Custodio de Hacienda de Icamole pasa días difíciles

Ante la falta de apoyo para mantener la conservación del sitio, Luis Alférez Patlán indicó que es una responsabilidad histórica cuidar de este lugar. 

Luis Alférez Patlán está sentado en la entrada de la Hacienda de Icamole, una construcción que data de 1811 a 20 kilómetros del centro de García.

Es la tarde de un día soleado y empieza a correr un viento cálido. De pocas palabras, Alférez refiere que la hacienda, con más de 200 años, se sigue conservando en perfecto estado.

Quien fuera artista plástico, propietario de un restaurante y regidor en el municipio de García, pasa sus días como vigilante de la histórica construcción, famosa por ver llorar al general Porfirio Díaz, tras perder una batalla en 1876.

“Tiene más de 200 años esta hacienda. Ahora yo la estoy cuidando, nadie se hace responsable de ella”, afirma, con voz pausada, Luis Alférez Patlán.

Mientras continúa explicando varios canes olfatean su mano, la cual les regresa una caricia a las mascotas. Diversas botellas de licor vacías lucen en el pórtico de la hacienda, que funcionó como Hostal del Desierto durante algunos años.

Por más de 30 años Alférez se ha hecho cargo de la hacienda, un importante centro comercial durante la mitad del siglo XIX que fue fundado por el general Jerónimo Treviño.

Al estallar la Guerra de Tuxtepec, un ejército comandado por Porfirio Díaz combatió contra las fuerzas de Julián Quiroga. Díaz se retiró derrotado de la contienda y por ello se le vio llorando de coraje recostado sobre un árbol, que todavía se conserva en la plaza principal.

“Claro, la leyenda se sigue contando. Cuando remodelaron la plaza no quise que lo tumbaran”, dice refiriéndose al árbol donde supuestamente lloró el ex presidente mexicano.

Un segundo auge de la hacienda lo vivió cuando se convirtió en una de las principales proveedoras de cebada para la Cervecería, a comienzos del 1900.

De toda esta historia ha sido custodio Luis Alférez Patlán, quien hoy en día vive días complicados debido a la falta de apoyo para mantener la conservación de la hacienda.

“Para mí ha sido una responsabilidad histórica cuidar de esta hacienda, en parte porque es mía. Pero esto va estar hasta que yo siga aquí”, expuso.

Durante su estadía en Monterrey Alférez organizó diversas exposiciones además fue el pionero al introducir la celebración del Día de Muertos en la ciudad, aunque la primera experiencia no fue del todo grata.

“Me corrieron, me gritaban ‘¡el diablo!’ por traer esa tradición”, relata entre risas.

El poblado de Icamole se ha convertido en un punto de visita para los turistas extranjeros, gracias a su arquitectura vernácula y la infinidad de leyendas que se cuentan en la zona desértica.

Por ahora, la zona sigue contando con un vigilante que permite conocer una construcción mayor a 200 años, la llamada Hacienda del Llorón de Icamole.