“No hay centros para hombres, entonces te vas a la cantina, con los amigos”

Fernando buscó ayuda para no afectar a su familia y, sobre todo, a su hija.
Algunas veces el daño es más psicológico que físico.
Algunas veces el daño es más psicológico que físico. (Especial)

Guadalajara

Fernando, de 37 años de edad, es uno de los 56 varones que durante este 2014 acudió al taller para hombres generadores de violencia del CEPAVI. En entrevista con este medio, comparte que a lo largo de una década su relación de pareja ha sido de ciclos: a veces todo parece ir bien; a veces pasan días sin siquiera hablarse… aunque él y ella viven en la misma casa. Y otros muchos, en que sólo discuten, se gritan, se hieren.

“Ha habido ciclos en donde quizá los momentos de crisis, de tensión o de estrés son más fuertes, son muy intensos, son difíciles de vivirlos o de comprender qué es lo que está pasando… luego llegan momentos de armonía, de tranquilidad, donde la comunicación es más fluida”, narra.

Como la mayoría, Fernando, cree que parte del problema es “la forma de ser” de cada uno, presente desde su noviazgo. “A  lo mejor por el enamoramiento no nos fijábamos mucho, y lo pasábamos como algo de lo que se podía salir adelante, pero  algunas de esas inquietudes no se platicaban, se quedaban en el tintero, y si las cosas estaban tranquilas mejor ya no hablábamos de las diferencias… pero luego salían los reproches”.

Su mala relación los llevó a tomar terapia de pareja hace cuatro años que, de inicio funcionó. Luego “olvidamos las recomendaciones y volvimos a la rutina diaria”, admite.

Él asegura que no han llegado a los golpes, pero la violencia psicológica no ha dejado de lastimarlos. El roce se volvió insoportable y su pequeña hija de siete años está resultando afectada, por lo que tras una disputa más, se puso a buscar ayuda en internet y apareció en el sitio del Cepavi (http://cepavi.jalisco.gob.mx/ ) un recuadrito verde que dice discreto: Atención a hombres generadores de violencia, el cual explica a grosso modo el fenómeno. Para él fue suficiente y se decidió a llamar al número en la página.

Entró al programa donde un reducido grupo –ocho a doce varones-recibe una plática sobre un tema. Luego lo analizan, lo discuten y comparten sus vivencias con apoyo del guía, un especialista, que los orienta en estrategias específicas para resolver los conflictos y enfrentar las frustraciones cotidianas de manera pacífica.

En ese proceso Fernando ha logrado avances: “contenerme en mis acciones, en mis omisiones, en mis llegadas tarde, en mis ausencias, en mi forma de expresarme”, enumera.

“Cuando me acerqué al grupo era un momento de crisis, pensé que ya no había nada que hacer que terminar la relación…  me acerqué con la idea de buscar la separación… pero como te ayuda a reconocerte, a trabajar en ti, creo que eso te da una posibilidad, una esperanza de mejorar la relación”, dice.

-¿TE HA AYUDADO?

“Sí, sobre todo para no descargar mi estrés con mi hija… por ejemplo, hace poco tenía mucha prisa y ella no se  apuraba. Me vi regañándola… Me detuve, cambié el tono, y le expliqué que tenía prisa”.

También reconoce como un gran apoyo el contar con un profesional dispuesto a ayudarlos. “No hay centros para hombres, entonces te vas a la cantina, con los amigos, a descargar el estrés, pero al final no resuelves el problema que está acabando con lo que tú más quieres, que es tu familia”.

Fernando intenta cambios, consciente de que pese a las malas experiencias, es posible encontrar un nuevo camino para mejorar las relaciones familiares.