Ni el olvido llega a las cantinas tradicionales de San Pedro

El Salón Carta Blanca fue de los preferidos de los trabajadores de algodón en la región, sin embargo ahora es inusual observar mesas llenas o clientes 'sedientos' que lleguen a tomar una 'helada'.

San Pedro, Coahuila

“Todos pensábamos que con la llegada de los militares al municipio, se alivianaría la economía, pero no es así, miren, no tenemos clientela y así no la pasamos la mayoría de los días". 

"Los fines de semana es cuando si acaso vendemos de 2 mil 500 a 3 mil pesos y eso porque viene gente de los ejidos a quitarse la sed en las cantinas locales”, dijo María Elena, responsable de la barra. 

El Salón Carta Blanca es una de las cantinas con mayor edad en la ciudad y referente de la buena economía cuando el campo sampetrino producía.

El Salón fue famoso en décadas anteriores cuando los trabajadores del campo iban a 'curar' la sed.

Esta cantina se ubica en la avenida Lerdo entre las calles Ramos Arizpe y Juan Antonio de la Fuente, en la zona centro.

Para ingresar hay que pasar por un puesto de lonches tradicionales y ahí está la puerta de dos alas, como las del viejo oeste, lo malo, que en su interior no se vislumbra ni una sola alma sedienta. 

María Elena espera en la barra a ver si llega alguien dispuesto a echarse una 'helada' o un caballito de mezcal o tequila, pero nadie entra.

“Así está todos los días, no hay clientela, no hay dinero en el municipio, todo se derrumbó, como la canción, ya ni el algodón se produce como en aquellos tiempos cuando el oro blanco valía y por lógica, todos buscaban donde refrescarse”.

“Creían que iban a encontrar la cantina llena, porque hay muchos militares, nombre, yo creo que a la semana, sí se para aquí uno de esos, es mucho, ellos buscan otras diversiones, donde haya muchachas, nosotros no tenemos permiso para eso".

La cantina vacía, la rockola sin melodías, no funciona, el espacio para la música en vivo, está muerto, dos tres retratos de los iniciadores del lugar y la barra bien servida, pero mal comprada, así es el Salón Carta Blanca. 

Ese que en los sesentas y todavía para los noventas, siempre estaba lleno, con productores agrícolas con 'harta' lana, ya que habían vendido su algodón, música en vivo, la rockola vomitando monedas, en fin, ese salón que como las demás cantinas de antaño de la ciudad, vivieron un romance con la buena economía sampetrina, ahora están en el olvido. 

rcm