barrancas del río Verde.

También la huella ocasionada por una movilidad colapsada es evidente. El plan de 1995 registraba 700 mil autos y en 2015 la Secretaría de Movilidad estima que circulan por las calles de la ciudad 1.8 millones de automotores, es decir, en dos décadas se han sumado 150 autos por día al parque vehicular metropolitano.

Guadalajara es una de las cinco conurbaciones metropolitanas más peligrosas para sus habitantes. Según las cifras más actuales de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que dio a conocer el Clean Air Institute (Instituto de Aire Limpio, http://www.cleanairinstitute.org/), en esta ciudad mueren por año alrededor de tres mil personas debido a exposición crónica o aguda con aire contaminado. Según esos registros, fue en 2011 la ciudad latinoamericana de más de un millón de habitantes que encabezó la lista de concentraciones de ozono (69.3 microgramos por metro cúbico), fue segundo lugar en concentraciones de PM10 (partículas suspendidas menores a diez micras), con 70.1 mg/m3; segundo lugar para dióxido de nitrógeno (57.2 mg/m3) y cuarto para dióxido de azufre (13.1 mg/m3)” (MILENIO JALISCO, 12 de mayo de 2014).

En 1995 ni siquiera se registraban muertos por contaminación, si bien, no se había desarrollado una metodología para poderlo determinar con precisión.

“El aire es contaminado principalmente por automotores […] el servicio de regulación del ecosistema ligado a la capacidad autodepuradora natural  de la atmósfera ha sido rebasado por la aportación de altas cantidades de contaminantes, que se triplicaron [es decir, un aumento de 200 por ciento]”, señala el investigador de la UdeG, Arturo Curiel Ballesteros (en Dos décadas en el desarrollo de Jalisco, gobierno de Jalisco, 2010).

El consumo de energía también ha ido al alza: en la misma obra citada, el investigador Sergio González Cota cita datos de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) entre 1997 y 2008, donde se registra un aumento de poco más de 50 por ciento de “demandas máximas” en megavatios (885.79 MW en 1997, 1,416.6 MW en 2008), periodo en que se pasó de 823,305 clientes a un millón 199,068. “Los servicios domésticos [de uso de energía eléctrica] representan 86 por ciento en número de servicios pero solamente 26 por ciento en el consumo de energía eléctrica, mientras que los servicios de industria representan menos de 1 por ciento del número de servicios pero más de 58 por ciento en el uso de energía”. Casi tres de cada cuatro MW generado por la CFE corresponden a termoeléctricas movidas con hidrocarburos, por lo que el consumo de energía tiene efecto directo en las emisiones de gases de efecto invernadero.

Falta aún que se le ponga un valor económico a este costo ambiental que es subsidiado por la calidad de vida declinante de los moradores de la urbe.

El caso del subsuelo

El costo ambiental de la ciudad de Guadalajara, integrada por ocho municipios y con 4.7 millones de habitantes, sobre 72,977 hectáreas de superficie, deriva en un fuerte descenso de la calidad de vida de sus moradores. La alteración de la hidrografía, por ejemplo, tiene consecuencias incluso mortales

Por ejemplo, entre 1995 y 2015 se pasó de 73 a 300 puntos de inundación recurrente en la ciudad, dado que ésta se desbordó del valle de Atemajac hacia los de Tesistán y Toluquilla. Una estimación sólo parcial en la zona de la ciudad que es abastecida por el SIAPA, con los cuatro municipios que originalmente integraban la zona metropolitana, señala que año con año se pierden 600 millones de pesos por ese problema en patrimonio de la población (Programa Integral de Manejo de Aguas Pluviales, Propmiap, 2008)

La urbanización extensiva y desordenada ha reducido en 60 por ciento el área de recarga natural en su principal acuífero, Atemajac-Tesistán: la ciudad invadía allí en 1972 poco más de 152 kilómetros cuadrados, y dejaba disponibles 613.5 km2 para la infiltración natural, pero en 2000 el viraje había sido dramático: 389 km2 de invasión urbana y 377.2 km2 de espacio natural. Hoy, la urbanización ocupa 450 km2 y deja un área natural de infiltración de 317 km2, aproximadamente, 40 por ciento del total original (Fuente: Conagua)

Del total invadido, al menos 300 km2 son espacios de alta infiltración, ubicados básicamente en Zapopan. Las aguas subterráneas de la ciudad aportan poco más de 30 por ciento de la dotación que el SIAPA entrega a los habitantes citadinos

Como efecto de esta invasión, se recarga menos agua, con abatimientos anuales de algunos centímetros hasta cuatro metros en más de un centenar de pozos abiertos para el servicio público. Pero además, el agua de lluvia corre sobre superficie y genera inundaciones en las zonas bajas de la urbe, esos 300 puntos referidos

Otro problema derivado es el aumento de agrietamientos y colapsos de fincas derivados del movimiento natural del subsuelo ante los huecos abiertos por el agua. El caso Nextipac es solo la parte más visible de un fenómeno que será creciente con el tiempo