Warcry inmortaliza la noche en Monterrey

No cabía ni un alma más, miles de seguidores del metal disfrutaron de un concierto de dos horas, por el cual habían esperado más de cuatro años.

Monterrey

Entrega total se vivió anoche en el concierto de Warcry en Monterrey, el último de su gira Inmortal, en México.

Los asturianos interactuaron con el público de principio a fin y no hubo canción que la audiencia no se supiera y cantara junto al grupo.

Sin banda telonera, el concierto comenzó aproximadamente a las 21:30, atiborrado de gente en todas sus localidades.

El primer golpe de la noche fue "Quiero oírte" y los fans no los hicieron esperar, respondiendo con toda su energía hacia el escenario, ofreciendo todo su cansancio luego de esperar largas horas afuera del recinto, haciendo fila para entrar.

Warcry fue recorriendo todos sus álbumes en el setlist de la noche y cada canción iba acompañada de un mensaje que Víctor García, su vocalista, compartía con todos.

En ocasiones el micrófono también era tomado por el guitarrista Pablo García, siempre y cuando no estuviera corriendo por todo el escenario con una bandera de México colgando de su guitarra, como si fueran las estelas tricolor de un fugaz cohete.

Santi Novoa en los teclados y Rafael Yugueros en la batería, dieron todo de sí pero a Roberto García, el bajista, no le bastó con entregar su talento sobre las cuatro cuerdas, sino que además arrojó su camisa al mar de gente.

No falto quien se desvaneciera entre el público y otros casi se sofocan ahí dentro, pero nada que pasara a mayores; nada impidió que la gente siguiera cantando canciones como "Coraje", "El amor de una madre", "Cobarde" y "La vieja guardia" en donde Víctor señaló que era importante cuidar y apoyar a aquellos que apenas van dando sus primeros pasos en el metal.

Cuando la banda había dicho adiós y se había ido a la parte trasera del escenario, todos comenzaron a pedir más, su fuerza aún no se acababa.

"Oe, oe oe oe, Warcry, Warcry" gritaba la gente, y enseguida se escuchó salir de las bocinas " A principios del siglo XIV, el Papa Clemente V y el Rey Felipe IV de Francia deciden ante el creciente poder del Temple, perseguirlo y condenarlo bajo cargos de sacrilegio, herejía e idolatría", lo cual anunciaba que la banda saldría nuevamente a la tarima.

Así fue como interpretaron por último, "La maldición del templario", "El guardián de Troya", y dejaron claro que esta escena musical del metal no morirá nunca, entonando el himno "Hoy gano yo".