"El agua no sobra", claman desde Las tierras flacas

Nace frente para defender a Los Altos del trasvase de agua de El Zapotillo a León; diputada y alcalde prometen integrar a los políticos en la defensa de sus intereses.
1,200 personas se manifestaron en San Juan de Los Lagos
1,200 personas se manifestaron en San Juan de Los Lagos (Alejandra Torres)

Guadalajara

La Alianza Cívica Alteña por la Defensa del Agua tuvo ayer su presentación en sociedad: 1,200 manifestantes tomaron las calles de San Juan de los Lagos, uno de los principales centros regionales y sede de la diócesis católica local, para reclamar la cancelación del trasvase de agua desde la presa El Zapotillo, en las cañadas del río Verde, hacia la ciudad de León, Guanajuato, que forma parte de la cuenca del río Lerma.
En el corazón de Las tierras flacas (Agustín Yáñez dixit), esta demarcación que produce al día más de dos millones de litros de leche de bovino, atrajo peregrinos inusuales, cuyo destino no era el altar del segundo culto mariano más popular de México, sino las calles y la plaza cívica del poblado que ha establecido el segundo foco más tenaz de resistencia al megaproyecto El Zapotillo, tras los poblados amenazados con inundación en torno a Temacapulín, en el casi siempre olvidado municipio de Cañadas de Obregón.
Estudiantes de preparatoria, comerciantes, ganaderos y agricultores, académicos y líderes políticos recorrieron la calle de Benigno Romo con dirección a la plaza central, adornada con pósters del nuevo obispo, Jorge Alberto Cavazos Arizpe, quien –dada la influencia social profunda que conserva el clero en esta región antaño levantisca- asumirá mañana en medio de fuertes presiones de que la institución eclesiástica decante su liderazgo a favor de los intereses terrenales de sus feligreses, quienes no quieren, literalmente, que un solo tubo del acueducto de Abengoa ocupe espacio físico en la yerma meseta donde pastan sus vacas desde hace más de cuatro siglos.
Los cánticos estudiantiles retomaron viejas estrofas de activismo político o de barrismo futbolero, pero transformadas: “gota por gota, el agua se agota”; alteños unidos, jamás serán vencidos”; “no hay que dejar, no hay que dejar, que nuestra agua se la vayan a llevar”. El ganadero Luis Antonio de Alba, viejo periodista de San Juan, coordinaba la marcha desde un sonido rodante y en la plaza, bajo un sol despiadado, dio lectura al manifiesto.
“No estamos en contra de nuestras autoridades legítimamente constituidas, las elegimos para que nos sirvieran y nos protegieran […] no hay oposición contra la presa El Zapotillo si ésta permanece a 80 metros, si no inunda poblaciones y si el agua almacenada es para Los Altos y Guadalajara […] no provocamos ni queremos enfrentamientos estériles”, advirtió.
Sin embargo, “la pretensión de construir un acueducto para llevarse el agua de la presa el Zapotillo hasta el valle de León, Guanajuato es una arbitrariedad, una injusticia promovida por los que solo piensan en su ganancia económica, y no les importa atropellar los derechos ajenos, ni les interesa el bien común, que es para todos y para cada una de las personas, para los que viven en pueblos y ranchos de esta región Alteña, gente pacífica y productiva dedicada a la ganadería y a la agricultura”.
Es un proyecto que pasa por un bache, pese a que los guanajuatenses están seguros de que lo concretarán. “No podemos ser solidarios dejando que se lleven el agua que no tenemos, para ser vendida a un alto precio en León; de darse el atraco, es más el perjuicio que el beneficio para ellos”, aseveró.
En el acto, el presidente municipal de San Juan, Alejandro de Anda, se comprometió a generar una reunión para que los alcaldes de la meseta se sumen a la demanda de sus gobernados. Y la diputada Elena de Anda, del distrito III, aseguró que el Congreso de Jalisco asumirá un papel protagónico en la defensa de los intereses alteños.
Tras la macha, comenzaron telefonazos, comentarios, presiones desde oficinas públicas de Guadalajara y Guanajuato. Pero “nadie nos va a detener”, gritaron los peregrinos, que esta vez no visitaban a su Virgen y hacían política secular, sobre el insumo más preciado de su economía.