Corazón, abrazos y besos para los bebés que se han ido

Decenas de personas se reúnen en el Parque Niños Héroes para recordar a sus bebés que fallecieron en el vientre o recién nacidos.

Monterrey

Parque Niños Héroes. 11:15. “Le detectaron hidrocefalia, pero era realmente un tumor cerebral inoperable, muy malo. Le habían quitado una parte. Cuando se lo detectaron, no se pudo hacer nada... luchó mucho. Cuando los doctores me decían que  era su último día, él decía que no, y pasaba otro día, otros 15 días… me sentía tan impotente, porque no se podía hacer nada. El niño falleció teniendo 11 meses de nacido; el 30 de octubre tendría un año 11 meses. Lo extrañamos demasiado”.

El estruendo de aplausos y lágrimas se hizo presente, y de inmediato, un segundo relato devastador.

“Padezco una enfermedad que hace que mi sangre no coagule, yo perdí tres bebés: el primero falleció a las 39 semanas dentro de mí, los otros dos bebés los perdí a las siete y cinco semanas; después de muchos estudios caros, me detectaron esa enfermedad que lamentablemente en México necesitas perder más de tres bebés para que te hagan esos estudios; la enfermedad provoca tanto la muerte fetal, la presión, el azúcar en el embarazo e incluso, que no te puedas embarazar…”

El llanto masivo no se detenía y la tercera historia desgarradora tampoco.

“Mi niña estaba bien gordita, bien hermosa, ella estuvo hospitalizada en la clínica 33 del IMSS; un día después de bañarla, no se fijaron y se les salió el tubo del respirador y mi hija tuvo un paro cardiorespiratorio; estuvo 10 minutos sin respirar en lo que la sacaron del paro, fue el primero de cinco que le dieron, ya no le funcionaba ningún órgano y finalmente ella se murió un 11 de diciembre a las 08:00 en punto y aún no hemos podido superar su partida y nos hace mucha falta”.

11:55 horas. 25 minutos después, la cuarta historia dejó helados y con el corazón partido a los ahí presentes.

“Lo querían sacar a fuerzas, todavía los doctores apachurraban mi vientre, pero él no quería salir, ya no se podía hacer nada por él, me decían que no me lo podía llevar por ser un feto, pero yo no hubiera podido sobrevivir si mi hijo se quedara ahí. Todavía le exigí que me lo enseñara y no me dejaron abrazarlo los doctores. Le di la bendición, lo persigné y le dije que lo amaba. Se portaron muy mal, muy groseros, con maldiciones, en la clínica 4 del IMSS y me dijeron que no fuera necia, que no me lo podía llevar porque era un feto”.

Parecerían relatos sacados de la ficción o de algún guión de cine, pero fueron experiencias dolorosas de la vida real, algunas de 26 que quebraron y abrumaron a quienes asistieron este domingo al Parque Niños Héroes, contadas por mamás que vivieron la irreparable pérdida de sus bebés durante el embarazo o al nacer, y que han intentado suplir el vacío en sus corazones con tesón y fortaleza.

Por cuarta ocasión, unas 70 padres, madres hermanos y abuelos se reunieron como cada octubre para dar un homenaje a los bebitos que les dejaron con el corazón partido, pero que no por haberse ido, dejan de ser sus hijos.

Los participantes llegaron de todo el estado y de Coahuila, e incluso una mamá de Uruguay que acudiría porque su esposo trabajaba en Estados Unidos y le quedaba de pasada hacer escala en Monterrey.

Son papás y mamás que perdieron a sus bebés recién nacidos, en el embarazo, en los primeros o últimos meses, por alguna enfermedad, negligencia o mal congénito.

“Cada año en el mes de octubre hacemos estas reuniones para dar amor, corazón, abrazos y besos que no les pudimos dar en vida, y que tengamos un poquito de paz, porque al momento de que nos dicen que nuestro hijo falleció no sabemos ni qué hacer”, señala Mariela Monjaraz, de la colonia Privada de Santa Mónica de Apodaca.

Las mamás y papás instalaron dos “nubes” de fomie color azul en la pared del edificio del Museo del Automóvil donde pegaron papeles con figuras de mariposa con el nombre del bebé fallecido, donde contaron las historias de cómo lo perdieron para desahogarse y ponían la fotografía de sus hijos.

Al finalizar la actividad, los participantes dejaron ir al cielo 103 globos de todos tamaños con mensajes de amor a su bebés impresos como una forma de dejar ir un poco el dolor y calmar un poco a su corazón.

“Seguimos siendo papás y mamás de ese bebé aun y cuando no está en nuestros brazos”, dijo Mariela.

Las historias siguieron partiendo el corazón…

“Mi hija nació con trasposición de los grandes vasos, venía malita de su corazón, lo detectaron en el séptimo mes del embarazo, pero no podían hacer nada y sólo esperaron a que naciera y que les fuera bien en la operación. Natalia murió nueve días después de que me la operaron... ahora está cumpliendo tres años y cinco meses de su partida. Todos los días la recordamos y vemos en su hermanita a nuestra primera hija”.

Otro caso más lo cuenta la señora Massiel, acompañada de su esposo Saúl.

“Mi bebé, a las 19 semanas decían que ya no tenía fluido y empecé con sangrado y me dijeron que no sobreviviría. Aún estaba vivo, me fui a Urgencias, y por ser tan pequeño me dijeron que no se podía hacer nada; me tuvieron que interrumpir el embarazo, a pesar de que aún vivía. Cuando él llegó, no me dejaron verlo; hoy debería haber llegado: el 26 de octubre tendría que haber estado aquí conmigo, hoy tendría que ser el mejor día de mi vida, y no lo fue, yo lo amo y siempre amaré a nuestro hijo”.