Vigilancia en tren complica ayuda a migrantes

A raíz de que se cercaron las vías del ferrocarril, es más difícil ubicar a las personas en Torreón y ofrecerles un lugar de descanso o comida, señala el sacerdote Miguel Cervantes.
La desorganización de dónde bajan los migrantes del tren dificulta localizarlos.
La desorganización de dónde bajan los migrantes del tren dificulta localizarlos. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Desde antes de las nueve de la mañana, el grupo de voluntarias de la Casa del Migrante Jesús Torres Frayre, se preparan para una nueva jornada. El sueño americano quedó atrás hace mucho tiempo. Estas personas van ahora por el sueño de una vida digna para ellos y sus familias que los esperan en sus países de origen.

Hace más de cuatro años, el equipo que asiste en este espacio solidario, labora en pro de los migrantes.

El sacerdote Miguel Cervantes, de la Parroquia de Santa Cecilia de Las Julietas, informa que desde hace tres años están instalados en la casa que aún ocupan, en la calle Quintana Roo.

En este tiempo, se han ido saliendo algunas instituciones e integrando otras, como Cáritas, el Centro de Derechos Humanos Juan Gerardi, o la Universidad Iberoamericana.

En promedio son 280 migrantes por mes los que se atienden. Pero señalan las voluntarias, como Lili, que hay días que llegan 35, o días en que pueden llegar solo nueve, o menos.

Aproximadamente se han apoyado en tres años, a diez mil migrantes que van de paso por la ciudad

“Aquí llegan por accidente, porque la ruta que la mayoría sigue, es de Monterrey a Reynosa o de Saltillo a Nuevo Laredo. Llegar a Juárez les parece más lejos”, comenta el sacerdote.

Desde hace poco más de un año, se ha visto una cantidad mayor de migrantes que 'buscan un peso' en las calles para poder comer. Señala el sacerdote que esto fue a raíz de que se  cercaron las vías del ferrocarril, y ellos se tienen que bajar en otro lado.

Antes, era más fácil que fueran por ellos, e incluso se les llevaba alimento. Cabe recordar que era frecuente verlos en el puente de Cuauhtémoc y bulevar Laguna Sur.

“Les decíamos que si querían ir a la casa, pero era muy difícil. No todos querían ir, porque existe una gran desconfianza”, sin descartar que fueron víctimas del crimen organizado.

Muchos escapan de la pobreza, de la violencia, de trabajos mal pagados y la concentración de recursos en pocas manos.

El salario para un hondureño, puede ser de 40 pesos diarios, y al escuchar que allá en Estados Unidos pueden ganar 20 dólares por hora, se emocionan sin saber claramente lo que les espera.

Sin embargo, casi ninguno quiere regresar a su país, y cuando ven los mapas que están colgados en las paredes del Centro de Día, se motivan al ver que les falta 'poquito'.

De las mujeres que llegan a Torreón, el 5% del total de migrantes que atienden en este lugar, han llegado con algún maltrato sexual.

De un tiempo para acá, se han visto familias de migrantes, incluso con sus hijos pequeños

También ha llegado gente con muletas, amputados, lesionados, pero nada los detiene para  buscar algo más para sus vidas y sus seres queridos, con el deseo de mandar un ingreso para sus familias y salvarse de lugares en los que ya no pueden vislumbrar un futuro.

Con una reciente mudanza al nuevo edificio donado por diversas organizaciones y con gestiones de la Universidad Iberoamericana, el padre Miguel señaló las necesidades primordiales que tienen al momento.

“Primero equipar la casa con mobiliario, lo necesario. Estamos en la primera etapa, luego vamos a seguir construyendo más”, explicó.

“Aquí siempre les brindamos cariño, porque psicológicamente vienen adoloridos, y las voluntarias tienen un corazón muy grande para hablarles. Vienen muy lastimados, sensibles, desconfiados. Demasiado. Y luego ya cambian mucho”, señala el sacerdote.

Son imprescindibles, ropa interior y exterior, sobre todo de hombre y en buen estado, zapatos de preferencia tenis ya que les duran más y son más cómodos, instrumentos de higiene personal, como rastrillos, jabón y desodorante.

Medicamentos para enfermedades comunes, antiinflamatorios o un analgésico para el dolor de cabeza o el estómago, también son bien recibidos para aliviarlos.

Otra cosa importante, son artículos para sanar los pies, pues llegan ampollados de tanto y tanto caminar. Su ropa y zapatos con frecuencia se van a la basura por que quedan inservibles.

También los alimentos son algo que se requiere, así que reciben donativos en despensas o en cualquier artículo que pueda comerse.