¿Pones tu camarita de video?

Ya vas con tus cochinadas. Eres un escuincle. ¿Qué nunca piensas crecer? Ya estás grandecito para andar con esas pendejadas. Reflexiona, cavila, ¿qué ganas con calentarte a lo pendejo?
Aventura en el "Feis".
Aventura en el "Feis". (Luis M. Morales)

México

Hola, ¿qué tal el calorcito?

—Puxhala, muy juerte. Dentro de la casa se siente fresco pero afuera está que arde.

—Pensé que me visitarías. Supe que anduviste por estos lares. ¿Ya te agarró de gato la mona esa? ¿Te encarga que te lleves camotes de La Merced? ¿O por dónde trabajaba ella? Con que no la hayas levantado de Sullivan, porque te me harías sospechosito…

—¿Para qué te visito? ¿Para que digas que estoy panzón y viejo y que con tu hermana me emparejo? No tiene caso. Lo que no funcionó, no funcionará. Y no, no era vestida de Sullivan. Y si hubiera sido, a ti qué.

—Qué sentidito del rabo te has vuelto. No quieres que toque a la changa esa ni con el terciopelo del altar de la Virgen de la Soledad. A ella se encomendaba cuando andaba en el talón ¿qué no?

—Ni modos, así soy, así estoy bien. ¿Cómo están los niños? ¿No necesitan nada?

—Bien, combaten la calor con agua de melón. Y de necesitar, claro que necesitan un padre, no un recogedor de basura como tú. ¿Que les tembló en Guadalajara? ¿No murió aplastada mi rival, tu brujer?

—Brincos dieras. Estamos sanos y contentos, para que te dé pinchi envidia, que si fuera tiña estarías pelona como bola de billar… Ve con el sicoloco, que te dé una limpiadita de cerebro. Acá la cosa no nos afectó, y no he visto las noticias.

—¿Cuándo vienes a este paraíso? Hay temporadas en mi vida que ni las moscas me visitan y otras en que se junta el enjambre como nube sobre caca, se me apila la tarea. Ya no lo hagas por mí, sino por ellos: te extrañan, preguntan por ti, que cuándo vendrás. Acaba de caer un chubasco, pero qué digo: mega chubasco, se cayó el cielo, ¿por allá cómo los trata el clima?

—Ni gota hoy, vieja…

—Vieja con la que duermes y le apestan las patas…

—Ah, ¡qué ganas de chingarte la existencia y la de los demás!  ¿Qué te cuesta hacer el intento de ser feliz?

—No puedo. Te odio y te quiero, así pasen los siglos. Con la lluvia ya ni salí. Ni los perros. Están encerrados en mi recámara, para que no entren con las patas enlodadas.

—Enséñales que deben limpiarse antes de pasar; los consientes demasiado.

—Porque son más fieles y nobles que otros que se dicen Homo Sapiens. Se largan y ni el rabo menean como despedida.

—Shaaale, mejor te llamó mañana, andas que ni tú te soportas; me voy a dormir y tú sigues pendejando en esta madrola. Descansa y luego me platicas cómo te fue. Besos y cuida a los ñiños.

—Te  mandan recuerdos y besos. Te extrañan. Pero a ti te vale. Aquí están los dos, sentados en la escalera: esperan que me vaya a dormir.

—Aquí también ha llovido mucho y hace frío, hasta los gatitos tienen frío, anoche estaban patas arriba por el calor que hizo. Yo estaba como ellos, tuve que ir a la tienda por un par de chelas para refrescarme.

—Para embriagarte con el pretexto del calor. No entiendes. Tu brujer te mandará a la chiflada.

—Eso quisieras. Nomás andas pensando qué maldición gitana me cae para derretirte de gusto. Mejor preparo la camita pa la meme. Me preocupo por ti y por los muchachos y siempre salgo calabaceado. Lo pensaré mejor antes de buscarte.

—Si tanto te preocupamos, cuando menos deposita algunos pesos. La situación está del carajo y tú todo te lo gastas con la golfa de tu brujer. Sabe que tienes hijos, que tenías responsabilidades.

—¿Ves? Así no dan ganas de ir a verlos. Descansa y disfruta las cobijas. No comas mucho porque subes de peso.

