Los desplazados

Habito en una nación donde el desalojo está sustentado bajo el siguiente argumento: “Viven mal, viven en riesgo, sáquenlos, hagamos edificios nuevos”, en este país el embellecimiento de la ciudad ...
Los desplazados.
Los desplazados. (Jesús Martínez)

México

La memoria es una perra sarnosa, le desprecian, le patean, nada aprendemos, la memoria es una perra vieja sin dientes. Somos un país de muertos sin identificar en fosas, somos la bota que destroza al jodido, todos de alguna forma participamos en la cadena de odio, algunos también de cierta forma nos zafamos de la indiferencia. ¿Qué patria tiene el pobre? Cuerpos y rostros desechos por balas, festín de sangre y tripas. ¿Qué patria tiene la clase media? Una disfrazada de progreso, compras a meses sin intereses, un trabajo mal pagado. La patria del poderoso: casa con playa privada pagada por el pueblo. La práctica del desalojo en México, DF, es escandalosamente alta en últimas fechas. Colonia Centro, Juárez, Obrera, Doctores, Roma, Pensil, Tlaxpana, algunas en las que existen varios predios en riesgo. Los derechos de las personas son violados de forma constante. El derecho a la vivienda digna, seguridad y educación, no se cumplen, con miedo viven los habitantes de Mérida número 83, colonia Roma, sus derechos individuales son inexistentes, la atmósfera es de constante miedo ante el probable desalojo. Los responsables obedecen a intereses monetarios.

Asociaciones como Provivienda Independiente, hacen negocio con el dolor de las familias y locatarios de dicho predio. Los vecinos, a quienes constantemente amenazan, están cansados de que constantemente les pidan dinero para pagar las guardias, constituidas por personas ajenas al inmueble. Sus habitantes permanecen en una especie de secuestro, deben pedir permiso para poder entrar y salir del edificio, pueden negárselo, les “recomiendan” no salir mucho. ¿Quiénes resguardan la puerta? vecinos, hombres y mujeres desconocidas, firman la libreta de guardias, algunas direcciones son falsas. Un vecino con problemas de salud fue testigo de la forma en que rompieron a golpes una puerta para entrar a un departamento, me mostró copias de la libreta de guardia, de las cinco personas que firman, ninguna vive en la dirección que registran, al buscar las direcciones, me encontré con una tortillería, un taller mecánico, un predio abandonado. Día, tarde, noche, madrugada, la puerta está custodiada por personas que Norma Moreno Iturria llevó para resguardar el inmueble ante la posibilidad de desalojo. La situación es tensa, muchos de los vecinos se apoyan en las guardias por miedo, porque no les queda de otra, le abrieron la puerta, ahora deben pedirle permiso para salir, otros creen en las promesas que les ha hecho: un departamento, un hogar para sus familias. La invasión de predios y edificios es un negocio para ella, una profesional de la intimidación. Si uno rasca, encontrará que se dedica a defraudar familias bajo la máscara de justicia y vivienda digna. ¿Quién es?, nadie sabe, pese a que existen órdenes de aprehensión en su contra, no la han detenido, opera de forma impune, ocupando predios abandonados o con problemas, ganándose la confianza de los vecinos, una vez que la dejan entrar es imposible sacarla, toma el control, engaña, le aprueban la construcción de departamentos, mete a su gente, ha despojado a los que le abrieron la puerta creyéndola una luchadora social a favor de los sin casa. Una vecina hace unas semanas, fue despojada de su departamento en su ausencia, estaba recién operada, aprovecharon la situación para introducirse en su departamento y despojarla. Recientemente en Mérida 83 han abierto los cuartos de servicio de la azotea, desconocidos se han atrincherado en varios departamentos, tienen perros pitbull, no salen,  no reciben atención veterinaria,  ladran a todas horas: maltrato animal y humano van unidos. Los invasores de predios profesionales, es decir, los que reciben sueldo, la recompensa de un departamento, los que se prestan para sacar a golpes a los vecinos que estaban antes, no tienen escrúpulos. Años atrás, en ese predio, varios vecinos y locatarios pagaron a un abogado por los departamentos donde viven, visiblemente defraudados, el recibo de compraventa en algunos casos jamás llegó, en otros un simple papelito de papelería con una firma garabateada, sin fecha, sin nombre.

