La destrucción de Analco, una oportunidad perdida

Los intereses políticos y económicos impidieron un ambicioso proyecto de restauración de espacios públicos, infraestructura y vivienda en la zona siniestrada.

Guadalajara

La devastación del barrio de Analco, como efecto de las explosiones del 22 de abril de 1992, generó un impacto urbano directo e indirecto de alrededor de 250 hectáreas, el más grande que se haya registrado en 475 años de la historia de la ciudad.

El gran tamaño del impacto, que partía del centro de la ciudad hacia su zona suroriente abría la oportunidad de restablecer bajo mejores condiciones ese espacio habitado. Pero las urgencias políticas y el juego de intereses se comieron la ocasión, admite el arquitecto Fabián Medina Ramos, autor de la propuesta de renovación.

25 años después, el urbanista platica con MILENIO JALISCO sobre estas oportunidades perdidas. La explosión del colector intermedio oriente abrió la oportunidad de pensar en un replanteamiento urbano ambicioso que recuperara el tejido social y mejorara sustancialmente el espacio público y la calidad constructiva de las viviendas. Pero la realidad política jugaba en contra: se buscaba dar vuelta de hoja con rapidez a la infausta página.

El especialista desentierra planos y nociones centrales del ejercicio, acicateado por el anuncio del Ayuntamiento de Guadalajara de intervenir el histórico asentamiento que ha acompañado, desde la otra orilla del río San Juan de Dios, como consorte oriental, la historia de la alguna vez ciudad española. Este antiguo pueblo de indios se convirtió en una de las señas de identidad popular más importantes de la creciente capital de Nueva Galicia, después Jalisco.

La premisa fundacional del trabajo: la histórica apertura de avenidas desde los años 50 en Guadalajara fue sin planeación alguna, que buscará resarcir los espacios hendidos para una pronta integración del paisaje urbano.

"Una rápida mirada retrospectiva a aquellas calles de Guadalajara que se han abierto para convertirlas en avenidas, nos hará ver que en todas ellas existen todavía terrenos baldíos y casas abandonadas", dijo en la presentación ante el patronato de reconstrucción. No obstante, el aserto aplica todavía en 2017, no sólo para Analco mismo: la avenida Federalismo, por ejemplo, es el caso vivo de una cicatriz que nunca terminó de sanar.

"Independientemente de las razones de fondo –especulación, apatía, aspectos legales- el hecho existe y representa un problema, que si lo aplicamos a la zona siniestrada del sector Reforma y consideramos que en este caso las obras de reconstrucción rebasan varias veces la longitud o la superficie afectada por cualquier otra avenida, nos daremos cuenta de que nos enfrentamos a una situación sin precedente en la ciudad, y que si a 20 años o más de la apertura de una calle no se ha logrado una reconstrucción a 100 por ciento; tratándose de las calles afectadas por las explosiones, la ciudad corre peligro de permanecer décadas con áreas despobladas, con lotificaciones ociosas que servirán como basureros, refugio de malvivientes, con gravísimas consecuencias para toda la zona en aspectos de seguridad pública, contaminación ambiental y deterioro de la vida cotidiana", añadía su presentación.

Tanto Analco como Quinta Velarde, La Candelaria y la Colonia Atlas, todas parte del siniestro de hace un cuarto de siglo, habían vivido ya procesos de deterioro crónicos por el crecimiento de la ciudad.

"En estos barrios han ocurrido dos circunstancias paradójicas que han propiciado un alto deterioro urbano: a partir de los años cincuenta, el establecimiento de la [antigua] central camionera atrae a sus cercanías gran cantidad de usos automotrices; talleres, refaccionarias, deshuesaderos de autos y grandes corralones para mantenimiento de autobuses que desplazan a las viviendas y sus moradores a otros rumbos".

Cuando se edifica, apenas unos años antes del desastre de abril de 1992, la nueva central, "los corralones son nuevamente desocupados, quedando sin uso, aumentando el deterioro que se extiende a toda el área en demérito de la vivienda que había subsistido y de los talleres que ven alejarse la fuente original de su trabajo" (sic).

Con el desastre, todo eso queda en evidencia. "hacinamiento en vecindades, falta de equipamiento urbano, baja calidad de construcción", apenas a diez minutos de la catedral metropolitana. Esto demandaba un rescate urbano de una magnitud jamás planteada, recuerda el arquitecto.

"Yo le presenté la propuesta al patronato, que encabezaba Gabriel Covarrubias; hablé varias veces con don Gabriel y me invitó un día a la presentación de los proyectos en público en Analco, pero yo noté que estaba manipulado; salieron varias gentes que se opusieron a cualquier tipo de renovación, y era muy claro que estaban ya adiestrados, para evitar el proyecto.

- Don Gabriel era un político experimentado, ¿no le habría convenido ponerse la cachucha de un gran renovador de la ciudad?
- Es que aquí, así como hubo muertos, heridos y perdedores, hubo ganadores; en la investigación surgió que muchas casas eran rentadas, y quienes eran los dueños de esas casas, viejos terratenientes de esta zona de la ciudad, fueron indemnizados. No había interés en renovar; primero les quitaron los inquilinos, les subieron las rentas por la plusvalía de las obras, y conservaron la propiedad.

- Sin embargo, habrían ganado más aún con el proyecto.
- Claro que sí, mejoraba la plusvalía. Pero no vieron más que en el corto plazo; esa es una de las características de las elites tapatías, no ver más que al corto plazo [...] es la idiosincracia de una ciudad.

Fabián Medina Ramos, uno de los arquitectos vivos de mayor trayectoria en Jalisco, recibió en octubre de 1992, en el marco de un congreso de urbanistas, en Córdoba, España, un pleno reconocimiento al proyecto por parte de lo más granado de los expertos europeos. "Me entregan un diploma que por ahí guardo, que fue como el pago de este gran esfuerzo, y ahí yo me ubico en la realidad que pasa en mi ciudad". Medina Ramos observa sus planos y sus diagramas cuidadosamente elaborados, y repone con un suspiro: "no hubo ambición para atreverse a hacer algo diferente, esto fue una oportunidad perdida".

Cifras

2 datos

250 hectáreas a intervenir, de las cuales, 50 ha fueron el polígono afectado por las explosiones y el resto, las zonas adyacentes que ya venían con fuertes procesos de degradación

En el pasado, las intervenciones más grandes fueron: 7 ha para plaza tapatía, 3 ha para la cruz de plazas, por citar dos casos famosos. No hay comparación

Claves

La propuesta

Convertir las calles siniestradas en áreas peatonales que se transformarán en paseos arbolados

Estacionamientos adyacentes

Rehabilitar el centro de Analco

Reubicar "usos nocivos"

Reconstruir las vecindades

Proteger fincas históricas

Proporcionar equipamiento cultural

Células urbanas: mezcla ordenada de comercio, trabajo y vivienda; redensificación de la zona; diferenciación según usos originales

Mayor importancia al peatón; conservación y reactivación de vida comunitaria; aumentar la seguridad pública

Renovación de la vivienda plurifamiliar; creación de áreas verdes; asociación de propietarios para proyectos.

SRN