CRÓNICA | POR LUCERO REYES

“El río Pánuco era una carretera de cadáveres”

Gritábamos, "mira ahí viene una vaca, ahí viene un burro", los cuerpos de auxilio rescataban los cuerpos de las personas cuando pasaban por el río.

Tampico despúes del ciclón Hilda.
Tampico despúes del ciclón Hilda. (Cortesía)

Tampico

Alfredo Aguayo Meléndez, platica que tenía 12 años cuando sucedió la inundación del Hilda, por su edad no era de gran ayuda acudir al negocio de su papá en el centro de Tampico, se quedó en su casa, en la colonia Campbell.

A pesar de su corta edad, no podía ignorar la soledad, el dolor y la tragedia que se apreciaba entre las casas de madera destruidas y los techos arrancados.

Jamás había visto algo así, pero era un niño curioso como cualquiera, y decidió constatar lo que se decía en ese momento, que la Marina se encontraba en el Malecón sacando cuerpos de las personas que traía la corriente del Pánuco.

"El morbo nos ganó y nos armamos de valor, junto con otros dos compañeros, nos fuimos en bicicleta desde la colonia Campbell hasta las escolleras, al llegar, los marinos intentaron hacernos a un lado, pero al darse cuenta que solo éramos niños, nos dejaron estar ahí".

Comenta que entre los gritos, se avisaban "mira ahí viene una vaca, ahí viene un burro, pero cuando pasaba el cuerpo de un humano, lanzaban un gancho para pescarlo y arrastrarlo hasta la orilla".

Fue testigo de cómo estando ya en tierra, los cuerpos eran acomodados en pilas de 10 personas, a los cuales se les ponía queroseno, gasolina y de manera inmediata eran quemados, por lo que aquel morbo, se convirtió en una terrorífica experiencia.

"El río Pánuco era una carretera de cadáveres", recuerda, hasta hoy se ignora cuántas personas murieron y quedaron desaparecidos.

El negocio de su papá don Alfredo Aguayo fue centro de acopio, él era socio del Club de Leones y fue ahí donde llegó la ayuda y donde se repartió cientos de bolsas de despensa para las personas que llegaban, incluso del norte de Veracruz.


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