Tiene centro tapatío un Buen Fin

El primer cuadro de la ciudad con su cruz de plazas luce limpio y sin comercio ambulante. Estos vendedores deambulan en espera de que inspectores ‘bajen la guardia’.

Guadalajara

Las calles del centro tapatío también gozaron del Buen Fin: por varias horas el corazón de la ciudad, con su cruz de plazas, lució limpio y sin comercio ambulante. Ni siquiera el desfile y ceremonia con que el gobierno del estado conmemoró por adelantado el aniversario de la Revolución Mexicana hicieron merma en este paisaje libre de puestos improvisados y del gentío habitual en la zona.

Durante y tras el desfile, estuvo atento personal del Ayuntamiento tapatío, recorriendo los andadores de Pedro Moreno y Morelos y la plaza Universidad, hacia el poniente, y las manzanas donde se alzan la plaza de la Liberación, la plaza Guadalajara, la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres y la plaza de Armas formando la citada cruz, lo que evitó la instalación de comercio informal en esta zona.

Tan pronto culminó el paso de los contingentes, también estuvieron prestas las cuadrillas del servicio temporal de empleo, quienes hicieron relucir aún más el espacio, al liberarlo de la basura que eventualmente ‘olvidaba’, algún visitante. Su encomienda, dijo Mary, una señora de la tercera edad a cargo de barrer los alrededores de la plaza Universidad, culminaría a las 13:00 horas, con la promesa de ser relevados por otros compañeros.

Los que también aguardan la tarde, para que ‘bajen la guardia’ los inspectores y haya ‘tolerancia’ eran los comerciantes ambulantes, que deambulaban con sus con su mercancía a cuestas, lo mismo en mochilas a la espalda que en bolsas de plástico para basura, en color negro o gris.

Los vendedores informales se mostraban reacios a hablar del tema.

¿No los dejan trabajar?

“No, pues ahorita no… a ver si al rato”, respondió ‘Juan’, quien llevaba un puesto portátil de lentes, los cuales dejaba asomar, pero sin instalarse en un sitio fijo. Caminaba. Se paraba. Volvía a caminar en la misma esquina.

Muy cerca de él, una mujer y un joven hacían lo propio. El muchacho soplaba burbujas de jabón de un solo frasco. El resto estaban guardados en espera de poder iniciar la venta. Ella, daba vueltas de un lado a otro, y hablaba con ambos.

La pulcritud del paisaje permitió a los turistas disfrutar del corazón tapatío y de su arquitectura. Tomarse fotos. Para quienes iban en familia, la habitual compra de frituras y bebidas que exige todo paseo con niños fue sustituida en las tiendas de conveniencia o caminado sólo unas cuantas cuadras: En López Cotilla y 16 de septiembre se instaló un joven con su puesto de papas. Y junto a él, otra imagen infaltable del ambulantaje: la de “marías” vendiendo algunos textiles y pulseras.