ENTREVISTA | POR GUSTAVO MENDOZA LEMUS

Eulogio Moreno Bolero guitarrista

Al lustrador de calzado que diariamente trabaja en el cruce de 15 de Mayo y Juárez le gusta la música clásica, en especial los conciertos de Sebastian Bach para guitarra.

“Me gustaría un día tocar en un escenario”

Monterrey

El bolero tiene una guitarra en sus manos. Por esta mañana, los dedos aún no tienen grasa pero sí unas cuerdas de vinil que suenan mudas ante el intenso tráfico de 15 de Mayo y Juárez.

“Nomás no me vayas a preguntar cosas muy difíciles”, solicita Eulogio Moreno con su voz  algo apagada.

Además de ser bolero desde hace más de dos décadas, el hombre, de unos 42 años, gusta de la música clásica, y entre sus favoritas están los conciertos para guitarra de Sebastian Bach, así como las canciones tradicionales de México.

En la esquina de 15 de Mayo hay dos boleros, un dulcero, un puesto de hot dogs y uno más de fruta, aunque éste es intermitente, pues los vigilantes del municipio de Monterrey lo hostigan muy seguido.

Si bien es bolero de tiempo completo, Eulogio toca la guitarra y toma clases. Los martes y miércoles acude de ocho de la mañana hasta las 11:30 a sus clases particulares en la colonia Marialuisa con el maestro Luis Alonso Prado.

El maestro es quien le proporciona las partituras. Ahí empieza a nombrar autores: Lara, Wagner, Mozart o, Bach, que son las que ha estudiado en los últimos años.

Su gusto por la música, recuerda, lo trae desde su natal San Felipe Torres Mochas, Guanajuato. Ahí aprendió los primeros acordes gracias a un señor que tocaba el violín.

“Yo lo veía y un día me dijo que lo acompañara con la guitarra, y ya él me decía cuándo cambiar de tiempo, cómo se llamaban las notas”, comenta.

 

De la silla al escenario

La melodía de Fito Olivares “El colesterol” retumba en la esquina de Juárez y 15 de Mayo, entorpeciendo a unos metros la interpretación de Moreno.

Ahora no está sentado sobre el pequeño banco sino que se ha subido a la silla de bolear. Toma la guitarra e insiste en tocar “La Llorona” y una de Bach, aunque la mera verdad su guitarra poco se escucha ante el paso constante de los carros y camiones.

Después abre la gaveta de bolear y saca un legajo. Ahí cuida sus partituras, extrae una que se titula “March”, del compositor inglés Jeremiah Clarke (1659-1707). Con la hoja enfrente extrae las notas, va leyendo e interpretando al mismo tiempo. En esta ocasión, su música da un respiro de aire fresco al bullicio de la ciudad.

Eulogio Moreno llegó de 17 años a la ciudad, acompañando a un tío para visitar  a unos familiares y buscar trabajo. El familiar se fue y prometió regresar por él, y es fecha que espera su vuelta.

Con la necesidad tuvo que buscar un empleo y lo consiguió viendo a los boleros de la explanada de Colegio Civil. Viendo y preguntando aprendió el oficio que le ha dado el sustento y dos guitarras en su vida.

“Al principio empecé leyendo esos libros de guitarra fácil y pues, entre boleada y boleada, practicaba, pero ya hace seis años que voy a clases”, expresa.

Se dice amante de la llamada “música culta”. Por las noches en su vivienda de la colonia Independencia –dice vivir en la parte alta del cerro, en la zona de las escalinatas- practica escuchando de fondo la estación Opus de Radio Nuevo León.

Mientras toca la guitarra en su puesto de bolero pocos voltean a verlo. Es cuando posa para las fotografías donde las miradas de los paseantes lo atrapan de reojo. Las chicas de la Universidad Metropolitana no le pasan desapercibido, a este hombre soltero y que sólo se ha enamorado una vez en su vida.

 

¿Y no le tocas una canción a las chicas que pasan?

“No, ni lo voltean a ver a uno”.

 

¿No te has animado a hablarle a una?

“Tal vez debería, ¿no?”

Eulogio guarda las partituras y su guitarra la acomoda a un lado de la silla de bolear. Ha llegado un cliente y los dedos empiezan a sacudir el polvo del calzado y a llenarse grasa.

Agradece la entrevista, más porque se siente escuchado y porque alguien valora su gusto por la música. Los sueños ahí están, aguardando despertar de alguna de las seis cuerdas de vinil.

“Me gustaría un día tocar en un escenario, unas cinco o seis canciones nomás. Pero ahorita todavía no, tengo que estudiar mucho más”.