El amor está en los parques

Sociourbanistas consideran que las áreas verdes no son sólo para transitar, sino que deben crear un ambiente digno para la convivencia social.

Monterrey

Más allá que simples funciones estéticas, funcionales o de vialidad, las políticas de desarrollo urbano de las ciudades juegan un papel fundamental en la manera en que las personas se relacionan y conviven, y desde ahí se crean "ciudades del amor" o bien, de algo distinto, coinciden expertos.

A propósito del Día de San Valentín, MILENIO Digital consultó con figuras relacionadas al urbanismo sobre la influencia que ejercen las ciudades en las relaciones de sus ciudadanos.

La activista Indira Kempis, que encabeza un proyecto para fomentar la convivencia entre ciudadanos, se remite al ejemplo más básico: París.

La gran pregunta, indica, es si las administraciones invierten o no en espacios que se vuelvan entrañables para los ciudadanos.

"¿Es fortuito que París sea la capital del amor? No, porque la gente camina, porque se huele, porque va y pone los pies en una fuente a la hora del almuerzo, porque anda en bicicleta... Por eso París es la ciudad del amor", expresa.

La activista señala que gran parte del concepto que se tiene sobre la capital francesa radica en el desarrollo urbano encaminado a la creación de espacios públicos que estimulan la convivencia y la interacción social.

Estas áreas que no son sólo para pasar, sino para estar y permitirse conocer a los demás, son los que también pretende crear el proyecto Laboratorio de Convivencia en Monterrey.

Por medio de esta iniciativa sociourbana se busca reactivar y gestar programas de interacción personal en espacios públicos, basándose en estándares internacionales que sostienen su prioridad en el bienestar social antes que en el desarrollo industrial.

"En una ciudad como Monterrey, donde los obreros salen desde las cinco de la mañana y regresan hasta las 10 de la noche a sus casas, pues es prioritario que haya más espacios en el tránsito, al llegar a casa, al salir de casa, pero que al final es todo un sistema integral", comenta.

Trabajar en una visión de esta naturaleza en una urbe como Monterrey conlleva un gran reto, pues no sólo se trata de formar políticas públicas que promuevan la instauración de lugares para la convivencia, sino de provocar un cambio en la mentalidad de los ciudadanos, es decir, no se trata sólo de construir espacios, sino contar con la estrategia para que la gente los use, explica.

EL AMOR EN LA TIERRA DEL RACISMO

Sin embargo, en el caso de Monterrey, un obstáculo se interpone en el tema de convivencia en espacios públicos: la discriminación.

Nuevo León se encuentra entre las entidades con mayor porcentaje de discriminación en el país, lo cual se da principalmente por clase socioeconómica, origen étnico y preferencias sexuales.

Resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México han revelado que una de cada seis personas es discriminada en el estado.

Además, estudios del Instituto Nacional de Estadística y Geografía estiman que más de 2 millones 642 mil 174 individuos son víctimas de este modo de exclusión social.

Por ejemplo, activistas y militantes del colectivo LGBTTTI han denunciado situaciones de segregación en la Plaza Hidalgo, en el centro de Monterrey, donde hoteleros aledaños piden a la Policía alejar a parejas homosexuales que frecuentan la zona por las tardes, bajo el argumento de que podría ahuyentar a los turistas.

En otras plazas como el Parque Fundidora o el Paseo Santa Lucía, se han reportado casos en los que las víctimas son incluso expulsadas de dichos lugares en contra de su voluntad.

De forma similar ocurre con individuos de origen indígena.

"No hace mucho escribí una columna de Vaya y use su espacio y pensé que todo el mundo iba a responder de usar su espacio, pero hubo una persona que me contestó: 'Yo iría a la Alameda si no hubiera indios allí'", refiere Kempis.

Hasta el 2011, Nuevo León se ubicaba como el estado del país con mayor índice de discriminación, según datos de la Conapred (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación).

PRIVATIZACIÓN URBANA

El urbanista Jorge Longoria puntualizó en la necesidad de crear edificaciones tomando de referencia una escala humana como en sus inicios fueron los Condominios Constitución, en los cuales Laboratorio de Convivencia trabaja para reactivar un espacio que fue pensado en generar la interacción cotidiana de sus habitantes.

"Hay una falla de parte de quienes administran el desarrollo social y urbano, pues pasan por alto este tipo de circunstancia, reman a contra corriente y pasos acelerados", indicó el director de la consultoría en desarrollo urbano Long Tree, refiriéndose a la reconstrucción de la ciudad por medio de más accesos viales que espacios peatonales.

Además, el arquitecto hizo referencia a un estudio realizado en Barcelona, donde se expone que la situación de seguridad pública no debe alterar la convivencia humana, pues se demostró que los márgenes de seguridad repliegan en otras áreas como expansión social.

En cuanto a esta situación, Longoria adelantó avances en proyectos como "Mercado de la Luz", espacio cultural diseñado para la expresión artística y venta de productos artesanales, dicha propuesta ha arrojado resultados favorecedores en desarrollo social.

Entre estos proyectos también existen colectivos que fomentan el uso de la bicicleta, sin embargo, la falta de adecuación en complejos viales aunado a la carente concientización en la utilización de medios alternativos para la transportación, impiden el progreso de las ciclopistas.

"Se tienen lotes baldíos con 500 metros cuadrados, en los cuales se podrían realizar parques bolsillo, estos permiten generar la convivencia dentro de un barrio con 2 o 4 cuadras a la redonda mediante la activación física y recreación", detalla Longoria.

Espacios similares a los descritos se están desarrollando en ciudades como Nueva York, donde se quitan esquinas en desuso para transformarlos en zonas vivas y lúdicas que incitan a la interacción.

Sin embargo, aquí aparece otra variante que frena la interacción entre los ciudadanos: el entorno lleno de desconfianza y hostilidad debido en gran medida a la crisis de inseguridad, que ha llevado a la sociedad regiomontana a protegerse por medio del aislamiento.

En cuanto al tema de la seguridad como impulsor de la segregación social, Longoria indicó que privatizar las calles no es la mejor práctica para la convivencia comunitaria, pues fomenta un clima de aversión entre vecinos o grupos sociales aledaños.

A este respecto, Indira Kempis asegura que la óptica debe ser opuesta a lo que se ha hecho: "aquí el sentido común es al revés: entre más inseguro esté un espacio, menos bardas, menos rejas, menos cámaras, menos armas incluso".