Viven fiestas según sus posibilidades

Durante los festejos navideños, familias celebraron sin escatimar, mientras que otras se conformaron con estar juntas.

León, Gto.

Todos disfrutan de la Navidad. Ricos y pobres sin importar la condición económica, cada uno vive estas fechas a su manera, de acuerdo a sus posibilidades.

La Navidad pareciera llegar en forma anticipada a las colonias residenciales de León. Aquí las casas son adornadas desde inicios del mes de noviembre y las familias parecieran competir entre ellas sobre cuál es la vivienda con más ornamentos de la temporada.

Hay luces, coronas, muñecos de nieve, Santa Clauses, nacimientos, todo en gigante, de acuerdo con la moda para este año.

Los regalos también comienzan a llegar desde antes, en las cartas de los jóvenes a Santa Claus nunca falta el automóvil último modelo que empezaron a buscar desde mediados del año, con tal de que la última versión estuviera en la puerta de la casa la mañana del 25 de diciembre.

En los centros comerciales se escuchan villancicos de Navidad, la música no oculta el sonido de las cajas registradoras, las tarjetas de crédito salen de las carteras una tras de otra, las filas de compradores dan la vuelta al interior de los locales, todos quieren el mejor regalo para sus seres queridos.

Arturo Espinoza, de 26 años, va a pedir un auto y un par de tenis, que quiere comprar desde hace una semana.

"Ya tengo mi carta y le voy a pedir a Santa Claus mi auto de agencia y unos tenis de marca que me encantaron desde la semana pasada que los vi", explicó.

Y es que todo este mes están en oferta cualquier artículo, y lo que no, puede pagarse hasta el próximo año.

Además, no faltaba la rifa de automóviles, televisores o electrodomésticos, lo cual resta culpabilidad a la compra, pues los clientes aseguran que se llevan las mejores ofertas del año.

EN LAS TIENDAS DEPARTAMENTALES

En el departamento de videojuegos, un padre de familia elegía regalos para su hijo de 13 años. Llevaba una carta a Santa Claus que su niño hizo en la computadora y agregó incluso imágenes de los artículos deseados para ayudar al hombre de rojo a elegir los regalos adecuados sinconfusiones.

El pequeño también incluyó una breve descripción del producto, para que Santa no haga el ridículo cuando pregunte por ellos a los vendedores.

En el mismo departamento, un matrimonio compra una consola X Box, con valor de ocho mil 500 pesos, que viene con un juego, pero la señora decide agregar otros dos juegos, que cuestan entre mil y mil 200 pesos, pues dice que, "¿Cómo va a tener solo un juego?, ¡Se va a aburrir muy rápido!".

Cynthia Gómez, de 21 años, cuenta que en su casa, ubicada en León Moderno, se acostumbra cenar desde pavo relleno hasta pierna de cerdo mechada con gravy de champiñones, claro que no falta la ensalada de papa, crema de espárragos, y por supuesto, un rico postre.

"Antes de cenar arrullamos al niño, le cantamos y luego lo acostamos y antes de ir a cenar vamos a la Iglesia a dar gracias por este año", contó Cynthia.

Su madre Guadalupe Salinas, dice que los regalos de Navidad aparecen en la mañana bajo el pino de su casa, pues "Santa" los deja mientras están con los abuelos.

Aquí no hay problema por el costo de la cena, la gente suele gastar de dos mil a cinco mil pesos, dependiendo del tamaño y de qué tan gourmet son los productos que contienen, y si la señora no tiene tiempo para cocinar, puede comprar el pavo ya relleno y listo para entrar al horno, aunque no por menos de dos mil pesos.

En el interior de los centros comerciales la temperatura es cálida y agradable, pero en el exterior se siente el frío en los huesos.

Afuera, envueltos con unos delgados suéteres y algún gorrito, hay niños de casas-hogar pidiendo un apoyo, la gente los observa y pone dinero en sus alcancías.

Estela Medina, de 60 años de edad, opina que, "Es tiempo de ayudar, todos los niños deben recibir un regalo en Navidad, aunque sea uno chiquito".

Ella, por su parte, le piensa comprar a su nieto, de seis años, el nuevo Playstation porque, "se ha portado muy bien y se lo merece". Por todas partes se observan personas cargando bolsas y más bolsas, hay sonrisas por doquier y hasta pareciera que la felicidad se encuentra en los paquetes, pues todos quieren llevar más y más.

En las tiendas departamentales, los maniquís tienen gorros de Santa Claus. Todo es verde y rojo, el espíritu navideño envuelve el lugar y lo hace un mundo aparte, donde se encuentran conocidos, se abrazan y conversan sobre cuántos regalos van a comprar, la cena, los familiares que vienen de fuera, las vacaciones, por lo pronto nadie recuerda los gastos, los impuestos, la política, todo eso queda pendiente hasta el próximo año, ahora los rostros sólo reflejan sueños y deseos de prosperidad.

FAMILIA DE BAJOS RECURSOS

Sin embargo, doña Juanita Crespo estaba segura de que en su casa no habría qué cenar esta Navidad. Su nieta, Lupita, no tendrá prisa por despertar la mañana del 25 de diciembre para correr a abrir los regalos, pues sabe que debajo del árbol no habría nada para ella.

Sólo una calle polvorienta separa a las colonias San Juan de Abajo. Algunas viviendas son de cartón y hule, otras de adobe y unas más de block, y en todas hay la incertidumbre porque no saben qué darán a sus hijos de cenar esta Navidad.

A sus 59 años, doña Juanita cuida a su nieta y trabaja haciendo el aseo en casas de colonias vecinas, pero se le terminó su dinero desde hace tiempo porque lo gastó en medicamentos para su esposo, por eso no podrá comprarle ni una muñeca usada a su nieta, menos un suéter que la proteja del frío.

La casa de doña Juanita es mitad de cartón y mitad de adobe, pero en cualquier cuarto el aire se cuela por los agujeros y la lluvia entra por la azotea. "Con el frío nos las hemos visto negras, pero si hace más como dicen, qué hacemos, nos tenemos que aguantar".

En esta Navidad, a doña Juanita le habría gustado tener dinero para darle algo de cenar a su familia. Sin embargo, su esposo José Romero trabaja en la obra como albañil y en los últimos días no ha encontrado quién lo contrate.

"Me gustaría que tuviera aunque sea unos 200 pesos para comprar de cenar y una muñeca a mi niña, pero ni para eso tengo, esta semana nos quedamos sin dinero y estoy haciendo rendir los frijoles y las tortillas esta semana, si no ya valimos", contó.

Lupita tiene ocho años de edad sufre de una discapacidad, no escucha y su madre la abandonó cuando se juntó con otro hombre el cual no quiso que la niña viviera con ellos.

Pero Lupita ya sabe que no recibirá ni un regalo está Navidad. "No vive con mi hija porque se juntó con un muchacho y no quise que la niña se quedara con ella para que no ande rodando por ahí, por eso vive conmigo".

En la Navidad del año pasado, en la casa de doña Juanita el dinero alcanzó para cenar unos tamales, "pero ahora ni para eso, con lo que gana José no nos alcanza", contó.

Así es como se vive la Navidad en diferentes clases sociales, colonias y familias, pero en todas, el sentimiento suele ser el mismo, sólo la condición económica marca la diferencia a la hora de festejar.

Ricos y pobres, cada quien tiene sus maneras, de acuerdo a sus posibilidades.