—Atenderé los consejos, para que vengas y compares. Carne de primera, no de segunda mano. Los chamacos están bien: todos sanos y comiendo, y no precisamente por tu generosidad. Como sea, sabes que te queremos, aquí tienes tu casa...

—Ah, mi mala costumbre de preguntar cómo están. A nuestra edad ya nada más hacemos panza, ¿qué no? Pura panza, aunque no comas.

—Pues dile a la mantenida esa que cuando menos te haga la comida. Yo ni panza tengo, me cuido. Tú tendrás pura panza y piernas flacas, como popocha. Yo solo tengo gordos los dedos grandes de mis pies. Siempre fueron así, ¿te acuerdas? Mi personalidad ha sobrevivido a mis dedos gordos: ¡cómo te burlabas de ellos cuando te miraban desde abajo! Estaban de mirones en nuestros actos más íntimos, decías que te sacaban de onda. Yo creo que te las tronabas y te ponías loquito del coco.

—Shaaaleee, alucinas, ¿estás peda? Procuraba verte el felpudo, no perder el tiempo con tus dedos gordos. Los heredaste de tu padre. No te los miraba porque se me bajaba la inspiración. ¿Quién quiere hacer el amor con los dedos gordos del suegro como testigos incómodos, de pilón con uñas enterradas?

—Jua jua jua: ya duérmete, que me muero de risa. Vas a despertar a tu brujer y hasta la compu te sorrajará en la cabezota. Yo aquí sigo: me cuesta trabajo dormir. Para qué te fuiste, si te la pasas a todas horas en el Feis conmigo. No entiendo a los hombres. Se quejan de una, nos comienzan a descubrir defectos, ponen mil y un pretextos para salir con todo y críos; quieren pasar como eternos solteros, jovenazos; pero el espejo se encarga de ponerlos en su lugar y les entra la angustia, la depre, quieren desquitarse con una, hasta que una lagartona les hace ojitos, les exprime la cartera y ahí van como bueyes al matadero.

—Ahí vienes de nuevo. No tienes llenadera para eso de soltar mala leche. Te regocijas madreando al prójimo. Quieres que pierda me autoestima, pero mira: cuernos, cuernototes. Ya no pienso en suicidarme, ya no me trueno los dedos cada día porque el salario no alcanza. Ahora me dedico tiempo y pienso mejor en ustedes.

—Nomás piensas, pero no vemos que actúes. Te volviste fodongo. Yo te cortaba las uñas de las patas, ora las debes traer como garras de guajolote. No tienes vergüenza.

—Mejor voyme a descansar. Sueña rico. Y quita las manos de ahí. Cochina. ¿Pones tu camarita de video?

—Ya vas con tus cochinadas. Eres un escuincle. ¿Pues qué nunca piensas crecer? Ya estás grandecito para andar con esas pendejadas. Reflexiona, piensa, cavila, ¿qué ganas con calentarte a lo pendejo? ¿Y con tu brujer a un lado, dormidota y con la baba escurriendo? Nunca madurarás. No sé cómo te soporté tanto tiempo, ni cómo se me ocurrió tener hijos contigo.

—Mira lo que hace una frase. Nomás dije: ¿Pones tu camarita de video? y te dejas ir con todo y a la garganta. Qué bueno que no estoy allá: mañana no podría ir a trabajar arañado, con moretones, mordisqueado y de pilón sin dormir. ¿Cómo te aguanté tanto tiempo? Se necesita estar loco. ¿Cómo es que la semana pasada sí encendiste la camarita, y ora nomás lo insinué y te pusiste brava?

—Porque la semana pasada los niños durmieron con mi mamá. Además, es cuando se me antoje, no cuando a ti te levantan la canasta y andas trasijado, hambreado. ¿Crees que una no se da cuenta? Creo que de pendeja nunca me bajaste. Toma en cuenta que una tiene necesidad de soltar vapor ai de vez en cuando, pero tú no tienes llenadera. ¡Despierta a la bruja esa, que te dé servicio, ¿qué ni para eso sirve?

—Besos. Me despido. Ya me cansé.

—Sale, te espero mañana. Con la camarita de video encendida, para que no chilles. Besos.

*Escritor. Cronista de "Neza"