CRÓNICA | POR ALEJANDRO SUÁREZ

Viven su propio Buen Fin en mercado urbano

El Mercado Urbano, un lugar donde uno puede encontrar artesanías del más variado tipo; entrando, y medio perdido, tenemos a un puesto de refrescos y frituras, no del concepto de esta muestra, pero sí clásico de cualquier mercado o parque.

Pachuca

Como en todo mercado que se digne de serlo, la entrada cuenta con su montaña de guacales, la diferencia radica en que esto no es uno de esos lugares, sino un parque. En pleno Parque Hidalgo, una torre de estas cajas recibe al visitante que proviene de la avenida homónima al estado.

Todo este "escenario" es para señalar al Mercado Urbano, un lugar donde uno puede encontrar artesanías del más variado tipo; entrando, y medio perdido, tenemos a un puesto de refrescos y frituras, no del concepto de esta muestra, pero sí clásico de cualquier mercado o parque.


Pasando esa "normalidad" de puesto, ahora sí, una muestra artesanal. Para quienes traen hambre la mesa de la derecha es la opción: con donas y una ensalada picante de chinicuiles para llenar el vacío en el estómago, claro, la variación entre picante y dulce es clara.

No sólo de comida se alimenta el hombre, también de espíritu navideño. A un lado de la olla de barro con chinicuiles, muy adelantado a la época están las figuras decembrinas: pedazos de madera con figuras de Santa Claus en su trineo comandando a Rodolfo y sus compinches invita a soñar en la noche del 24 de diciembre.

"Pásele, pregunte, le doy precio sin compromiso", dice la encargada, una chica de tez blanca y ropa abrigadora. La gente pasa junto a ella, se le queda viendo a las otras figuras, en especial una esfera transparente con una muñeca en su interior, alrededor de la pequeña un villa navideña.

Después del vistazo, el joven, posible comprador, sigue de largo causando la decepción de la chica encargada quien regresa a su lugar en espera de otra persona para ofrecerle sus mercancías.

Pulseras, aretes, collares; uno pensaría que es lo normal en este tipo de tianguis callejeros. La novedad son las formas de artesanías sin igual (o al menos así las venden). "Ándele, cómprele algo a su novia para que sea su Buen Fin, no sea codo", suplica un vendedor a un chico que lleva de la mano a la que parece ser su novia.

"Oye amiga, convéncelo", vuelve a decir el comerciante, un chico veinteañero, con actitud pícara que le permite retar a quien pasa para logar una venta, la cual no logra en esta ocasión. "Será para la otra" parece decir el muchacho con su cara mientras busca a otra víctima.

Siguiendo adelante, la mercancía vuelve a cambiar: adornos de tela, bonitos para colgar en la sala dependiendo de fiesta: la Catrina para el próximo día de muertos, o la esposa de Santa Clos para el mes entrante.


Eso para los niños, para los adultos, bebidas calientes, vamos, alcohol para los brindis ahora que viene el maratón Guadalupe-Reyes. Desde los licores de manzana para ponerse en ambiente hasta el tequila para algo más serio.

Tal vez sea por pudor o porque no es hora para esas cosas, nadie les hace caso, dejando a los comerciantes con más sed de ventas que de su producto. Resulta curioso que a unos metros, como parte del Programa de Prevención del Delito y las Adiciones el ayuntamiento haya invitado a un DJ a tocar en el kiosco del parque, justo donde termina el mercado urbano.

En pleno Parque Hidalgo, una torre de estas cajas recibe al visitante que proviene de la avenida homónima al estado.