CRÓNICA | POR IMELDA TORRES

Prefiero el estudio que las maquinitas: Edwin

Asegura que no le atraen las maquinitas ni los videojuegos, aunque reconoce sí ve la tele.

Ciudad Valles

Edwin Osiris dice que sus padres le han inculcado el gusto por los estudios; ambos son maestros pero dice que su logro ha sido gracias a su esfuerzo, porque para él sería fácil irse a las "maquinitas" junto a sus primos y amigos, pero prefiere quedarse en casa a hacer la tarea o repasar la clase que no entendió.

"Salí bien en la Olimpiada porque me puse a estudiar mucho, el examen se me hizo fácil porque repasaba a diario español, matemáticas, ciencias naturales, historia, geografía y cívica, una hora y media diaria, pero también me doy mi tiempo para salir a jugar. No me llaman la atención las maquinitas ni los videojuegos aunque sí veo la tele", expresó.

Su materia favorita es Ciencias Naturales y de grande quiere estudiar Medicina para ser doctor en la comunidad, "porque el único centro de salud está en La Lima, a cinco kilómetros de aquí y ahí va toda la gente de la zona indígena y a veces no los alcanzan a atender, entonces se tienen que ir hasta Valles", mencionó.

Su maestra Marlene Martínez Pérez, refiere que sus alumnos son estudiantes ejemplares; ella les ha dado desde cuarto grado pero dice que contó mucho que su anterior maestra que les dio desde primero, sentó las bases para hacerlos destacados.

"Son muy bien portados pero sobre todo son autónomos, o sea no les tengo que andar diciendo qué van hacer por ejemplo en una actividad grupal ellos solos se ponen de acuerdo y sacan adelante el trabajo".

Esto es más que un mérito, porque la mayoría de los niños – de ascendencia indígena – son de escasos recursos.

"Hay niños que se vienen caminando ya no tanto como era antes, porque ahora ya hay escuelas en casi todas las comunidades, el que viene de más lejos camina como un kilómetro y medio y hay una niña que sí vive lejos, en Rancho Nuevo, pero usa el transporte ejidal para llegar", explicó.

Algunos de ellos son beneficiarios de Prospera, pero los bajos ingresos de sus padres no dan más que para, a veces, dos comidas al día.

"Muchos llegan sin desayunar y sin lonche pero compañeritos les comparten de su comida", refirió.

Bajo los mesabancos, llaman la atención los zapatos roídos, en algunos se alcanza a ver el color de los calcetines.

El ejido se encuentra a 13 kilómetros de la ciudad, su dialecto es el Tének, los ejidatarios tienen pequeños sembradíos de caña, el resto se dedica a la venta de productos del campo, mientras que otros son empleados en comercios también en la cabecera municipal.