La calle es nuestra voz: artistas urbanos

La falta de espacios y el patrocinio son algunos de los desafíos que enfrentan.
Dazer Ramírez, frente a una de sus obras.
Dazer Ramírez, frente a una de sus obras. (Especial)

Monterrey

Exigencias de los patrocinadores, así como la falta de espacios y de material son algunas de las limitantes que enfrentan los artistas urbanos de la localidad, en especial para aquellos que crean piezas de gran tamaño, como murales.

Dazer Ramírez, artista callejero, expresó que cualquier trabajo en vía pública entra en el concepto de arte urbano, aunque también agregó algunos factores que lo complementan.

“Para poder catalogar un trabajo como arte callejero, primero sería que esté realizado en la calle, que tenga dominio de una disciplina o técnica artística en este caso pictórica y que esté deslindada de cualquier propaganda, ya sea política o religiosa”, explicó.

Sin embargo, a decir del artista callejero TDC, el aceptar aliarse con una institución que busca propaganda resulta ser complicado, pues se necesita presupuesto tanto para costear el material y para realizar los trámites correspondientes al préstamo de espacios.

“El problema de trabajar con patrocinadores es que siempre quieren la mayor proyección de su marca o producto pero invirtiendo lo mínimo, creo que hay formas de hacer branding bien cuidado y sin que el mural parezca camiseta de equipo de futbol”, compartió TDC, grafitero.

Ambos artistas callejeros coinciden que los auspiciadores pueden llegar a intervenir desde el tipo de material a utilizar, hasta en el mensaje que se pretende plasmar.

“Pienso que el patrocinio no debe interferir en ningún espacio de la composición artística, y que se debe mantener en los créditos del mural como la firma o los colaboradores”, argumentó Dazer.

Aunque el mural tenga los principales elementos, como una composición gráfica, desarrollo de una técnica y un mensaje, otro aspecto primordial y que pocos logran es la visibilidad.

Para los muralistas y grafiteros avenidas como Constitución, Morones Prieto y bardas del primer cuadro de la ciudad son espacios envidiados, por el alto flujo peatonal y vehicular.

En cuanto a la distribución de espacios también se da la censura, pues adquirir el permiso para pintar suele ser muy complicado, por lo que se recurre a hacerlo ilegal o simplemente no hacerlo. 

“Creo que a todo artista urbano que tenga un buen rato dedicándose a producir su trabajo en la calle le ha pasado eso, ya sea que le nieguen el espacio en una barda hasta ser tapados o borrados por los mismos dueños de la propiedad o por cualquier otra  persona”, explicó.

Por su parte, TDC relató cuando hace dos años le fue borrado un mural que creó en la avenida Garza Sada.

“Casi en la salida a la carretera, pintamos un puente completo, pero según recuerdo alguien importante vivía por ahí, no le gustó lo que pintamos y lo borraron a las semanas”, narró.

TDC concluyó en lo que para él representa expresarse al pintar grafiti o murales en vía pública.

“El arte urbano es una herramienta de sensibilización que está al alcance de toda la gente, pues nuestra obra puede tener un impacto muy grande sin necesidad de los filtros y la formalidad de un museo, porque la calle es nuestra voz”, puntualizó el grafitero.