El bosque de arce ya es área protegida

Una reducida reserva de 150.4 ha de propiedad estatal tiene el reto de sobrevivir en un entorno de aprovechamientos forestales.
Es la quinta área protegida con legislación estatal
Es la quinta área protegida con legislación estatal (Cortesía)

Guadalajara

Jalisco ya cuenta con una quinta área protegida con legislación estatal. Es la más pequeña de todas, pero es tan importante, que siempre se trabajó un esquema de conservación de carácter federal sobre amplias superficies. Las buenas intenciones se toparon con la realidad: una fuerte resistencia de propietarios y ejidatarios a ver afectados los posibles usos de sus predios. De este modo, desde el pasado 30 de enero, el periódico oficial El Estado de Jalisco ha dado vida al parque estatal Bosque de Arce, de apenas 150.4 hectáreas.
“Este es un relicto, un sistema único, ancestral, en sus características evolutivas y del comportamiento del ecosistema vivo”, explica el director de protección ambiental de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Territorial (Semadet),  Antonio Ordorica Hermosillo. Refiere en particular el caso del arce de azúcar o maple (Acer saccharum subespecie skutchii), que es un árbol de distribución boreal que ha sobrevivido en escasas montañas de México y Centroamérica tras el retiro de los glacieras de la última era del hielo, hace casi diez mil años. Este arce sobrevive en medio de otras especies protegidas de origen templado o tropical. Es la característica que hace únicos a los bosques mesófilos de montaña, que además de ser los más altos reservorios de diversidad biológica terrestre en México, son “fábricas” de agua. La protección institucional se torna más necesaria si se considera que la distribución geográfica de estas florestas es mínima, y que presentan alto riesgo de desaparecer por el calentamiento global. 
“Es la primera vez que de forma específica se protege una especie, pero forma parte de un antecedente de más de quince años; no se logró esa iniciativa y ahora nos vamos únicamente protegiendo este espacio que es del gobierno del estado”, pues se adquirió vía compra a un costo de casi diez millones de pesos, como compensación por la apertura ilegal de carreteras en la costa de Jalisco por parte de la Administración de Francisco Ramírez Acuña (2001-2007). - ¿Por qué ha sido tan difícil proteger esto? El primer polígono era de 50 mil hectáreas, estas son apenas poco más de 150 ha…
- Bueno, ha sido ambicioso, pero está lo conflictivo de una zona de protección forestal; hay intereses legítimos de los poseedores y dueños del aprovechamiento forestal, y tradicionalmente se les ha visto a las áreas protegidas como en contra de esos aprovechamientos;  es algo que no es cierto, se tiene que compatibilizar el aprovechamiento de los recursos naturales con esquemas de conservación; yo creo que tuvieron falta de información de las ventajas que pueden obtener al estar dentro de áreas protegidas […] por eso arrancamos solamente de la propiedad del gobierno del estado, porque lo que seguiría es hacer un trabajo con colindantes, para buscar esquemas voluntarios de conservación, o áreas certificadas destinadas a la conservación con aprovechamientos sostenibles; para ir teniendo un buffer [zona tampón o de amortiguamiento que rodea al parque] más amplia que le dé viabilidad a este relicto. 
Ordorica Hermosillo destaca la dificultad de imponer usos al territorio, pero hacerlo sin consensos es contraproducente. “La conservación tiene que ser con la gente que vive adentro, que son los dueños y poseedores; debemos buscar esquemas de gobernanza, de corresponsabilidad, en el buen uso de los recursos, pero también de la gestión hacia el mantenimiento de los servicios ecosistémicos, que los dueños se sumen además a la toma de decisiones”.
Así ha comenzado la historia de la quinta reserva ecológica estatal, segunda de este gobierno.  Darle posibilidades de sobrevivir a ese arce de la era glaciar es la prueba más difícil que deberá afrontar.