CRÓNICA | POR GUADALUPE SÁNCHEZ, VÍCTOR SALVADOR CANALES Y RICARDO ALANÍS

El calor no fue lo único que hizo "arder" a NL

Futbol paraliza actividades en la entidad

La justa mundialista entre México y Camerún fue seguida por gran parte de la población, y también aprovechada tanto por comerciantes como por la clase política local.

Monterrey

Monterrey prácticamente se paralizó por el primer juego de México en el Mundial Brasil 2014. La fiebre futbolera contagió por igual hospitales, centros comerciales, bares, restaurantes y la mayoría de los hoteles, que instalaron pantallas gigantes en el área de alimentos.

El juego fue muy bien aprovechado por servidores públicos y políticos. En la Explanada de los Héroes, la Secretaría de Desarrollo Social colocó pantallas para disfrutar del encuentro de la Selección.

Cerca de 10 mil personas, según datos oficiales, asistieron a la Macroplaza, cuyo perímetro fue resguardado con varios filtros de seguridad, y donde el titular de Desarrollo Social, Federico Vargas, demostró de nueva cuenta sus dotes futbolísticas.

Durante el evento, los asistentes presenciaron de espectáculos musicales y participaron en rifa de balones oficiales, playeras de la Selección mexicana y de los equipos de Tigres de la UANL y de los Rayados del Monterrey.

No todo fue gozo y celebración. Bajo un calor de 40 grados, algunos de los asistentes se quejaron de hacer largas filas para poder conseguir una botella de agua, así como por la dificultad para hallar un lugar bajo la sombra. También hubo problemas de vialidad al término del partido, cuando las filas de camiones de que transportaron a cientos de asistentes trastocaron el tráfico en Zaragoza a la altura del Palacio de Gobierno.

En los restaurantes, mucha gente disfrutaba del encuentro, que en el primer tiempo fue de contrastes.

Los hoteles de mayor tradición iniciaron la venta de bebidas una hora antes, para estar a tono con el encuentro con Camerún.

En Sanborn’s, también de mucha tradición, por primera vez el clásico uniforme de las meseras fue transformado, al cambiar la blusa estilo Oaxaca, por la verde, playera de la selección. La barra del café lució sola, porque se llenó el restaurante, lo mismo que el bar El Jorongo.

Al final, el triunfo por la mínima diferencia, provocó la algarabía generalizada. Ahora la mira está puesta en el encuentro de la próxima semana.

FUGACES COINCIDENCIAS

Cerca de la plaza comercial Morelos, en el centro de Monterrey, Juan Manuel y Ernesto caminaban cada quien por su lado. En su vida se habían visto, pero coincidieron en acercarse a una modesta tienda de regalos, en la zona peatonal de la calle Galeana, pues el encargado instaló una pantalla de televisión de alta definición para ver el partido.

El lugar era casi perfecto: no les daba el sol, tenían frente a la pantalla una banca nuevecita recién instalada gracias a la remodelación de la zona, y el juego era gratis. No la pensaron dos veces.

No habían pasado ni 25 minutos del juego y se anuló el primer gol a México. Ernesto reprochó al árbitro. “No era fuera de lugar, se la bañó”. Juan Manuel le hizo segunda. “Ya empezaron con chingaderas y cosas raras, nos van a echar fuera”.

El juego siguió, la emoción también, y el segundo gol anulado llegó: “Ching…, otra vez;  qué te dije, compi, ya traen sus cosas raras, no quieren que México pase a la otra ronda”.

Sin querer surgió en ese momento una amistad momentánea mientras observaban el juego. Poco a poco, otros transeúntes hacían una pausa en el camino y se detenían ahí a ver el fútbol.

De pronto en el lugar había 10 personas. Nadie se conocía, pero los unía la verde. Todos querían ver triunfar a la Selección, todos con la esperanza, como si eso significara que el país se tornaría potencia económica.

Se escuchó el silbatazo que ponía fin al primer tiempo. Con ello, el grupo se desintegró.

Juan Manuel se fue por Galeana rumbo a Padre Mier y Ernesto se metió a una cafetería. No se despidieron. Seguramente no se volverán a ver.

Al iniciar el segundo tiempo, en un puesto de venta de cuarzos -que incluía lectura de la mano gratis- de una feria ubicada en los alrededores del Museo Metropolitano, los artesanos estaban atentos a la Selección.

Nadie quería comprar un cuarzo en ese momento, a menos que la lectura de la mano dijera que México ganaría.

El gol cayó. Los comerciantes no ocultaron su alegría por el 1-0, después de dos anotaciones anuladas. Quizá no habían logrado una sola venta ni lecturas de mano en toda la mañana, pero recibieron oxígeno puro con ese gol.