Por los 43 y por la desiguladad, pues

Desde septiembre ocurrieron la mayoría de las grandes historias que marcaron al país este año: la revelación del ajusticiamiento en Tlatlaya, la masacre de los normalistas, las marchas, el ...
Por los 43 y por la desiguladad, pues.
Por los 43 y por la desiguladad, pues. (Luis M. Morales)

Te escribo estas líneas ora que en otras tierras y al verte tan sola y triste, cual hoja al viento, quisieras llorar de sentimiento. Por acá la cosa está tranquila, aunque las protestas se han puesto duras.

Y pues sí, al barrio comenzaron a llegar los compas que lograron brincar al otro lado para chambear; les pega la Canción mixteca, como a ti, y en cuanto pueden se dejar venir para ver a la familia, y preguntan por parientes y amigos y acerca de las marchas, quieren ponerse al día, y como ya te escribí a ti: les decimos que todo se acumuló el 26 de septiembre, un viernes como cualquiera: pentonteando en la internet, luego de los días en que anduvo uno buscando en qué ocuparse...

Con el Camalote platicamos que apenas se calentaba la cosa con el caso de los ajusticiados por el Ejército en Tlataya, Estado de México, donde se supo que los militares asesinaron a 21 de 22 jóvenes, a pesar de que éstos se habían rendido. Esa noche el Gomolá había pirateado la cuenta del tlapalero para conectar su tablet al internet, y localizó el YouTube para ver al viejo Leon Russell y sus Friends en 1971, echándose en un palomazo Honky Tonk Woman, y luego esa clásica ranchera: Margarita, Margarita, con el Flaco Jiménez y Max Baca, en idioma pocho; así, y ya tardecito, platicamos de la cancelación de obra de la refinería de Tula, que hizo cerrar unos 5 mil negocios que habían llegado a Hidalgo, y hubo quiebra de los ejidatarios, que metieron su lana obtenida por la venta de sus tierras en proyectos que no pegaron por la suspensión de la obra. Adiós a la idea de irnos a la peonada.

Y de eso platicábamos a los compas mojarras, y también de cuando en la tablet dimos con un canal, el Youtube/Salivemudo, que informaba el 27 de septiembre de lo ocurrido en Iguala esa madrugada, prendita del alma: que hubo dos ataques con balas, y que resultaron al menos ocho muertos y unos 20 heridos; tres de los muertos, decía el locutor, eran estudiantes normalistas de Atyozinapa y otros tres eran jugadores del equipo de futbol Avispones, además del chofer del equipo, que murió. Una mujer que se trasladaba en un taxi, también, y el taxista que manejaba, igual; aclaraba el video que estaba sin confirmar la muerte del entrenador de los Avispones.

Luego, mi almita, las cosas se calentaron por la desaparición de 43 estudiantes de la normal Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. Y por toda la desigualdad, pues. Mucha gente sale a las marchas; hasta el Gomolá, el Camalote y yo fuimos a babear con los hijos del Gori: uno de la UNAM y el otro del Poli. A Cuauhtémoc Cárdenas lo echaron de la marcha y persiguieron por varias calles, que porque su partido político lanzó y apoyó al presidente municipal de Iguala, y al gobernador guerrerense. Cayeron los dos.

Luego fui a ver a mi abuela Pato: sigue tan anciana como la conociste, pero no se le quita lo dicharachera. Me pidió que te saludara, que ya se te hará regresar, porque “a donde el corazón se inclina, el sol camina”, pero que no desperdicies tu estancia en el otro lado: “Aprovéchate gaviota, que no verás otra...”

