Jalisco, al menos 600 mil analfabetas funcionales

Un dato clave en el persistente subdesarrollo regional y nacional: no saber leer y escribir bien es el obstáculo más formidable para una sociedad más próspera. Datos oficiales subestiman el problema
El vínculo entre alfabetización y desarrollo es indiscutible
El vínculo entre alfabetización y desarrollo es indiscutible (Especial )

Guadalajara

El vínculo entre alfabetización y desarrollo es indiscutible. Pero la verdadera alfabetización no es sólo haber aprendido a leer y escribir, sino hacerlo con la constancia y solidez necesaria para que esa técnica se traduzca en procesos de conocimiento integrales y cimiente acciones de desarrollo personal y económico.

En Jalisco, cerca de 600 mil personas, alrededor de 8 por ciento del total, en apenas un primer filtro (cumplir cuatro años de educación formal) no superan la prueba. Las naciones del llamado Primer Mundo tienen las más altas tasas de alfabetización. En América Latina, solamente Cuba tiene pleno alfabetismo.

José Narro Robles, hoy rector de la UNAM, y David Moctezuma Navarro, destacan en su estudio Analfabetismo en México, una deuda social: “es irrebatible que, más allá de las proporciones, en más de un siglo apenas hemos logrado disminuir nuestra cifra de analfabetos en cerca de 600 mil personas. El problema es todavía de mayor magnitud si consideramos que además de los analfabetos absolutos existen los llamados funcionales -personas que, cuando mucho, lograron acreditar hasta el segundo año de la educación primaria-. Algunas investigaciones muestran que si no se alcanza el equivalente al tercer grado de instrucción primaria, las capacidades de leer y escribir se pierden. Por ello, a los 5.4 millones de personas que no saben leer ni escribir habría que agregar los casi 3.4 millones -también mayores de 15 años- que sólo cursaron los dos primeros años de la instrucción primaria. Se trata, entonces, de 8.8 millones de mexicanos que, en realidad, son analfabetos”.

Si este número parece enorme “en plena época de la información y la comunicación, hay que decir que, en realidad, las estadísticas sobre analfabetismo tienden a subestimar la dimensión real del problema. Éste sería aún más severo desde el punto de vista cuantitativo si se adoptaran otros criterios, por ejemplo, los de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que consideran como personas no alfabetizadas a las que tienen 5 años o menos de educación formal. Ésta es la situación de los casi 10 millones de mexicanos mayores de 15 años que no concluyeron sus estudios de educación primaria”.

“El problema del analfabetismo en México no se reduce a los adultos mayores de 60 años y a los indígenas, es un síntoma de la falta de crecimiento del país, de la desigualdad creciente, de un modelo de progreso que favorece los indicadores macroeconómicos antes que el desarrollo humano. No se puede decir que la economía de México está en buena condición para el futuro cuando 5 millones 400 mil mexicanos mayores de 15 años no saben leer ni escribir, cuando 10 millones más son analfabetos funcionales porque no han terminado la primaria y cuando otros 16 millones no han acabado el nivel de secundaria”, agregan.

Los investigadores sociales e historiadores lo han acreditado al comparar países exitosos y países atrasados. Las primeras naciones que superaron el problema de modo masivo son ahora las más estables y económicamente más pujantes.

Economías como la del estado de Jalisco se han estancado, pero pasa con casi todo México, un nido de analfabetas funcionales. “Por donde quiera que se le vea, la cifra es enorme; con tanta gente que no sabe leer ni escribir no se puede hablar de una sociedad equitativa y justa. El analfabetismo es una muestra contundente de nuestro atraso en materia de desarrollo social”, rematan Narro y Navarro. (Ver en http://www.inegi.org.mx/eventos/2013/RDE_07/RDE_07_Art1.html).