"Más que estudiar, los niños se preocupan por sobrevivir"

El investigador Luis Antonio Lucio López, quien junto a la investigadora María Teresa Prieto escribió un libro sobre acoso escolar, comenta que ha aumentado el nivel de violencia.
Luis Antonio Lucio López, catedrático de la Facultad de Psicología de la UANL.
Luis Antonio Lucio López, catedrático de la Facultad de Psicología de la UANL. (Gustavo Mendoza Lemus)

Monterrey

Joaquín es un niño lápiz, como todos los demás que viven en Lapilandia, que día a día debe asistir a la escuela. Sin embargo, un día simplemente no quiso bajar del automóvil donde  sus padres lo llevaban a tomar clase. No quería ir a la escuela por temor a sus compañeros.

La historia, ambientada en un mundo fantástico, es el método por el cual los investigadores María Teresa Prieto Quezada y Luis Antonio Lucio López abordan el tema del acoso escolar, mediante el libro "Escuelas sin miedo. Guía para la prevención y detección del acoso escolar", editado por la Universidad de Guadalajara.

A través de un lenguaje sencillo y acompañado de ilustradores, los investigadores abordan el comienzo y desarrollo del llamado "bullying", así como posibles soluciones. Todo ello tomando como referencia la investigación que desde hace 15 años ha desarrollado sobre el tema.

Luis Lucio López, catedrático de la Facultad de Psicología de la UANL, platicó con MILENIO Monterrey sobre el problema del acoso escolar y de cómo el problema no sólo disminuye, sino que aumenta a nivel nacional.


El libro se titula "Escuelas sin miedo", ¿cómo se han convertido los planteles educativos donde se genera miedo en los estudiantes?

Es una aspiración que deseamos, tenemos el antecedente de un pequeño que se untó pegamento a su mano y se sujetó a la cama para no ir a la escuela. Eso refleja de una cierta manera una fobia por ir a la escuela.

Cuando un niño es golpeado en el ámbito escolar es la culminación de todo un fenómeno, que empieza muy velado con cierta discriminación, de exclusión, con el burlarse y convirtiéndose en cierto foco de afectación.

Hace 15 años inició con estos estudios, ¿cómo se veía el fenómeno del acoso escolar desde los académicos o educadores?
Hace 15 años hicimos un estudio en las escuelas preparatorias de la Universidad Autónoma de Nuevo León y el fenómeno no se conocía, había estudios que apenas iniciaban. Conocimos esos estudios, por ejemplo la maestra Teresa Prieto que los inició en el Occidente y nosotros en Monterrey. En ese entonces veíamos que cuatro de cada 100 alumnos eran agredidos físicamente, pero cuatro de cada 10 recibían otro tipo de violencia.

Los estudios más recientes nos dicen que el problema se sigue teniendo, el nivel de violencia física a nivel nacional se mantiene, no vemos que se reduzca, sino al contrario, tiende a crecer.

En el libro se menciona un término que es la “violencia invisible”, ¿cómo se genera? 
Hay un tipo de violencia que es estructural, que se genera desde la escuela o desde la familia, por ejemplo en una secundaria de aquí del centro cuando te piden que vayas con cierto corte de cabello y si no lo llevas así eres excluido; de alguna manera existe una especie de maltrato estructural, y más en la escuela, en los niños. Antes había muchos expulsados y ellos eran los que se desquitaban contra los alumnos o la misma escuela porque a ellos no se les dio la oportunidad, eso era en otros tiempos hoy se es más comprensiva la situación.

¿Qué elementos encuentra en la narrativa, en la historia que se cuenta en el libro?
El libro es una forma de intervenir ante el problema. Todos tenemos un sobrino, un nieto o un hijo que está siendo afectado y nos duele mucho no poder hacer nada. Un recurso o una herramienta para acercarnos al problema es la narrativa, porque a través de contar historias podemos dejar mensajes, se utiliza un tipo de la psicología para generar los mensajes a través de las historias de una manera eficiente. 

El problema es que normaliza la violencia, los profesores lo ven como algo normal y no debería ser así.

Por eso bajan las notas en los niños, porque en lugar de preocuparse por estudiar se preocupan por sobrevivir.