CRÓNICA | POR DANIELA GARCÍA

En su día, unos festejan y otros trabajan

La celebración a los padres, tuvo diversas caras

Este domingo, algunos jefes de familia lo celebraron bailando, otros comiendo carne asada, y otros más tuvieron que atender sus obligaciones laborales.

Don José Luis y su hija mostraron sus mejores pasos de baile.
Don José Luis y su hija mostraron sus mejores pasos de baile. (Roberto Alanís)

Monterrey

Acompañados por la voz de La Diosa de la Cumbia, al son de “Amor de mis amores”, una pareja se destaca en la pista de baile. Rodeados de adultos mayores que disfrutan, a su modo y sus posibilidades físicas, del baile, José Luis y su pareja podrían resaltar por sus pasos casi ensayados, con sus vueltas y semiacrobacias, o bien, por la juventud de la mujer que lo acompaña en la pista.

Se trata de su hija, con quien asegura, no ensaya sus pasos de baile pero sí ha bailado en muchísimas ocasiones. Tanto en fiestas como en bodas, José Luis ha podido disfrutar de su hija como pareja de baile, y en esta ocasión han decidido hacerlo en la parte baja del Palacio Municipal de Monterrey, en los tradicionales domingos de baile que se organizan en el lugar.

Celebran el Día del Padre, en compañía de su esposa de José Luis y sus otros tres hijos varones. Ellos los esperan sentados en los escalones a un lado de la improvisada pista de baile, amortiguándose el calor con abanicos improvisados con hojas de papel, mientras platican entre ellos.

“¿Han ensayado mucho sus bailes?”, les cuestiona esta reportera.

“No, nunca”, responden entre risas.

“Sólo en bodas y a veces que venimos los domingos”, responde José Luis.

Han decidido permanecer en la Macroplaza para disfrutar del evento organizado por el Municipio de Monterrey con motivo de la celebración a los jefes del hogar.

Rigoberto Rivera no baila, pero observa a los bailarines con su esposa. Tiene un bebé, de no más de dos años, que se aferra a su biberón. Ellos no vinieron a bailar, pero decidieron sentarse en ese lugar por la sombra y el aire fresco que corre ahí.

“Estamos festejando el Día del Padre”, dice Rigoberto. Cuenta que tuvo el día libre y se dispone a disfrutarlo con su pequeña familia en el evento que organizó el municipio de Monterrey.

“Venimos a la carne asada”, dice sonriente.

No son los únicos. Según el presidente del DIF municipal, Roberto Garza, se han reunido alrededor 10 mil regiomontanos en la plaza Zaragoza para disfrutar del evento. Familias pequeñas y grandes, con niños y abuelos, se dieron cita en el lugar, a pesar del sofocante calor.

Hay quienes lo amortiguan con refrescos o botellas de agua helada, mientras otros mordisquean sabalitos. Los niños afortunados han logrado colarse en la fuente de la plaza y corren salpicándose unos a otros, mientras sus padres los ven a unos metros de distancia.

En otra latitud de la ciudad, Jaime Martínez decidió que iba a festejar su día con una carne asada. Su esposa se encargó de organizarla y citó a sus dos hijas con sus esposos en su casa. Ellas se encargarían de preparar el guacamole y las quesadillas, y sus esposos de asar la carne, para que la tarde fuera perfecta. Ellos no son padres todavía, así que no se pueden dar el lujo de descansar como don Jaime. Su única labor fue ir a la carnicería por el corte de carne de su preferencia.

En la fila, Jaime medita sobre la importancia de celebrar el día en familia. “Este día es para mí, pero también para ellos. Me gusta tener a mis hijas en mi casa otra vez”.

Pero hay quienes no corren tanta suerte. En el centro de Monterrey, un chofer de camiones, de la ruta 67, se encuentra trabajando. Es mediodía y hace una parada.

¿Cómo ha festejado su día?, se le pregunta. “Trabajando”, responde.

“¿Qué va a hacer cuando salga?”

“Pues a ver qué…”, dice mientras cierra la puerta del automóvil. No se puede dar el lujo de detenerse a platicar, tiene que terminar su turno para poder ir con su familia.

Otro que tampoco tuvo la bendición de pasar el día con su familia fue Mario, taxista del sur de la ciudad. En su coche verde, sufre el calor de Monterrey y trata de no pensar en que el resto de los regiomontanos están disfrutando con su familia.

“Mis hijos anoche cenaron conmigo. Fue como mi festejo… Hoy voy a salir tarde, pero si los encuentro despiertos todavía, a lo mejor y sí podemos ir a cenar hoy otra vez. Es que ni modo de desvelarlos”, comenta.

Trata de no sentirse mal por no poder estar con sus niños, quienes estudian la primaria.

“Gracias a Dios los tengo conmigo todos los días, aunque no los vea tanto”, señala.

“Pero pues qué hacerle, ¿no?, el trabajo del papá es darles una casa, darles de comer y tenerlos sanos. Creo que ellos lo entienden”, dice resignado. 

“Qué hacerle, ¿no?, el trabajo del papá es darles una casa, darles de comer y tenerlos sanos”