Viven en incertidumbre jurídica familiares de desaparecidos

Familiares de desaparecidos enfrentan problemas porque las instituciones no reconocen legalmente la muerte de sus seres queridos
Servicio Médico Forense de Torreón.
(Milenio Digital/Archivo)

Tijuana

"Ya es mucho tiempo. Es mucho penar ya... la verdad", asegura Elvira García, quien además del dolor de perder a su marido, víctima del crimen organizado, por cuestiones burocráticas ha tenido que cargar con deudas que acreedores se niegan a cancelar.

Ni ella ni sus dos hijos han podido sepultarlo y mucho menos llevarle flores porque el Servicio Médico Forense (Semefo) no les notificó sobre el hallazgo de su cuerpo y además lo enterraron en una fosa común, pero desconocen en cuál tumba; así que, al no haber un cadáver, tampoco hay acta de defunción.

Instituciones crediticias o incluso dependencias de gobierno no reconocen la declaración de muerte en el caso de desaparecidos, como ocurre con su esposo, Agustín Moreno, secuestrado en 2005 junto con su patrón.

"El proceso para tener una acta de defunción, que no existe un acta de defunción, era como de ocho a 10 años, y nosotros fuimos hasta Mexicali para hablar con la gente (el Congreso) y se redujo a dos años, pero a final de cuentas no nos servía porque es una presunción de muerte, no es válido para una hipotecaria...para las personas que tienen seguros que quisieran cobrar...tampoco es válido. Como yo también para cosas legales de mis hijos, que si se les vencieron las visas, tampoco", lamentó.

Su marido pidió un crédito para comprar una casa, pero tras su secuestro y homicidio el Infonavit se negó a cancelar la deuda, y para evitar un embargo, Elvira tuvo que encontrar el modo de pagar una cantidad de dinero que apenas alcanza con su salario y con el que también debe pagar los estudios de sus dos hijos adolescentes.

En 2012, Elvira y familiares de desaparecidos que viven una situación similar presentaron una iniciativa ciudadana para disminuir el tiempo para la declaración de ausencia y la presunción de muerte, la cual fue aprobada por la legislatura local anterior.

Una cosa es el papel y otra la realidad, afirma Elvira.

Pero una cosa es el papel y otra la realidad, afirma Elvira.

"Ha sido muy difícil porque aparte de quedarme sola, de que me quitaron a mi esposo y a mis hijos les quitaron a su papá...la responsabilidad es mía y ha sido muy pesado. Sí me gustaría mucho, pues, poder encontrarlo, darle cristiana sepultura y ya dejar de pagar mi casa y poder cerrar este círculo porque también ya son nueve años, ya es mucho tiempo, es mucho penar ya...la verdad", expresó.

Originalmente el Código Penal del estado exigía un lapso de tres años para reconocer la ausencia de una persona y seis para declarar su muerte, pero tras los cambios en la legislatura, el tiempo se redujo a uno y dos años, respectivamente.

El presidente de la asociación Unidos por los Desaparecidos de Baja California, Fernando Ocegueda, advierte que a pesar de conseguir la disminución en los tiempos, las familias deben conseguir los papeles a través de juicios que son costosos.

"Muchas de las personas que están requiriendo que se les haga el asunto legal de declaración de ausencia y presunción de muerte no han podido porque no tienen recursos para contratar un abogado particular. En el caso de Províctima, en ese tiempo la Comisión Nacional de Víctimas estaba asesorando porque no tienen carácter legal para representar a ninguna persona", explicó.

Ocegueda también explica que aquellas familias que iniciaron el proceso antes de las reformas no se verán beneficiadas, pues la ley no es retroactiva, por lo que deben comenzar con todos los trámites, que en algunos casos tenían años en los juzgados.

"Si una persona metió su declaración de ausencia a un abogado de oficio pues no va a proceder porque va a tener que iniciar un nuevo proceso", dijo.

El activista señala que han pasado meses desde que el Congreso aprobó la iniciativa que presentaron, pero a la fecha no se ha visto reflejado en resultados positivos para las familias de desaparecidos, que como en el caso de Elvira, buscan cerrar un círculo.