México vs Camerún, el partido que unió a desconocidos

Juan Manuel y Ernesto disfrutaron juntos el futbol gracias a que en un local de la Plaza Morelos estaba instalado un televisor, ahí, en una de las bancas de la zona peatonal, vivieron el Mundial. 
Al finalizar el primer tiempo del partido, cada uno retomó su rumbo.
Al finalizar el primer tiempo del partido, cada uno retomó su rumbo. (Foto: Ricardo Alanís)

Monterrey

No se conocían pero disfrutaron del partido de fútbol entre México y Camerún tan unidos como si fueran hermanos.

Era de mañana y el sol caía a plomo, Juan Manuel y Ernesto caminaban cada quien por su lado, en la Plaza Comercial Morelos, en su vida se habían visto, pero coincidieron en acercarse a una modesta tienda de regalos, en la zona peatonal de la calle Galeana, debido a que el encargado instaló una pantalla de televisión para ver el partido en alta definición.

El lugar casi perfecto, no les daba el sol -que a las 11:00 horas y en junio es criminal-, tenían frente a la pantalla una banca nuevecita, recién instalada ahora con la remodelación de Morelos, y además, el juego era gratis, por lo que no la pensaron dos veces: se sentaron y vieron el encuentro donde México pintaba como favorito ante los Leones Africanos.

Estaban sentados juntos, hombro a hombro, sufrían y gozaban en el partido de vaivenes de la Selección Nacional.

No habían pasado ni 25 minutos del juego y se anuló el primer gol a México; Ernesto reprochó al árbitro: "No era fuera de lugar, se la bañó"... Juan Manuel le hizo segunda: "Ya empezaron con chingaderas y cosas raras, nos van a echar fuera".

El juego siguió, la emoción también, y el segundo gol anulado llegó: "Chingado, otra vez; qué te dije compi, ya traen sus cosas raras, no quieren que México pase a la otra ronda".

Sin querer surgió en ese momento una amistad momentánea, mientras observaban el juego, al tiempo que muchos pasaban frente a ellos indiferentes a la pantalla y al partido, pero otros poco a poco se fueron uniendo, hicieron una pausa en el camino y se quedaron a ver el futbol.

Ya en el lugar había 10 personas, nadie se conocía pero los unía la verde. Todos querían ver triunfar a la Selección, todos con la esperanza, como si eso nos llevara al primer mundo, como si nos volviera potencia económica.

Esas 10 personas, con excepción del encargado de la tienda, iban de paso, interrumpieron su rutina laboral, para detenerse y observar el encuentro.

Casualmente se escuchó el silbatazo que ponía fin al primer tiempo, y con ello, el grupo que se formó se desintegró, algunos siguieron su camino, otros se metieron a una tienda de conveniencia en la esquina de Galeana y Morelos.

Juan Manuel se fue por Galeana rumbo a Padre Mier y Ernesto se metió a una cafetería a unos metros de donde convivieron. No se despidieron y seguramente no se volverán a ver.

Los 15 minutos de descanso en el partido se fueron como agua, y al iniciar el segundo tiempo, en un puesto de venta de cuarzos y piedras raras, dentro de la feria artesanal que se encuentra en los alrededores del Museo Metropolitano, los artesanos estaban atentos a la Selección Mexicana.

En el local hay un letrero que reza "Lectura de la mano gratis en la compra de un cuarzo"... pero como si no existiera, nadie quería comprar un cuarzo en ese momento, a menos que la lectura de la mano dijera que México ganaría.

Chicharito y Oribe Peralta tenían vueltos locos a los rivales, también a esos artesanos que gritaban "ya métanla", "ya métanla", cada que México se aproximaba a la portería de Camerún.

El destino y Peralta les hicieron caso: el gol cayó, y estos comerciantes no ocultaron su alegría 1-0, después de dos goles anulados injustificadamente, ya se daba un respiro.

Quizá ellos no habían logrado una sola venta ni lecturas de manos en toda la mañana, pero recibían oxígeno puro con el gol.

Minutos más tarde el partido terminó con la victoria azteca, todos aquellos que en el centro de la ciudad hicieron una pausa en su vida cotidiana para ver el juego se divirtieron y lo disfrutaron, pero al concluir regresaron a su triste realidad: a seguir trabajando y a esperar para el próximo juego la semana que viene.