De acuerdo a seminaristas, más de la mitad desertan por ceder a las tentaciones

El vicerrector del seminario, José Guadalupe Miranda Martínez, agregó que muchos de los que se postulan lo hacen para zafarse de su realidad o por la curiosidad de conocer la vida de ahí.
Hoy por hoy, en la Arquidiócesis de Guadalajara se tiene un sistema con varios filtros que permite de manera más eficaz seleccionar a los estudiantes.
Hoy por hoy, en la Arquidiócesis de Guadalajara se tiene un sistema con varios filtros que permite de manera más eficaz seleccionar a los estudiantes. (Patricía Ramírez)

Guadalajara

“Alguna vez pensé en salirme, porque bueno son tentaciones que te llegan, tienes como esa debilidad de decir ¿por qué no hacer una familia?  tener un trabajo y formar tu casa”, refirió Aldo Iván Arellano Vega, seminarista de 25 años de vida y con ocho de entrega a Dios. 

Son mil 351 alumnos del Seminario de Guadalajara que cambiaron las relaciones de pareja y la posibilidad de tener hijos, por crear historias de fe y sacrificio. Todos han vivido en carne propia la trampa de las tentaciones, dijo Arellano Vega en entrevista para MILENIO JALISCO al afirmar que esa es la prueba más difícil que pone el camino de la formación sacerdotal. 

“Es quizá lo más complicado pues claro que el diablillo siempre trata de meterse, de meter su cola en la vocación”, indicó.

Las tentaciones, apuntó, no solo son las que por apariencia podrían sonar sexuales, sino también las que trastocan a decenas de personas y que se conocen como pecados capitales. Contra todas ellas, aunque no parezca, los seminaristas tienen que luchar a diario. Frenarse para no comer ni beber demasiado (gula) y cumplir con sus tareas pese a las pocas o nada de ganas de hacerlo (pereza), son las que más tratan de engancharlos.

“Hay veces que uno no quiere levantarse ni salir de su cuarto, pero hay que hacerlo, aunque nos trate de ganar la flojera”, indicó.

Iván manifestó que más del 50 por ciento de los que ingresan a las filas del seminario salen por dejarse vencer de este tipo de situaciones, y aclaró que eso no los hace malas personas, al contrario, son pruebas que ayudan a definir a los que son idóneos al sacerdocio. Además, expuso con énfasis que el seminario no solo forma a religiosos, sino también a seres humanos con valores.

“Forma a cristianos comprometidos para que afuera den un mejor testimonio, hay muchos de los que entraron que vemos que ya están casados y vemos cómo la etapa del seminario les sirvió mucho”, detalló.

Arellano Vega dijo que a lo largo de los ocho años que ha estado en la institución se atreve a enumerar que de cada 100 que entran, menos de 41 culminan. 

Por su parte, Rogelio García Reyes, joven entregado al seminario desde hace 10 años, narró que ha estado tentado de desistir de su vocación en innumerables ocasiones debido a las presiones que se viven en el campo pastoral. Precisó que en cuestión de semanas los religiosos pueden vivir lo que otra persona experimenta en un año, por lo que aseguró que quienes terminan, es porque verdaderamente sienten que el llamado de Dios es su pasión más grande. 

“Algunos podrían pensar que nos la vivimos muy concha, pero la verdad es que el trabajo pastoral es muy desgastante, muchas veces uno piensa en desistir y decir pues ya no puedo, porque en un día puedes vivir de todo, desde que toca estar alegre cuando nace un bebé y cuando alguien mejora de salud, hasta que te toca estar triste cuando alguien pierde la vida y tienes que ser tú quien da consuelo”.

El vicerrector del seminario, José Guadalupe Miranda Martínez, agregó que muchos de los que llegan a postularse lo hacen para zafarse de su realidad o por la tentación de conocer más sobre la vida de ahí. La mayoría de ellos, expresó, se retira por su propio pie, sin embargo hay otros a los que los mismos sacerdotes, comentó, les piden reflexionar sobre su decisión. 

“Hay de todas las tendencias, hay muchachos que se incorporan con mucho entusiasmo y continúan o hay otros que pese a que entran con mucho entusiasmo se les baja, a veces a ellos uno les pide que se salgan. Uno sabe cuando los jóvenes no son idóneos para esto y con mucha claridad se les dice”, explicó.

Por otro lado, Miranda Martínez aseveró que de acuerdo al pedido que hizo el Papa Francisco en este año sobre examinar correctamente a los postulantes para evitar tener sacerdotes sin vocación, hoy por hoy en la Arquidiócesis de Guadalajara se tiene un sistema con varios filtros que permite de manera más eficaz seleccionar a los estudiantes. 

“Revisamos primero que verdaderamente sienta el llamado, luego el estudiante hace un preseminario en donde los seminaristas en familia lo acompañan durante el cambio de la vida ordinaria para ingresar al seminario, no es un proceso difícil pero sí es delicado para quienes lo están dirigiendo”, abundó luego de señalar que también se les realizan exámenes psicológicos. 

En octubre, el Santo Padre pidió a la Iglesia Católica analizar a detalle a los postulantes que se presentan, pues reconoció que diversas diócesis del mundo son presas del engaño de algunos obispos. Esto fue lo que mencionó en la Sala Clementina del Vaticano: 

“Examinar bien si aquél es del Señor, si aquel hombre es sano, equilibrado y capaz de renunciar a formar una familia para seguir a Jesús, ¡por favor! pensar bien en el pueblo de Dios. Necesitamos sacerdotes, pero faltan las vocaciones y nosotros obispos, tenemos la tentación de tomar sin discernimiento a los jóvenes que se presentan, ¡esto es un mal para la Iglesia!”. 

Seminario de Guadalajara

El Seminario de Guadalajara se integra por 52 sacerdotes que fungen como maestros de tiempo completo y mil 351 estudiantes divididos en 8 comunidades: Seminario Central, Seminario Mayor, Seminario Menor, Seminario de Secundaria y en los Seminarios Auxiliares al interior del estado: Totatiche, Ahualulco, Cuquío y La Barca

80% de los estudiantes ingresan entre los 12 y 18 años de edad

3% de la comunidad estudiantil tiene entre 50 y 60 años de edad