CRÓNICA | POR PABLO REYES

“Agárrate bien de mi, no te me vayas a soltar porque nos aplastan”

Los habitantes cercanos a la obra vial no dudan que beneficiará, pero mientras arriesgan su vida.

Los trabajos del desnivel generan tráfico.
Los trabajos del desnivel generan tráfico. (Moisés Alonso)

Altamira

Hay mucho ruido en la avenida de la Industrial del municipio de Altamira. Una empresa constructora realiza los trabajos de edificación del paso a desnivel a la altura del Barquito.

El sol tiene poco de haber salido, pues es muy temprano. Los trabajadores y las familias se congregan a los costados de la transitada arteria, para cruzar y trasladarse hacia sus respectivos destinos.

Unos a la industria, otros al comercio en el municipio de Tampico, y decenas de estudiantes de nivel medio superior y superior, quienes al no haber infraestructura educativa de estos niveles cerca de sus domicilios, deben de trasladarse hacia otro municipio o a la cabecera de la urbe industrial.

Hay Tránsitos en esta zona, pero no están al pendiente del cruce de las personas, sino que están muy atentos en revisar las unidades que circulan por el lugar, provenientes del Libramiento Poniente.

Mientras ellos piden a las unidades de gran magnitud que se orillen pasando el semáforo, la ciudadanía trata de armarse de valor para pasarse corriendo una vez que dejen de circular la mayoría de los vehículos que provienen del libramiento; no le pueden pensar mucho, porque de inmediato también se pone luz verde para quienes vienen de Tampico.

Una señora toma por el brazo a su hijo y le dice: "agárrate bien de mí, no te me vayas a soltar porque nos aplastan". Se ve como dejan pasar un carro y corren porque a poca distancia vienen los demás.

En el parabús de sur a norte, está lleno de tantas personas que salen de las colonias que conforman el sector Miramar para tomar el transporte público. Unidades grandes y pequeñas, disminuyen la visibilidad de cruce para los peatones.

Al mismo tiempo las grúas, aplanadoras y retroexcavadoras, realizan maniobras en el camellón central, situación que también pone en alerta a los ciudadanos, porque el peligro no acaba al pasar la carretera, sino que también se deben cuidar de los trabajos de construcción.

Del otro lado (tramo de norte a sur), ha desaparecido el parabús que brindaba seguridad a quienes esperan el transporte. Solo hay conos rojos que limitan el espacio de maniobra de la empresa.

Ahí, la gente se encuentra tras la señalética antes mencionada para evitar ser embestidos por algún automóvil. Cuando ven que se acerca la ruta que están esperando, se asoman por detrás de los conos y hacen la parada.

Extrañamente un joven vestido de mariachi se encuentra en este sitio, pero no se ve que esté esperando el autobús, sino que hace uso de su guitarra y canta algunas canciones de este género.

Ya al atardecer, llega la hora de la salida de todos los trabajadores en la zona. Este punto se vuelve prácticamente intransitable y gran cantidad de automóviles se quedan varados por lapsos de hasta media hora.

El cruce de peatones permanece en la misma cantidad, la única diferencia, es que ahora pasan entre los carros y camiones, esperando no toparse con algún despistado o apresurado, que pise el pedal de aceleración sin primero percatarse de que hay gente atravesando.