A 22 años, la ZMG se hizo más insegura

Faltan instrumentos y políticas claras en la materia; la percepción social es escasa mientras la ciudad crece en zonas inadecuadas, según investigadores.

Guadalajara

Hoy es más inseguro vivir en Guadalajara de lo que era hace 22 años, cuando estalló el colector intermedio-oriente y voló un fragmento del sector Reforma, con 210 vidas. Tan sólo en accidentes automovilísticos, en 2014 las cifras equivalen a diez catástrofes similares por año, y pérdidas patrimoniales anuales por siete mil millones de pesos.

Pero en lo que de forma más silenciosa ha crecido el riesgo es en ciertos padecimientos crónicos que tienen causas en el ambiente de mala calidad que nutre a los tapatíos. Por ejemplo, alrededor de tres mil muertes al año derivan del aire contaminado, pero se pierde esa caracterización en las actas de defunción que no están diseñadas para construir de forma eficiente una estadística sobre el riesgo creciente de esta metrópoli.

Otro aspecto tiene que ver con la expansión desordenada de la ciudad. 50 por ciento del crecimiento urbano ha sido desde 1990 sobre zonas de riesgo, lo que significa que esos tapatíos enfrentan riesgos serios de padecer –en orden descendente- una inundación (hay 300 puntos en la urbe, contra 70 detectados en 1993, y pérdidas anuales por 600 millones de pesos), un deslizamiento de tierra (por edificar en pendientes montañesas), un hundimiento o agrietamiento (casas construidas sobre fallas), más allá del problema de una urbe extendida que obliga a transitar en vehículos particulares que aumentan el riesgo de accidentes, por no tenerse un servicio público de transporte amplio y eficiente.

En general, una demostración de que ni la sociedad ni el gobierno dan su peso real al riesgo es que el atlas en la materia no existe; hay apenas un documento relativamente oficial que utiliza la Unidad Estatal de Protección Civil, y en algunos sitios como el Instituto de Información Territorial se establecen algunos mapas de riesgos puntuales, pero “no tiene el tema la dimensión creciente que ha ido adquiriendo en los hechos”, advierte el investigador de la UdeG, Arturo Curiel Ballesteros.

“Cuando hay una cultura de riesgo, cuando la sociedad llega a ver menos aceptables los riesgos, y hay ciudades o países donde se te mueren dos personas, dos niños, y qué buscan, que no vuelva a suceder, reducirlo a uno; y aquí mueren niños como si estuviéramos en África, y esto es un problema porque no nos fijamos metas y aceptamos la parte de riesgo, pero no decimos: este niño ha muerto porque está expuesto a determinadas condiciones que tenemos que mejorar, y eso es parte de la cultura del riesgo […] aquí tenemos al ciudadano que acepta una cifra, que se murieron tantas gentes porque ya les tocaba morirse, que no analiza que esto es parte de un proceso en que la gente estuvo expuesta a una amenaza y no sabía que era vulnerable y por eso murió”, destaca el doctor en ciencias ambientales, fundador del Instituto de Medio Ambiente y Comunidades Humanas de la UdeG.

“Según las estadísticas de Jalisco, una persona que nace debería vivir más de 72 años, y yo he escuchado debates médicos aquí en Guadalajara, que discuten que eso se debe de ajustar, porque mucha gente ya no tiene la posibilidad de llegar a más de los 72 años; tenemos gente con cáncer a los 30 y tantos años, o gente que muere a los 40 por diversas causas […] hoy queda claro que la gente tiene más posibilidad de morir en forma accidental o de forma prematura, que en 1993, sin duda alguna; hay nuevos riesgos, dengue, calor, contaminación, problemas derivados de la mala nutrición”, pone en relieve.

Por su parte, Mario Silva, del Colectivo Ecologista de Jalisco, destaca que Guadalajara es “una ciudad paradójica, donde en 22 años los riesgos se han incrementado, se han hecho complejos, ciertamente hay mayor preocupación pública, pero no mucho más […] necesitamos aprender a comunicar el riesgo, sus causas;  hablar de los hábitos de la población,  de cómo comprar un trasporte, cómo comprar una casa, que se fije en el territorio que va a habitar, si tiene agua, si enfrenta riesgo de contaminación; perdemos la oportunidad de sacar de la preocupación genuina del ciudadano que está sufriendo los efectos en su salud y en su economía”, afirma.

Claves

Tres problemas

- Problema. La zona conurbada de Guadalajara tiene al menos 300 puntos de inundación; se trata del desastre más cotidiano cuyo costo patrimonial anual ha sido estimado en 600 millones de pesos según el SIAPA

- Respuesta. La ciudad sigue urbanizando arroyos y puntos bajos de cuenca, lo que aumenta vulnerabilidad, amenaza y riesgo de desastre

- Problema. De 2,700 muertes por accidentes, más de la mitad son accidentes viales, además de unos tres mil internos por heridas de leves a graves y daño patrimonial que un estudio del CEJ estima en siete mil millones de pesos anuales

- Respuesta. Crece la ciudad de forma desordenada y ensancha el espacio para el automóvil. Recientemente, programas como fotoinfracción y CURVA pretenden hacer frente con resultados inicialmente favorables

- Riesgo. Las emisiones a la atmósfera arrojan por año más de un tercio de días con mala calidad del aire y esto incide para que tres mil personas mueran, según estudios de la OMS

- Respuesta. La autoridad mantiene una red de monitoreo, pero no ha implementado una política pública integral que enfrente el problema de forma integral