Luego de la cena —verdolagas en chile verde con carne de cochi— mandó por una cerveza; con el picorcito del chilito verde, me supo de lujo; quise mandar a un chamaco por la otra, pero la agüe como que puso cara…

Me arrepiento de comentarle que todavía no encuentro chamba y que me desespero: “Ay m’hijito: a la puerta del que sabe trabajar, asoma el hambre y no se atreve a entrar.” No entiende que la cosa del desempleo está del cocol, que en el gobierno y las empresas siguen recortando gente y cuando hallas algo, quieren pagar abajo del mínimo. Aunque sea de prestado pienso alcanzarte, le dije, porque aquí vale para puras vergüenzas. Pretextos, dijo: “Se te fue viva la paloma y ya te anda por verla de nuevo. Si tuviera dinero yo te prestaba; pero como no, pues a ver cómo le haces: al que le apura el hambre, atiza el fogón, y no te la vayas a pasar haciendo agujeros para tapar otros, porque puedes terminar con un huarache en la mano y el pie ampollado...

Con eso me impidió lanzarle el sablazo. Días delante se vino la marcha aquella del 8 de noviembre, donde al final unos acelerados flamearon la puerta a de Palacio Nacional; al otro día don daba risa (y miedo) a Gomolá y al Camalote porque todos decían “Puerta quemada”. Fue una exageración: un dragonazo pa’ la foto, con facilidades pa’ los actores. Los polis andaban sin uniforme, como espectadores, para luego dejarse ir sobre el que fuera. Salimos tendidos de ahí, pero con miedo de que fueran a pepenarnos y acusarnos de pípilas…

Picarona como es, la abuela Pato dice que aprovechemos la vida pero sin comérnosla a puños, que la gota es blanda y la piedra dura, pero que gota a gota hace cavadura.

—Uta, a ese paso nos vamos a morir —le dije.

—Eso sí que no: a ver cómo le hacen pero se dan su tiempo para darle gusto al gusto: quien quita y me den nietos: antes que a ustedes se los coman los gusanos, aprovéchense como humanos... pero antes que nada, tengan clara la cabeza y no se piensen que el mundo se les va a acabar. Tengan presente que en los grandes aprietos crece el entendimiento: hay tiempos de tirar cohetes y tiempos de recoger varas, m’hijito.

Varazos los que repartieron después, almita mía: otra vez ahí vamos el Gomolá, el Camalote y yo el 20 de noviembre. Con los hijos del Gori nos arrejuntamos en Tlatelolco a la marcha de estudents. Otra saldría del Monumento a la Revo y una del Ángel de la Independencia. ¡Qué gentío de gente, mi alma, por ésta! El cuerito se enchina, la boruca y relajo de los chavos contagia. Plan con maña, desde temprano cerraron Madero y Eje Central. Las marchas entraron por Cinco de Mayo y los papaces de los desaparecidos hablaron desde enfrente del Palacio Nacional, ora sí bien protegido y hasta con doble cerco. Ya nos íbamos al final pero dimos un rol frente a la puerta Mariana; otra vez una raza mínima, acelerada, provocaba al grito de puercos, puercos, puercos, y en la calle de Corregidora, desde la plaza hasta Correo Mayor, los granaderos. Vámonos que aquí va a haber chingadazos. Y dicho y hecho, mi alma: cambiamos de rumbo y en vez de Pino Suárez jalamos p’al Metro Allende y los que quisieron salir por Madero y el Eje, éjele: se dieron gusto los robocops con ellos. La marcha del 1 de diciembre otra vez la ensuciaron los dizque anarcas que, cosa rara, tienen todo a su favor para saquear y desmadrar escaparates. Las calles están cada vez más calientes durante las marchas. Y como que quieren espantar a la gente para que no salga. Al Preciso se le cayó contratar a los chinos para hacer un trenecito, y a su doña le saltó su Casa Blanca butimillonaria. Quesque corrupción, dicen. Cosa rara acá, ¿que no?

Y ¿en qué acabará todo esto? Quién sabe. Sólo espero que tengas pronto esta carta en tus manos y que la pongas ahí donde más me extrañes. Voy y vengo: a ver a quién sableo. Si consigo monedas, ¡allá voy de mojao, mi almita! Pones sábana roja: iré vestido de torero.