El viernes 8 de septiembre de este año, todos los vecinos y locatarios de Mérida 83 fueron secuestrados por la gente de Norma, ella estuvo presente dirigiendo las acciones: “Nadie sale”, mantuvieron varias horas encerrados contra su voluntad a los vecinos, debido a una amenaza de desalojo de parte de un vivo que les cobro dinero antes por rentas o venta de departamentos. Cambiaron la puerta, la chapa, desde ese día nadie tiene llave, solo Norma y su gente. El desalojo es tolerado, se cubre por las autoridades corruptas de la ciudad, no soluciona los problemas de vivienda o crisis urbanas. Los desalojos forzosos destruyen violentamente lo que las personas consideran su hogar, es un daño gravísimo a los derechos civiles, se trata de un proceso de privación de la vivienda, no existe una reacción humanitaria y solidaria ante la crisis mundial de los desplazados. La discriminación progresiva aplasta al barrio. “Vivimos con miedo de que nos saquen a golpes”, me dice el vecino de Mérida 83; sus manos tiemblan, “tengo mucho miedo, nos vigilan, cuando salimos a veces nos siguen para ver a dónde vamos, interrogan a nuestras visitas, no diga mi nombre, se lo suplico, quiero que se vayan las personas de Norma, quiero que nos dejen vivir en paz, apoyo para mis escrituras, hemos dado mucho dinero a esos bandidos”. Los proyectos de desarrollo están acabando con las viviendas, ¿quién puede pagar una renta de 5 mil, 6 mil, 8 mil o más? En este país se atenta contra los que ganan el salario mínimo 67.29 pesos y se jode a las personas que no tienen un sitio para vivir. Los desalojados no solo pierden su techo, también su identidad, su pasado, sus objetos personales, existen casos donde entran las excavadoras y pisan los recuerdos, el patrimonio, la foto familiar irrecuperable. Este país se cae a pedazos. Mala actriz hace berrinche por su casa de millones, no debemos cuestionarnos si ella la merece o no, debemos preguntarnos que mientras algunos no tienen ni siquiera un atole diario para soportar la joda diaria, el Presidente compra corbatas de miles de pesos; la señora, que me niego a llamar primera dama, hace un acto telenovelesco absurdo que hasta Patricia Chapoy criticó. Vivo en un país donde el desalojo está sustentado bajo el siguiente argumento: “Viven mal, viven en riesgo, sáquenlos, hagamos edificios nuevos”, en este país el embellecimiento de la ciudad está manchado de sangre e injusticia, en este país donde la vivienda es un derecho básico, aquí, nos tenemos que proteger con palos y piedras contra granaderos, grupos de golpeadores, vagoneros contratados, matones, aquí nadie cuida a los desalojados, son las huellas de cochambre que pretenden borrar, a nadie parece importarle.

Aquí las revoluciones han servido para encumbrar al poderoso, para aplastar más al pobre, para usarlo y desecharlo. La revolución debería acabar con la miseria. Estrecho la mano del vecino de Mérida 83, me quiere invitar a cenar, cuenta sus monedas, “la invito a cenar”, le digo que sí, ignora que no permitiré que pague. Tras un chocolate en El Gradios me dice “perdóneme por llorar, hace muchos meses que no estaba tranquilo, me quité un peso de encima, vivo casi secuestrado, les tuve que decir que iba al doctor, casi nunca salgo”, llora cubriéndose el rostro como un niño asustado, pienso en todos los vecinos que debemos irnos a buscar “patria” a otro barrio. Pienso en Vértiz 189, la construcción que está dañando las viviendas de los vecinos de al lado que no salen todavía. Inician la construcción a las siete de la mañana cuando su permiso es de las ocho a las seis, siguen trabajando pasadas las 11:30 de la noche. Lo dejo en su barrio, atravieso la franja que divide una realidad de otra, distintas, cercanas. Pateo con rabia y tristeza las hojas del otoño tardío, caminando sobre avenida Cuauhtémoc, frente al número 183, descubro que sigue ahí la manta, ¡Primero los pobres!, en letras rojas, se trata de otro predio que recibe constantes amenazas de desalojo, culpan a un libanés y a un mexicano de corrupción, piden al Invi, al GDF, apoyo, no son instituciones muy confiables.

El ciudadano desesperado acude a ellos, igual que lo hicieron los vecinos del predio de Guadalajara número 36. Atisbo, tocó, una mujer se asoma de una ventana que está al fondo, le explico que trato de hablar con los vecinos amenazados y grita: “Vivimos con miedo de que nos maten o nos desaparezcan”, me invita a entrar, tengo miedo, un hombre vigila afuera del negocio de comida libanesa, toma una foto: sonrío. Unos chicos vestidos de negro pasan en la acera de enfrente, van a la marcha, el desfile militar fue suspendido. Sigo sonriendo a la cámara. Las manos no fueron hechas para implorar.

*Escritora. Autora de la novela “Señorita Vodka” (Tusquets)