Pantallas y dispositivos roban sueño a adolescentes

El déficit en horas de dormir afecta la capacidad de memoria y concentración, el estado de ánimo y hasta el metabolismo.
Estudios de países extranjeros indican que hasta 40 por ciento de los adolescentes de 13 a 19 años duermen menos horas de las que requieren
Estudios de países extranjeros indican que hasta 40 por ciento de los adolescentes de 13 a 19 años duermen menos horas de las que requieren (Especial)

Guadalajara

Pegados a las pantallas de la computadora, la televisión y los dispositivos móviles como tabletas y teléfonos celulares, donde pueden conectarse indefinidamente a redes sociales y el mundo virtual, los adolescentes están robándole más horas a su tiempo de descanso. El déficit de sueño afecta a un número creciente de estudiantes y está repercutiendo en los salones de clase.

“Se quedan conectados hasta altas horas de la noche y al día siguiente el rendimiento no es el mismo porque están cansados, somnolientos. Esto afecta su capacidad de atención, concentración y memoria, y por tanto su proceso de aprendizaje”, señaló la coordinadora de Extensión del Departamento de Clínicas de Salud Mental del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS) de la Universidad de Guadalajara, Esther Rodríguez Durán.

Si bien no hay estadísticas certeras del alcance de este problema en México, existen estudios de universidades de Estados Unidos, España y otros países, que sirven como alerta: hasta 40 por ciento de los adolescentes de 13 a 19 años duerme menos horas de las que requiere su organismo por encontrarse en etapa de crecimiento. “Las horas robadas al sueño nunca se recuperan ni aunque se levanten tarde al día siguiente y el impacto de no dormir lo suficiente se va acumulando y trae repercusiones que no se ven de momento”, dijo.

En el plano emocional el déficit de sueño produce irritabilidad, malhumor y agudiza los sentimientos, explicó, de modo que los adolescentes perciben los problemas cotidianos con mayor intensidad, pueden ser menos tolerantes a las frustraciones y pérdidas, lo que los conduce a estados de tristeza, baja autoestima o hasta depresión. No sólo eso. También hay repercusiones a nivel físico.

“El propósito del sueño es que el cuerpo pueda restaurarse del desgaste que tuvo en el día… dormir menos de lo suficiente interfiere con sustancias hormonales involucradas en ése proceso, además hace más lento el metabolismo, se quema menos grasa, y por tanto hay una relación con el aumento de peso y la obesidad”, describió la entrevistada. Los adolescentes compensan la falta de energía comiendo.

De igual forma puede verse afectado su crecimiento. “Dejar de dormir ocasiona efectos equiparables a dejar de comer, pero generalmente no los vemos”, sostuvo la especialista adscrita al CUCS, quien durante tres décadas se desempeñó en los Gabinetes Psicológicos de la Secretaría de Educación Jalisco y estuvo a cargo de dar soporte a alumnos de escuelas secundarias públicas.

Rodríguez Durán observó que en los últimos años el déficit de sueño entre los adolescentes “ha crecido conforme hay más acceso a la tecnología”, tras afirmar que en la zona urbana está presente en planteles de todos los estratos  sociales. “Los alumnos podrán ir sin comer, pero sí tienen un celular para estar chateando”, acotó.

Si a este déficit de sueño se agrega que el biorritmo en la adolescencia es diferente –sus cerebros están más activos durante la noche- se explica el por qué los muchachos suelen ser ‘flojos’ para despertar por las mañanas. “Por su etapa de crecimiento, incluso necesitan dormir más que los adultos”, refirió la psicóloga.

Las horas que se necesitan para un sueño reparador varían según el individuo, pero en términos generales se coincide en que los adolescentes requieren un promedio de nueve horas, pero sacrifican hasta dos horas en promedio por estar chateando en redes sociales (un hábito que la psicóloga menciona puede ser adictivo y llega a suplir el contacto interpersonal, que es todo otro tema), navegando en internet, jugando o viendo videos. La noche les resulta propicia por una mayor privacidad, más libertad y la sensación de tener ‘más tiempo’.

Rodríguez apunta que los padres son permisivos porque suponen mal que el chico “ya está grande, tiene 14, 16, 18 años” y aconseja mantener hábitos saludables a la hora de dormir, que son buenos de adoptar a cualquier edad y resultan en beneficio de los adolescentes, que al despertar descansados se sentirán más sanos y plenos.

Claves

El déficit de sueño en la adolescencia

Afecta la capacidad de atención, memoria y aprendizaje

Produce falta de energía, cansancio y agotamiento mental

Interfiere con el metabolismo, se quema menos grasa y aumenta el apetito

Se presenta dolor de cabeza, irritabilidad, malhumor, alteraciones del estado de ánimo, tristeza, baja autoestima y depresión

El promedio de sueño que demandan los adolescentes es de 9 horas por la noche

Las horas de sueño perdidas en el desvelo no se recuperan ni levantándose tarde

Guía útil

Limitar el uso de pantallas y dispositivos móviles antes de dormir

Establecer horarios para acostarse y levantarse a la misma hora cada mañana

Hacer ejercicio regular y moderado. Evitar el ejercicio enérgico por la noche

Evitar comidas excesivas previas a la hora de acostarse

Disminuir el consumo de cafeína (la contienen refrescos y bebidas ‘energéticas’)

Reducir el consumo de alcohol cerca de la hora de dormir

Dejar de fumar

Propiciar una alimentación balanceada