CRÓNICA | POR PABLO REYES

“Ahí va un lagarto, se va a comer al perrito”

Los visitantes al mirador de cocodrilos de la laguna del Carpintero nunca se imaginaron conocer al temerario nacho.

Ignacio tiene 10 años dando pollo a los saurios de Tampico.
Ignacio tiene 10 años dando pollo a los saurios de Tampico. (Yazmín Sánchez)

Tampico

Es un día soleado en la ciudad de Tampico, se nota una mayor presencia de visitantes en uno de los principales atractivos para el turismo, que es la laguna del Carpintero, reconocida por la gran cantidad de cocodrilos que posee, además de flora y fauna.

Muy cerca del parque metropolitano, se encuentra el mirador de cocodrilos. Ahí llega el Tranvía "Tampico-Miramar", de donde descienden aproximadamente 20 personas. Al entrar a este lugar, se encuentran con la fi gura representativa de estos saurios; de inmediato sacan sus teléfonos celulares para tomarse "selfies".

Niños y jóvenes son los más asombrados al apreciar a los cocodrilos que se encuentran descansando cerca de los barandales de protección. Con temor se acercan para captar algunas imágenes.

De pronto llega al mirador Ignacio Bautista, mejor conocido como "Don nachito", quien desde hace más de 10 años alimenta a los reptiles directamente en su hábitat natural y sin ningún tipo de protección. "Mira el señor se pasó la barda", "Los va a alimentar", "No te creo, ¿enserio?" es lo que se escucha entre la multitud mientras nachito pasa las mallas de protección.

Nachito saca entre sus pertenencias una bocina, que al encender, toca una canción de estilo rap, cuya letra describe su vida con el paso de los años y lo atractivo que es su actividad para los turistas.

Casi instantáneamente, cerca de seis cocodrilos se acercan con rapidez hacia donde él se encuentra. Como si fuesen sus mascotas, lo rodean y abren la boca.

"¿No tiene miedo que lo muerdan?" Dice una de las presentes. Mientras que don Nachito responde: "Ya me conocen, cuando escuchan la música saben que estoy aquí, pero de todos modos se deben tomar precauciones, nunca los pierdo de vista".

De entre sus cosas saca piezas de pollo, que empieza a repartir entre los cocodrilos que arribaron. Los presentes siguen sin creer lo que están viendo; toman fotos y hacen preguntas, mientras más gente sigue llegando al ver lo que estaba sucediendo.

Los más beneficiados son los puestos de objetos de recuerdo, así como paleteros y vendedores de comida chatarra que se encuentran en este mirador, obteniendo mayores ganancias por la gran cantidad de gente.

Los saurios que llenaron su apetito, se retiran y llegan más. La música sigue sonando. Las personas prefieren quedarse sobre el área techada para evitar los rayos solares.

Antes de que Nachito terminara, un perro ingresa a la zona donde están los saurios en completa libertad. "¡Se lo van a comer!" dicen niños asustados. Toda la atención se centra en el canino que inconsciente del peligro, se acercó hasta tomar agua de la laguna.

"¡Mira ahí va un lagarto, sí se lo va a comer!" expresan otros mientras graban para captar lo que pudiera pasar. Después de pasearse como si nada, el perro logra percatarse de la presencia de un cocodrilo y corre entre el mangle hasta salir a la calle perimetral.

Por último, el alimentador de los reptiles retira su bocina y sale del mirador. Los animales de esta laguna vuelven al agua, en espera de otra sesión de rico pollo.