“Fuimos beneficiarios de la sangre de campesinos”

Ante un enorme dispositivo militar se dio un paso histórico en el trabajo agrícola para ejidatarios del estado.
Militares al cuidado del evento presidencial en el Valle del Mezquital.
Militares al cuidado del evento presidencial en el Valle del Mezquital. (Arturo González)

Alfajayucan

Un helicóptero de la Fuerza Aérea Mexicana sobrevuela los campos polvosos de Alfajayucan, la tierra árida ubicada en el Valle del Mezquital que apenas tiene algunos arbustos crecidos y, en ciertos tramos, pasto seco, por donde se sitúan estratégicamente elementos del Ejército que buscan “camuflajearse”, con sus uniformes con materiales y colores similares a los de la vegetación.

Armada también, la tropa a bordo de unidades castrenses se distribuye desde la entrada al municipio y durante todo el largo trayecto para llegar a la presa El Yathé; en diferentes tramos se acompaña de efectivos del Estado Mayor Presidencial.

El operativo de seguridad es fuerte, como pocas veces (o nunca) habrán visto los habitantes de esta región, en su mayoría herederos de raíces indígenas y de oficio campesinos: helicópteros que rondan el polígono, soldados que miran detrás de sus gafas negras o azuladas, dispositivos para detectar artículos metálicos, armas de fuego, y canes adiestrados para identificar posesión de enervantes y explosivos.

Justo a unos metros de la obra hidráulica, cuya longitud parece no tener fin a simple vista, más elementos, algunos vestidos de civiles, revisan a cada uno de los selectos invitados. Lo mismo pasan legisladores que integrantes del gabinete estatal, líderes priístas regionales, agricultores, ejidatarios, y sólo pocos ediles y diputados de extracción perredista u otros partidos.

Salvo algunas excepciones, todos son minuciosamente inspeccionados, hasta una banda de viento que debe desarmar sus instrumentos que, por cierto, no utilizó en el evento.

Tras pasar el filtro, una carpa fue instalada para la inauguración de la presa, que fue planeada desde hace más de 40 años, en la década de 1970.

A la izquierda, después de pasar el presidium, donde al centro se ubicará el presidente Enrique Peña Nieto y tras él dos capitanes del ejército, se encuentra la placa que develará y deja constancia que fue en su sexenio cuando se consumó este proyecto, por el que los campesinos de Valle del Mezquital hará faenas, sacarán piedra y dejarán todo su sudor en los canales que habrán de construirse, como minutos después afirmaría a nombre de sus compañeros el presidente del Distrito de Riego de Alfajayucan, Toribio Ramírez Martínez.

Él también agregará que sus hijos y sus nietos sabrán que la víspera del 20 de noviembre del 2013, a 103 años de la Revolución Mexicana, “fuimos beneficiarios de la sangre que derramaron miles de campesinos que murieron, por lo que hoy, usted, señor presidente; usted, señor director de la Conagua; y usted, señor gobernador, nos están entregando”.

Cuando arriba al lugar Enrique Peña Nieto, acompañado del secretario de Gobernación, el mandatario estatal y el comandante de la décimo octava zona militar, Javier Cruz Rivas, los selectos invitados se desviven en porras y vítores para el presidente, que sólo se llegan a contrarrestar, un poco, con los que van dirigidos a Miguel Osorio Chong.

Si el político mexiquense avanza, un diamante de seguridad le acompaña, discreto, casi oculto cuando se sube a una valla y saluda de mano a quienes le aclaman y se acercan para retratarse con sus teléfonos celulares. Pero los uniformados están justo detrás de él.

Ya en el evento, y después de haber develado la placa, sólo un grito, que surgió de alguien de los presentes, cambiaría con todo el protocolo y le daría un giro distinto a lo que parecía (y terminó por) ser una gran fiesta: “¡Nos falta la refinería!”.